30 diciembre 2011

Nochevieja

Durante años la Nochevieja para mí fue cenar en mi casa con él y luego ir juntos a verte con tu hija mientras tu novio se iba de fiesta. De hecho, la primera vez que dejó de ser así fue el año pasado cuando tú y yo no hablábamos, tu novio ya no lo era, tú no sé lo que harías ni si tendrías a tu hija esa noche, y nosotros estuvimos cenando en la casa de una "amiga" de camino a la cual no podía dejar de pensar con un poco de amarga rabia en todo eso de ir a su casa en lugar de ir a la tuya. 

Mañana es Nochevieja otra vez y nuestras vidas siguen cambiando. Y aunque los cambios esta vez son para bien, me gustaría que no dificultaran el pasar la noche contigo, con tu hija y con él. Es extraño sentir nostalgia de un pasado que en líneas generales no prefiero. Voy a echar de menos besarte a las doce. ¡Claro que ahora siempre te puedo besar en otro momento sin necesitar una excusa! Y además tú si quieres siempre te puedes pasar por aquí más tarde de vuelta a tu casa ;-)

votar





29 diciembre 2011

Sin dormir en toda la noche

Hay formas y formas de pasar la noche sin dormir. Están todas aquellas agradables que hacen que dormir no merezca la pena ni se eche en falta. Hablar en la oscuridad de todo, entre ello susurrando aquello que no te atreves a decir con la luz encendida y escuchando aquello que tu amante se atreve a confesar solo mientras no puedes verle la cara. Dejarte llevar por la pasión y/o el calentón y tener sexo durante horas. Ir de fiesta, beber y bailar hasta que te tienes que arrastrar a casa... 

Luego están esas otras formas que hacen que pienses que mejor sería dormir. Tener un puesto de trabajo que empieza en mitad de la noche. Pasar horas y horas mirando al vacío con insomnio. Terminar en el último momento un documento que tienes que entregar a la mañana siguiente... Y una de las peores, discutir sin fin hasta que el cansancio mental solo te deja sentir irritación y lo único que quieres es mandar al energúmeno que tienes frente a ti a pasear muy lejos.

votar





28 diciembre 2011

El contador de amigos en Facebook

En mi cuenta personal de Facebook la lista de amigos que tengo incluye solo a gente con la que me relaciono y a la que conozco personalmente. Y sin embargo, no dejo de sorprenderme de ver cómo el contador de amigos sube y baja de forma habitual sin que tenga muy claro el motivo. Pero, lo que todavía es peor, sin que tenga claro quién me borra de su lista de amigos y por qué. Sucede cada pocos días. Alguien desaparece. Y normalmente no sé quién, lo descubro casualmente si algún día voy a escribir a alguien y ya no está entre mis contactos. 

Eso sí, a veces es predecible. Si escribo en mi muro algo que sé que es "controvertido" (por ejemplo sobre ser transgénero, sobre tener varias relaciones, sobre política o similares), el efecto casi es inmediato. Ese mismo día o al siguiente el número del contador desciende un par de cifras. Cosa en realidad cómica, porque no es que suela esconder mis opiniones y forma de vivir precisamente y la gente ya debería estar acostumbrada a mí... pero aparentemente no es así.

Es raro esto de las "amistades" por Facebook.

votar





27 diciembre 2011

De paquete en la bici

Casi media vida en Dinamarca, compartiendo vivencias y transporte con daneses y no daneses, y es gracioso que tiene que venir una española de turismo un par de días para que yo pueda tener una de esas experiencias más estilo danés que se pueden tener aquí: ir de paquete en la bici de alguien en mitad de una noche fría con niebla cerrada y borracha como una cuba. Normalmente no busco repetir los clichés, pero lo cierto es que me sentí guay. Sin saber montar en bici, esto es lo más cercano a poder ser libre para no tener que estar esperando el puñetero bus en mitad de la madrugada que pasa cada hora. Y con la sangre llena de alcohol, lo más cercano a volar en la oscuridad.

