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No lleva carne


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Debe de ser que los pollos crecen en los árboles o tienen raíces. Y lo mismo pasa con los cerdos. Le preguntas al camarero si el plato lleva carne y te contesta clara y contundentemente que no. Lo pides y cuando llega a tu mesa está lleno de trozos de pollo. Te quejas y te dicen que no tiene carne, solo pollo. O si tienes mala suerte y los trozos no son visibles, empiezas a comértelo y notas ese bello aroma a bacon. Preguntas, oye, ¿pero esto no lleva bacon?, y te contestan, bueno, solo un trocito para darle sabor

El respeto a los vegetarianos es cero en la mayor parte de los sitios. De hecho, me dice la cocinera: No, no cojas de eso que es para la persona con alergia y tú al fin y al cabo te puedes comer lo demás, no te pasa nada por comer carne un día. 

Y es que esto es como todo. Si no eres parte de la mayoría, no se te respeta.







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Yo no quiero follar con cualquiera


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Me encanta el sexo. Pero yo no quiero tener sexo con cualquiera en todo momento y tampoco independientemente de la situación en la que suceda y del precio que me cueste. Al contrario. Creo que soy muy exigente, tanto con las personas con las que deseo follar, como con las circunstancias en las que sucede. 

Y es que, bella mía, no creo que el sexo sea la cura a mi ansiedad ni la solución mística a los problemas de mi vida. Tampoco creo que su efecto de trance dure más allá de los minutos en los que se está follando. Y por tanto, no lo veo como la gran respuesta única a la infelicidad. Ni como la forma eficaz de dejar de pensar, porque mis líos mentales volverían tras los polvos y, si estuviera follando todo el día, entonces tampoco me funcionaría porque no podría concentrarme solo en el sexo y olvidar el resto durante horas sin fin. El sexo es sexo, y está muy bien. Pero ni quiero que sea con cualquiera ni quiero que sea todo el tiempo ni quiero que sustituya a todo lo demás en mi vida. Así que deja de intentar provocarme para que sea así solo porque tú usas el sexo como narcótico con el que apagar tu conciencia. A mí en realidad me hace más feliz disfrutar del sexo con conciencia, disfrutarlo con la gente que yo elijo, disfrutarlo en los momentos en los que me apetece y hacerlo del modo en el que me hace disfrutar de la vida en lugar de hipnotizarme para no sentir que vivo. Lo que tu desesperación te lleve a hacer, es cosa tuya. Pero dame espacio para ser como yo deseo ser.

Por otra parte, tampoco creo que me convierta en más liberada o me haga más cool por tener sexo con mucha gente o sexo muy diferente. No voy a ser más queer por follar con alguien solo por mostrar mi queerness. No soy menos monógama o más postmoderna por probar a llevarme uno tras otro a todos los machos que bailan en la pista del bar. No soy más sexy ni más atractiva por conseguir que alguien me devuelva un flirteo después de probar con la mitad de las muchachas en la barra del bar. No soy más libre por no hacerle asco a nadie si en realidad no sé lo que quiero o, peor todavía, si sé que no quiero estar con ninguna de esas personas. Por tanto, no proyectes tus inseguridades, tus necesidades y tus miedos en mí. Yo no tengo ni que demostrarte a ti ni que demostrarle a nadie mi liberación sexual. Y en realidad, con todo lo que haces, a mí no me demuestras otra cosa que tu confusión y tus prejuicios.







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No reconoces que te molestó


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Aunque entiendo que lo haces por no parecer celosa y por no mostrar algo que no quieres mostrar, sinceramente creo que sería mejor para ambas si fueras capaz de decir que determinadas situaciones te molestan o que te hacen sentir insegura o fuera de lugar o que no sabes muy bien cómo afrontarlas. Y en realidad no es sorprendente. En todas las relaciones que has tenido hasta ahora, los celos han sido una constante, tanto para ti como para las personas con las que estabas. De hecho, te he escuchado muchas veces a lo largo de los años, y también ahora en los últimos meses, mostrarlos de forma más o menos abierta. Sin embargo, conmigo no quieres hacerlo y aunque entiendo el motivo, no entiendo que creas que lo consigues ni tampoco que creas que es mejor fingir que ser sincera.

