La inquietante sorpresa de despertarme sudando y con la respiración agitada, el corazón galopando y lágrimas en los ojos al revivir en un sueño aquel acoso en grupo que terminó tan mal y al que se puso fin hace casi dos años. No pensar nunca en ello y al mismo tiempo tenerlo enterrado tan solo a unos milímetros de mi consciencia. No querer darle importancia y sin embargo dejar que afecte a tantos pequeños detalles de mí día a día. Cada breve mención o referencia que se cruza en mi camino acarrea el mismo resultado: en el momento no me afecta, después creo que ni lo pienso y aún así un par de noches después el pavor se apodera de mi fase REM y me arranca por medio de gritos del mundo de las pesadillas a un mar de lágrimas, sudor, saliva, temblores y falta de oxígeno.
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10 mayo 2014
27 febrero 2014
Psicoanalízame, por favor
Fascinante esto de tener un blog. La red está llena de psicólogues y psicoanalistas wannabes con complejo de mesías que no tienen el menor reparo en mandarte sus análisis de pacotilla para con ello intentar salvarte de tu trágica situación y tu terrible error.
Parece una constante que si escribes sobre algo que no es la norma o desde una posición minoritaria/minorizada, esto será analizado por la mayoría de aquelles que lo leen como que tienes algún problema psicológico, y por tanto siempre habrá alguien liste para, en lugar de comentar sobre lo que has escrito, saltar en tu auxilio con un análisis completo de lo que cree que es tu personalidad, acompañado de una soga. Claro que la soga no es para sacarte de esa agua en la que creen que te estás hundiendo, sino para apretarte el cuello y tirar de ti con todas sus fuerzas e intentar volver a meterte en su norma.
Gracias, misioneres internautas, sin vosotres habría perdido completamente el rumbo.
24 enero 2014
Hijes sí o sí
Acompaño a un amigo a ver a un cardiólogo. En la consulta, el especialista da por supuesto por sentado que somos una pareja heterosexual y, por tanto, deseosa de reproducirnos. No hay ninguna pregunta sobre quién soy o por qué estoy allí. Sencillamente se entiende que si un cuerpo leído como hombre y otro cuerpo leído como mujer, ambes entendidos como de mediana edad, van juntes a un sitio con ese, no puede haber otra explicación que el ser una pareja monógama heterosexual y reproductiva.
La primera pregunta: "¿Tenéis hijes?" Reacción inmediata y cara de desagrado: "No". Pero no se acaba nunca ahí. Segunda pregunta ignorando la cara de desagrado: "¿Pensáis tener hijes?". Reacción simultánea: "¡¡¡No, por supuesto!!!", y cara de pero tú de qué vas más tono agresivo. Pues bien, ¿qué sucede a continuación? Que obviamente solo hay UNA respuesta a esa pregunta, y es SÍ. El médico sin inmutarse a continuación nos suelta un discurso de 10 minutos sobre las implicaciones que el motivo de la consulta puede tener cuando decidamos (no si decidimos) tener hijes, y por tanto, que nos ofrece un "servicio especial", una charla en la que aclarar todas nuestras dudas con un equipo especialista, y además varios servicios extraordinarios, gratuitos todos, para asegurarnos de que nuestres hijes no van a tener ese diagnóstico, y que por tanto deseemos tenerles. Volvemos a decir que no estamos interesades, ¿y tiene algún efecto? Pues no. El médico sigue como si no hubiera oído nada, nos entrega toda la información y la dicta también al historial.
Reproducción sí o sí. Hijes sí o sí. Por mucho que tú GRITES repitiendo que NO.
Me pregunto qué cara se le hubiera quedado si le respondo: "Pero oíga, qué dice, soy su hermana" o "Pues es que soy un hombre así que hijes por ese método dudo mucho que vayamos a tener". La próxima vez lo pruebo.
01 octubre 2013
Volviendo a las andadas
Definitivamente eso de intentar hacer mi aspecto más normativo no funcionaba porque, como explicaba aquí, ni puedo ni quiero cambiar todo lo que hace que la gente a mi alrededor reaccione de forma agresiva. Así que estoy volviendo a las andadas y, ahora que me está creciendo el pelo, ya empieza a verse un corte que muches definirían como anarcopunk y no sencillamente como un pelo muy corto. Con ello por supuesto el nivel de violencia dirigido hacia mí aumenta, pero sinceramente, considerando que no había desaparecido y seguía siendo tan constante, ¿para qué me voy a conformar con hacer algo que no deseo?
23 junio 2013
El cambio de look no cambia la reacción
Esta semana tenía algo muy importante que hacer en lo que tenía que tratar con personas desconocidas y con poder sobre mí. Para evitar reacciones tan agresivas como las que vivo tan a menudo, y después de unas cuantas vivencias en el último par de meses en las que he sufrido además de violencia verbal también inicios de violencia física simplemente por andar por la calle, tomé la decisión de cortarme el pelo y eliminar mi aspecto punk para ver si era eso lo que producía ese incremento del odio que circula a mi alrededor. Y sobre todo para protegerme en ese encuentro de esta semana e intentar evitar tratamientos que pudieran conllevar riesgos incontrolables y muchos más problemas que los que ya tengo.