votar





26 diciembre 2011

A veces sinceramente no sé ni cómo contestarte

Han pasado dos días. Tengo tu sms esperando sin una respuesta y mala conciencia porque sé que si no contesto parece que estoy enfadada y cuanto más tiempo pasa es peor. Y sin embargo no puedo contestar, porque no sé cómo hacerlo. A veces las cosas que me escribes me dejan sin palabras. O más bien, las palabras que tendría que contestar ya me he esforzado varias veces en explicarlas y aparentemente no he conseguido transmitirte el mensaje. Así que para qué intentarlo de nuevo. No lo entenderías, solo verías que te estoy montando una escena, como tú lo llamas, y no llegaría más allá de eso. A veces lo que me pasa aparentemente no te interesa suficientemente como para ver más allá de lo que tú interpretas como drama o queja o cabreo o... 

No estoy cabreada, en realidad pienso en ti y te echo de menos y me gustaría tenerte en mi vida de una forma en la que compartir algunos instantes de vez en cuando fuera más fácil. Pero no lo es. Y como no lo es, tampoco tengo ganas de acercarme justo en el momento en el que tú lo decides cuando soy un relleno más en los huecos de tu agenda que puedes mover sin la menor consideración cuando te surge algo mejor.

votar





25 diciembre 2011

Ducha ensangrentada

Estaba con los ojos cerrados pero muy despierta soñándonos en mi cuarto de baño sin ropa, bajo la ducha, besándonos apasionadamente y riéndonos tontamente. Las pieles húmedas, los cuerpos resbaladizos, las entrepiernas saladas, los sudores diluidos...

Estaba con los ojos cerrados pero muy consciente asqueándome de tener la posibilidad de invitarte a pasar la noche y meterte por la mañana en mi ducha y ver cómo se arruina por la maldita coincidencia de las entrepiernas ensangrentadas.

votar





24 diciembre 2011

Una hora libre

Estoy a unos minutos de tu casa. El trabajo hoy me ha llevado allí. He terminado pronto y tengo algo más de una hora libre antes de tener que ir a la conferencia que empieza a las 15. Si tuviéramos una relación más cercana, te daría un toque al móvil para preguntarte si estás allí y sola, y si puedo pasar para tomarme unos minutos de pausa en tu cocina o entre tus brazos en tu sofá. Pero no tenemos esa confianza ni esa cercanía... por muchos minutos que hayamos pasado en abrazos y sofás. Y aunque paso casi por la puerta, como tú lo haces por la mía de vez en cuando al andar por mi barrio, no te contacto. Me voy a la universidad y me siento a leer en una silla dura y una clase vacía a esperar durante una hora a que empiece esa charla. Y mientras lo hago, me lamento como cada vez que sucede algo similar, porque esto no es lo que yo quiero en mi vida y en mi forma de relacionarme contigo. Quiero poder tener la libertad de sentir que puedo llamar y que eso no es un problema, al contrario. Quiero poder saber que tienes la libertad de decir que no si no te apetece o si estás ocupada, y que sepas que no es un problema. Quiero que cuando pasas a unos metros de mi casa sientas que puedes llamar al telefonillo y yo pueda decirte sube o ahora no. Y quiero no irme cabizbaja y triste porque no tenemos confianza suficiente para cosas que a mí me parecen indispensables.

votar





23 diciembre 2011

Gris

Algunos días aquí en Copenhague solo tienen una definición: grises. En mitad de la mañana miras por la ventana y está todo tan oscuro que cuesta trabajo comprender que estás en el momento de más luz del día. Y es que no solo está nublado y oscuro, sino que todo parece gris: las calles, el cielo. En España incluso los días nublados en los que llueve todo el día tienen más luz. Pero aquí días como hoy, especialmente ahora en el momento más oscuro del invierno, son húmedos, fríos, ventosos y sobre todo grises y deprimentes.

votar





22 diciembre 2011

Yo follo más que tú

Cena en grupo estilo danés con la excusa de celebrar la navidad (vamos, un julefrokost). La gente, cómo no, bebe hasta reventar. Hay juegos, canciones, intercambio de regalos, discursos, bailes, y en teoría mucho sexo con la disculpa del alcohol.