Dos veces he vivido últimamente lo que ahora interpreto como la misma reacción. Y no me había dado cuenta de ello hasta hace unos días analizándolo en mi casa. Primero en el Orgullo. No te gustó encontrarme con compañía que parecía interesarme sexualmente. Y sin explicar el motivo montaste un escándalo basándolo en otra cosa y acabamos mal esa noche, sin ir a la fiesta juntas, sin pasarlo bien. Entonces aunque lo pensé, que tal vez te molestabas por verme flirteando con otra persona, no le di demasiada importancia y no me lo tomé como la razón oculta.

Después en el festival. Vimos una peli juntas y al salir estaba un/a de mis ex dates con quien me apetecía charlar y a el/la aparentemente también conmigo. Y tú rápidamente encontraste compañía... casualmente con la misma con la que yo hablaba en el Orgullo. Disfruté de la noche y me sentí muy bien, estando contigo y al mismo tiempo sintiéndome libre y viendo que te sentías libre para tontear y hacer lo que te daba la gana con cualquier otra persona. Sin embargo al día siguiente llegaste extraña a nuestro encuentro, y te comportaste de forma extraña el resto de la noche. En algún momento comentaste que yo conozco a mucha gente y que te dejo sola y eso no mola. Pero yo en realidad no hago normalmente eso, y desde luego si lo hago es menos que tú. Lo que pasa es que lo había hecho el día anterior con alguien que me gustaba. Y creo que es eso lo que te puso así de extraña. 

De hecho, te lo sugerí y lo rechazaste inmediatamente, pero creo que deberías analizar todo esto con más tranquilidad, porque creo que las cosas no son tan sencillas como parecen. Y tú, que siempre has vivido de un modo, no has cambiado tanto tu forma de actuar y sentir como intentas mostrarme a mí.







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Si mi descaro te asusta


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Si mi descaro o lo directo de mis preguntas, propuestas o acciones te asusta, sinceramente es algo que tú tienes que superar si deseas estar cerca de mí. Ya sabes cómo soy y cuáles son mis principios en este tema. No quiero jugar a ese juego de indiferencia intermitente. No voy a hacerlo. Si me apetece acercarme, te lo voy a mostrar. Si me apetece alejarme, lo vas a notar. Cuando sienta amor, lo escucharás, lo sentirás, lo verás. Cuando sienta frialdad o no sienta nada, también te lo haré saber. Mi alegría, mi dolor, mi deseo, mi miedo, mis expectativas... lo que sea, no voy a ocultarlo. Si me pareces adorable, te adoraré. Si me pareces horrible, me horrorizarás. No quiero máscaras, ¿recuerdas? Y sigue siendo así. Sigo siendo así.







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¿1 regalo?


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Te pregunto la cantidad de regalos que has comprado por persona y dices que 1. Y luego al empaquetarlos sacas 3 libros por persona y dices que es un regalo para cada uno. No son una trilogía, no tienen ninguna relación. Son 3 puñeteros libros, no 1. Así que no me mientas con algo tan estúpido como esto, porque no quiero mentiras en mi vida y lo sabes.







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Pero dímelo


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De verdad que a veces no entiendo por qué eres así. Dime que no. Dime que vas a estar con él. Dime que no quieres. Dime lo que sea. Pero dímelo.







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Parezco más joven


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Me he cortado el pelo y dicen que parezco más joven. ¿Cómo es eso posible? Se debe, claro está, al estilo de mi corte de pelo. Aparentemente alguien casi en los 40 no puede llevar el pelo con este corte mío, así que por narices tengo que ser más joven. Y lo más curioso es que por una vez no es solo algo que dicen, porque desde que me he cortado el pelo se me han acercado varios jovencitos a intentar ligar conmigo. Jovencitos de algo como 16 años. Con lo que definitivamente debo parecer de otra generación... Hay que ver lo que hace tener un estilo no normativo.