Sin embargo, mi nuevo corte de pelo sigue sin poder esconder muchos de esos elementos que despiertan animosidad hacia mí. Sigo pareciendo queer, no performo mi género de la forma que se quiere. Sigo yendo acompañade de personas cuyas performatividades de género tampoco son leídas como adecuadas. Y mi deseo sigue siendo intuido como dirigido a personas no apropiadas. Por tanto creo que en la sociedad se me lee como "homosexual" y como "hipermasculina", cuando no se me lee como un -"hombre joven" con una perfomatividad de masculinidad insuficiente. Al mismo tiempo sigo sin poder esconder mi etnicidad minoritaria que sigue siendo igual de racializada, o incluso con este aspecto más convencional, todavía más porque a la gente le resulta más fácil poder leer mi supuesta biología. Mi acento tampoco esconde el hecho de no haber crecido hablando danés con lo que además de racismo y etnismo, la xenofobia florece en cuanto abro la boca. Mi estatus económico tampoco ha cambiado por un simple corte de pelo, con lo que mi pertenencia a la clase obrera pobre, que se entiende como carente de estudios y con un nivel intelectual inferior, sigue intacta. Ni mi edad ni mi cuerpo han cambiado al perder mi look punk con lo que mi tamaño poco convencional sigue recibiendo un tratamiento diferente. Y un largo etcétera.

Llevo casi una semana con este nuevo estilo, y si bien es cierto que no recibo tantas miradas hostiles por la calle, sigo recibiéndolas sin duda. También palabras. Y en cuanto a lo que tenía que hacer que provocó el corte, no fue bien. Al contrario. Fue un desastre y el tratamiento que recibí fue claramente discriminatorio a un nivel que incluso puso mi vida en riesgo. Así que aunque es verdad que no puedo saber cómo se hubieran comportado conmigo si hubiera llegado con mi estilo punk en lugar de con este estilo más fácil de leer, sé que su aversión tampoco hubiera cambiado mucho. El tratamiento que recibí fue tan terrible que arruinó e invalidó eso que tenía que hacer. Con lo que al fin y al cabo casi creo que hubiera dado igual que hubiera otro punto más por el que odiarme que los que aparentemente ya estaban presentes. El cambio de look tal vez mejoró mínimamente la reacción, pero como en general fue tan claramente negativa, agresiva y peligrosa, tampoco sé valorar si tuvo algún efecto real. Lo que sí que sé valorar es que en momentos como ese la opresión que vivo es muy peligrosa y que a veces está tan cerca de costarme seguir viviendo. Y tener conciencia de ello y ver que no es posible evitarlo es algo muy duro para la cabeza de cualquiera. Me ha llevado horas de llanto amargo sobreponerme a la violencia de esta semana.
12 junio 2013
Soy horrible
Las 5.30 de la mañana. Metro de camino a mi trabajo. Cuando me voy a sentar, la persona que ocupa el otro asiento se agranda para evitar que me siente a su lado. Ignoro el lenguaje corporal, me siento y leo un periódico gratuito que he cogido por el camino. En danés. Dato relevante porque la persona que tengo al lado resulta ir acompañada de la persona que tengo delante y ambes hablan español. Pasa un rato en el que están hablando de sus cosas y yo leyendo mi periódico. De repente ella le dice a él "¿Has visto ESTO que tengo lado?". El hombre parece no entender. La mujer lo repite con más euforia. "¡Esto, esto aquí!". El hombre mira en todas direcciones visiblemente confuso. Y ella empieza a explicarse "Esto, horrible, no me gusta nada, una monstruosidad, horrible. ¿No has visto que lleva la cabeza rapada, monstruosa, horrible?". Claro, con esto por fin tanto el hombre que tengo delante como yo entendemos a lo que se refiere. Aparentemente a la individua no le gusta mi pelo y no sabe identificar mi género. Y aparentemente cree que se puede permitir el lujo de ponerme a parir delante de mi cara porque cree que hablo danés. Solamente.
Con toda la calma del mundo, levanto la vista del periódico, la miro a los ojos y le digo en mi español de España "¿Ah, sí? ¿Te parece?". La cara de sorpresa, los ojos como platos, la mandíbula colgando y el rubor en la piel por supuesto dignos de un cómic. "Sí", balbucea... "lo siento". Y el silencio absoluto se apodera de ella y no vuelve a abrir la boca en lo que queda de viaje. Ni él tampoco, que solo mira al suelo.
Esta vivencia un poco cómica en realidad es solo la muestra clara de la actitud que siento que despierto de forma constante cuando me muevo por la ciudad. En este caso, la reacción era la misma lo que pasa es que fue expresada con palabras, porque la persona de turno se sintió protegida, erróneamente, en su idioma no mayoritario. En otras ocasiones me sucede al revés. Si alguien me escucha hablando español o inglés a veces cree que no hablo danés y comenta sobre mí de forma abierta en mi cara. Por supuesto, siempre de forma tan desagradable.
Lo más interesante es que mi forma de romperle los esquemas a la gente no es tan brutal como cabría esperar del tipo de reacciones que recibo de forma constante. Tan solo tengo un aspecto un poco menos normativo que la mayoría, pero todavía muy lejos de lo que deseo llegar a alcanzar. Mi perfomatividad de género no es tan confusa como quisiera. Mi cuerpo es leído por lo general de forma bastante unívoca. Los pocos detalles que lo diferencian no son tan visibles de lejos. Mi ropa, por motivos económicos, todavía sigue siendo bastante estándar. Y mi pelo es un poco punk, pero vamos, nada comparado con lo que podría ser. Pero, curiosamente, esos pocos elementos unidos a la lectura de mi raza y/o etnicidad como extraños, crean una hostilidad que no es casi nunca invisible y que en ocasiones es violenta. Como cuando me empujan por la espalda o me gritan.
Horrible. Soy horrible. Porque la sociedad no puede aceptar nada que se aleje mínimamente de la norma.
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