Las tantas de la madrugada. Una habitación llena de gente bailando al ritmo de los vídeos elegidos en YouTube que vemos en una tele plana con conexión a Internet y con un mando a distancia que solo el dueño es capaz de hacer funcionar. Mucho alcohol en la sangre y muchas opiniones diferentes sobre qué canción debe ser la siguiente. Dos de las presentes están especialmente obsesionadas con poner su canción y argumentan a favor de su elección pero solo una consigue lo que quiere. De repente oigo una respuesta airada de la que ha vencido con un tono asquerosito: "Sweetie, me parece que no follas suficiente". La otra responde riéndose pero con mal tono "No puedo follar más, de tanto que follo si lo hago más me duele". Lo siguiente es una pelea de adultos (casi en la cuarentena) como si fueran párvulos diciendo "No, yo follo más que tú", "¡Ja, en tus sueños!, soy yo quien folla más que tú", "¿Tú follar?, ¡jajaja, pues no sé con quien!"... Al final las dos se enfadan y se van de la fiesta de mal humor y antes de lo que tenían pensado.

Si fueran niñas hubieran discutido exactamente igual cambiando la palabra follar por jugar o cualquier otra cosa. Y la pelea verbal hubiera acabado del mismo modo. Como adultas en su lugar buscaron la cosa que les parece más atrevida y al mismo tiempo más insultante, especialmente cuando no tienen pareja estable. Con un poco de alcohol en la sangre aparentemente sale la vena malvada infantil que todos llevamos dentro.

votar





21 diciembre 2011

Kæreste

Tengo problemas lingüísticos para hablar de las personas con las que estoy o tengo algún tipo de relación. Como decía aquí las palabras españolas no me gustan. Pero es que las palabras danesas tampoco lo hacen.

Kæreste, que se traduce como novio, novia, pareja, relación, rollo o lo que quieras, es la palabra más utilizada en danés para hablar de la persona con la que estás teniendo algo que incluye sentimientos y sexo, pero que no incluye un papel oficial, como el matrimonio. Este término no tiene género, lo cual es maravilloso y mucho mejor que sus equivalentes en castellano, a no ser que utilices algo como pareja.

Sin embargo, kæreste tiene un problema grave para mí que hace que no me guste utilizar la palabra. La etimología en sí misma.

Kære significa querido o querida. Por tanto, kæreste es el superlativo de ese adjetivo. Es decir, que significa el más querido o la más querida. Y eso tal vez funciona en el mundo monógamo de mucha gente (y a menudo ni eso), pero en mi mundo no funciona. Porque no puedo tener varias relaciones importantes para mí y que todas sean la más querida. Y tampoco quiero ni puedo graduar quién es el más querido de todas las relaciones. El amor ni es algo constante ni es algo medible ni es algo claramente definido que se aplica a un determinado sentimiento para mí. Por ello, lo que siento varía según el aspecto del que estemos hablando, el día en el que me encuentre y la escala de valores que utilicemos para ello. Pero, ¿quién quiere comparar el amor que se siente por las personas? Desde luego yo no.

Lo que es también extraño es esa idea de las relaciones basadas en el amor. ¿Solo se pueden tener relaciones estables y significativas con personas a las que se quiere? Tal vez tienes una relación sexual super estable durante años en la que no hay ningún otro factor. ¿Por qué esa relación es menos importante?

No obstante, sigue siendo necesario para mí encontrar un término con el que mencionar a alguna gente con la que tengo algo estable y muy intenso. Pero por ahora no lo encuentro y acabo usando kæreste.

votar





20 diciembre 2011

Pegar a los niños en Dinamarca

En Dinamarca es ilegal pegar a los niños. La ley incluye todo tipo de castigo físico, desde una bofetada a un tortazo en el culo y es así desde 1997 cuando fue modificada.

Sin embargo, aunque la ley dice una cosa, la opinión pública parece ser diferente. Si miramos esta encuesta hecha por TV2 de 3698 encuestados, solo el 73% piensa que está mal pegar a los niños. Pero peor todavía es en la práctica si vemos que de 1539 solo el 22% no ha recibido nunca ninguna bofetada.

Y como ya era de intuir los racistas y xenófobos son también más violentos, o eso parece al ver que el 42% de los votantes de Dansk Folkeparti, el partido xenófobo, piensa que en Dinamarca debería ser legal poder pegar a los niños cuando entre los votantes del resto de los partidos el porcentaje es un 13%.