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1500 entradas


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WOW! Parece increíble, pero este blog ya tiene 1500 entradas publicadas, más de 6000 comentarios aquí, cientos en Facebook y una infinidad de referencias en la red. Cuando lo inicié jamás imaginé que fuera a ocupar tantísimo espacio en mi existencia, a cambiar tantas cosas en ella y a tomar su propia vida y crecer mucho más allá de lo que yo hago.







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Tanto miedo, pero tanto, tanto miedo… ¿Para qué?


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"Tanto miedo, pero tanto, tanto miedo… ¿Para qué?". Eso me pregunto yo. Pero todavía más por qué y a qué. Aparentemente no te das cuenta. O tal vez sí y quieres que sea yo quien no se da cuenta. Sigues sintiendo ese miedo. Y yo lo veo. Yo lo siento. Yo lo escucho. Está ahí palpable y visible. Brilla y deslumbra tanto que apenas se puede ver lo que hay detrás de él. Todavía, aunque lo creas o no lo entiendas, no te has liberado. No has salido de los corsés de la cultura y el prejuicio. Todavía estás dando vueltas con desasosiego en tu jaula detrás de las barras sin atreverte a empujar esa puerta entreabierta. Vivir tras las rejas con paz interior es posible para quien no ve la ranura de la puerta y entreve el otro lado. Pero no para ti. Ya no. ¿A qué esperas entonces? ¿A qué tienes tanto miedo? ¿Y por qué? ¿Qué consigues con quedarte en tu armario si tampoco te da paz interior?







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Alemán


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Después de muchos años sin contacto con el idioma de los germanos, parece que últimamente en mi vida vuelve a resurgir por todas partes. Como siempre que lo hace es con algo que para mí es muy positivo, siento un enorme cariño por esa lengua.

La primera vez que me acerqué a este idioma era adolescente y estaba enamoradísima de una chica aunque no lo sabía por entonces. No, no de una alemana, como se podría esperar, sino de una española que estudiaba alemán. Para poder pasar más tiempo con ella, especialmente para poder volver de las clases con ella a solas, me apunté a un curso intensivo durante el verano para alcanzar su nivel y así cuando regresó de sus vacaciones pasamos todo el curso estudiando alemán... y por tanto juntas 3 tardes cada semana, que para mí eran mis momentos más preciados. 

Después dejamos de estudiar juntas pero yo seguí con el alemán porque me ayudaba a disfrutar de algo que me volvía loca por entonces: la filosofía. Pero cuando mi interés giró hacia otras áreas aparqué también el idioma.

Desde entonces, aunque muchas veces he pensado en volver a estudiar alemán, nunca he vuelto a hacerlo. Sin embargo, cada vez que me veo en la obligación de utilizarlo tiene que ver con algo que me resulta agradable como un viaje a algún país germanohablante o de Europa del Este, la visión de alguna película alemana (que por lo general me parecen muy interesantes) o el estudio de la cultura japonesa a través de una profesora alemana.

Tanto es el cariño que tengo por esta lengua que desde un par de años he estado estudiando la posibilidad de mudarme a Berlín, ciudad que me fascina, y tomármelo de una vez por todas en serio. Sin embargo, hasta ahora no lo he hecho. Y casualmente sin embargo el idioma ha vuelto a mí de otra forma que me hace seguir sintiendo esa relación tan positiva. En mi vida últimamente han aparecido personas cuyo idioma materno es el alemán, personas que me gustan mucho y que hacen que vivir en Copenhague sea una buena experiencia. Tanto que por momentos me dan ganas de volver a estudiar alemán y aprenderlo de verdad. Aunque solo sea para poder comprender, apreciar y disfrutar mejor de su compañía.