Por supuesto, esa tendencia a la violencia entre los xenófobos votantes de Dansk Folkeparti también se ve en su posición en cuanto a la pena de muerte (el 23% está a favor, cuando en el resto de los partidos es un 9%). Y lo que es más curioso cuando defienden tanto los supuestos valores daneses: aparentemente no creen tanto en el sistema de bienestar como los demás, ya que el 41% de sus votantes piensa que está bien trabajar en negro, mientras entre los demás votantes solo el 14% piensa bien sobre esta forma insolidaria de engañar a Hacienda y con ello a todo el estado de bienestar.

votar





19 diciembre 2011

El gusto está en los ojos

El sentido del gusto está en los ojos o eso parece a veces. Si te presentan una comida de aspecto delicioso, aunque luego no sepa tan maravillosamente, la tendencia es a valorarla mejor que si te presentan una comida de aspecto horrible y de sabor maravilloso. Esto ocurre también con los envoltorios de la comida. Existen estudios que muestran que el aspecto del paquete afecta al sabor. Tal vez por eso Coca-Cola con su famosa botella aparentemente sabe mejor que otras bebidas de cola con botellas corrientes.

El color también afecta. Si te ofrecen una comida marrón, la mayoría sentimos una especie de rechazo. Algo está mal. No deberíamos estar comiendo algo que parece tierra o, peor todavía, mierda. Sin embargo, la comida con colores intensos y variados suele atraer más (a no ser que sea un color que indique peligro). Y sin embargo, una de las cosas más deliciosas que hay para mí son esas papillas de multicereales con miel y/o frutas que toman los bebés y que en teoría tienen un aspecto vomitivo. Los ojos no vencen siempre.

votar





18 diciembre 2011

Mi forma de recordar

Me parece a mí que tengo una memoria que no funciona de forma habitual ni lógica. Ni siquiera funciona de un modo que sea útil aunque sea de la forma más inesperada. Sencillamente funciona de forma autónoma y sin un proceso inteligible para mí.

Tengo una memoria excelente, dicen. Y es cierto. Sobre todo hasta hace unos años era capaz de recordar al detalle multitud de cosas, datos, situaciones, conversaciones, nombres, caras, etc., sin esforzarme lo más mínimo. Y hoy todavía en cierto modo sigue siendo así. Recuerdo muchas cosas inútiles aunque no pretenda recordarlas. Sin embargo, también tengo una memoria completamente desastrosa, lo que sucede es que los demás no suelen notarlo tan claramente. Porque las cosas que no recuerdo no son tan evidentes como las que recuerdo. Al menos para ellos. Aunque para mí a veces es muy frustrante.

Por algún motivo que no comprendo me resulta muy fácil recordar cosas sin ningún sentido ni lógica interna. Por ejemplo, si veo películas en idiomas completamente desconocidos para mí, como hindi o chino, soy capaz de recordar en esos idiomas títulos largos que para mí tan solo son un conjunto de sonidos. Lo mismo con los nombres de personas famosas de otras culturas con nombres que para alguien no conocedor de la lengua le resulta imposibles. Para mí esos nombres no sé por qué no son ningún problema. O nombres de lugares, comidas en otros idiomas, etc. Es decir, datos que en realidad no son útiles. Y que no tienen lógica. Supongo que por eso mismo me suele resultar bastante fácil aprender vocabulario nuevo en otros idiomas.

Esto no solo me pasa con los sonidos y las palabras sin sentido. También me sucede con los datos. Si leo estadísticas, si escucho un documental, si se habla de fechas, de cantidades, de datos concretos... todo eso suele ser algo que se me queda en la cabeza sin esforzarme. Así en ocasiones parece que me empollo a escondidas datos sobre cosas que nada tienen que ver con mi campo de estudio.

Por último no son únicamente los datos y las palabras. También es la memoria espacial y situacional. No sé por qué, pero me resulta sencillo orientarme en un sitio con solo haber estado una vez hace mucho tiempo. También suelo recordar las conversaciones y situaciones concretas en las que suceden las cosas. Por ejemplo si tengo una charla sobre un tema, mucho tiempo después puedo recordar todavía dónde fue, quién estaba presente, en qué lugar estaba cada persona sentada, qué dijo quién, etc.

Pues bien, todas esas eran las cualidades de mi memoria. Pero lo malo es que van asociadas al extremo opuesto y tampoco entiendo el motivo. Soy extremadamente inútil para recordar cosas que la gente habitualmente recuerda sin problema. Por ejemplo, si veo una película o si leo un libro, aunque me fascine, en unas semanas no recuerdo la historia, a veces incluso ni el tema. Pero el título, el autor y algunos datos concretos sin sentido como de dónde saqué el libro o cuánto me costó se me quedan grabados durante años. 

Si paso una tarde con alguien puedo casi sin problemas reproducir la conversación que tuvimos, pero decir qué ropa llevaba esa persona, qué comida consumió, incluso qué color de ojos o qué nuevo corte de pelo llevaba son cosas que no entran en mi campo de percepción. No sé por qué, pero sencillamente no lo hacen ni aunque me esfuerce. 

Tampoco soy capaz de recordar las cosas que me impongo, o más bien me imponen, recordar. Por ejemplo, a la hora de memorizar datos para mis estudios soy un verdadero desastre. Por mucho que me interese lo que leo. Si es algo que siento como imposición, mi cabeza se bloquea y se niega a archivarlo.

El caso es que todo esto es muy divertido de analizar, pero es muy poco práctico para mi vida. Soy un diccionario enciclopédico andante de cosas extrañas y una verdadera inútil para las cosas necesarias a la hora de estudiar, de socializar, etc. 

Digo yo que esto debe sucederle a otra gente y que seguramente tiene un nombre, en esta sociedad que tanto se esfuerza en diagnosticar todo lo que no sigue las normas. Si alguien sabe lo que es, agradezco las sugerencias en los comentarios.

votar





17 diciembre 2011

Menos mal que dijo que no

Después de unas cuantas charlas sobre la posibilidad de tener sexo con él, después de un par de horas tonteando, después de estar calentándonos mutuamente con tanto beso y tanto baile, al final decides invitarle a venir con nosotras después de pedirme permiso. Y sinceramente ahora que lo pienso fríamente menos mal que dijo que no. Porque aunque en el momento me pareció una idea aceptable, después de sentir la irritación que siento por ver cómo se comporta él en otros contextos y ver cómo te comportas tú en la siguiente fiesta, de verdad que creo que me hubiera sentido muy mal si hubiéramos tenido su compañía en nuestra cama. En otro momento, en otra circunstancia, seguramente me gustaría mucho. Probablemente incluso lo sugeriría yo. Pero no tal y como me siento ahora con vosotros dos.

votar





16 diciembre 2011

Novio, pareja, amante, amiga, rollo, relación, compañera, pretendiente, prometido...

Viendo como veo las relaciones, me resulta muy difícil encontrar términos adecuados para mencionar a las personas con las que me relaciono y eso se transforma en un enorme escollo a la hora de hablar con alguna gente que usa los vocablos mucho más a la ligera o que quiere tenerlo todo bien definido y clarito desde el principio dentro de sus cajitas cuadradas.

Pero es que de verdad para mí los términos españoles reflejan todos una realidad con la que no sé identificarme y que no quiero vivir.

Veamos. Para empezar la mayoría de estos términos están divididos en género, cosa que no siempre es apropiada. Porque yo que no soy ni hombre ni mujer no puedo ser por tanto ni novio ni compañera ni amigo ni prometida. Tendría que ser algo diferente que no existe. Además, cuando hablamos de una categoría y no de una persona en concreto, el usar vocablos con género hace que se invisibilice a gente que no es heterosexual. Pero también a gente que no es homosexual. Es decir, que yo tendría que decir "mis novios y novias" y con ello como digo todavía invisibilizo a la gente que no es ni hombre ni mujer.

Para seguir cada una de estas palabras por separado tiene una etimología y hace referencia en el presente a una relación que tampoco se adapta a lo que yo vivo y siento.

Si llamo a alguien mi novio estoy haciendo referencia a una relación en la que según se entiende tiene que haber sentimientos y sexo y que es diferente a la relación de amistad. De hecho, originariamente esta palabra era la que se utilizaba para los recién casados. Por tanto, hace sin duda referencia a un tipo de relación en el que no creo y que por lo general se asocia con algo monógamo, exclusivo, sexual, etc.

Esto me lleva por supuesto a la supuesta palabra opuesta que es amigo. Por lo que parece, las personas con las que tienes sexo no pueden ser tus amigos. Las personas a las que amas tampoco. El tipo de amor se diferencia entre un novio y un amigo. Pero yo esto no lo entiendo. Las personas con las que tengo las relaciones más intensas, más llenas de amor son mis amigos. Algunos de estos amigos también comparten cama conmigo. Y con muchos otros también compartiría sexo... En fin, que no entiendo.

Si por el contrario decido utilizar la palabra pareja, que es neutra en cuanto al género y por tanto más agradable, vuelvo a tener problemas con su significado. Pareja viene de par. Eso significa que una relación necesariamente incluye solo a dos personas. Pero tal vez no es así. Al menos no para mí.

Si me voy entonces al extremo menos comprometido, el término relación, también me crea algunos dilemas. Relación en realidad se tiene con todo el mundo. Una relación es cualquier contacto de cualquier tipo con cualquier persona o grupo de personas. El vendedor de periódicos tiene una relación con su cliente. Los compañeros de trabajo tienen una relación, lo quieran o no. Mis amigos y yo tenemos una relación, por supuesto. Este término, que es el que más me gusta, sigue creándome un problema para diferenciar tipos de relaciones, porque es genérico, y mis relaciones son diferentes y variables con todas las personas. Pero al menos no dice nada a priori del género, de los sentimientos, del compartir sexo, de la intimidad, cosa que está bien... Pero tampoco me es útil para poder decir que hay un par de personas con las que en este momento comparto mucho más que con las demás.

En cuanto a todos esos otros términos que hacen referencia al futuro matrimonio, como pretendiente, prometido y demás, están completamente fuera de mi vocabulario, porque no veo las relaciones como un camino al futuro matrimonio con alguien. 

Y eso por no mencionar ya todas esas palabras que hablan de las relaciones como el resultado de un matrimonio, es decir, marido, esposa, cónyuge, consorte, casado, esposada... La simbología machista, heterosexista, normativista, etc. de esta visión del mundo sencillamente me enferma.

Compañero también es un problema porque tener una relación no significa para mí que esa persona tenga que compartir tiempo y vivencias contigo de forma habitual y constante. Y además en castellano va muy asociado a relaciones de tipo laboral, estudiantil, etc.

Luego están esas palabras que hablan de las relaciones sexuales como algo menos importante, como rollo, lío y demás. Estos términos reflejan para mí una visión negativa de una relación y yo no quiero asociar mis relaciones con algo negativo. Si os fijáis tienen otros significados más comunes que son siempre negativos. Rollo es aburrido, lío es enredo o problema. Para mí hay un juicio de valor en esto. Parece que hay algo negativo en tener un encuentro sexual con alguien que no va de camino a ser tu relación estable. También parece que hay un menosprecio por parte de la persona que utiliza la palabra. Está diciendo que esa relación no es algo serio porque excluye tal o cual.

En cuanto a amante, es la palabra más bella para mí pero también es problemática. Amante es una persona que siente amor por algo o alguien. Pero en realidad en la sociedad se usa como eufemismo de una persona que tiene sexo con alguien. Como si el sexo fuera negativo. Como si amar fuera necesario. Y además dividide tipos de amor de forma que no entiendo. El amor por un amigo no te convierte aparentemente en su amante. Pero es que el término además implica que la relación está basada en una especie de jerarquía, donde uno es el amante y el otro el amado. Y para mí las jerarquías en las relaciones son un veneno que ni quiero ni entiendo.

Concluyendo. Todos los idiomas muestran con su vocabulario una forma de ver la realidad, una interpretación basada en una cultura y una historia. Los términos disponibles para referirse a algo son por tanto reflejo de la forma de ver ese algo por los que lo han creado. Para mi forma de entender las relaciones, no existe una terminología disponible en castellano. Y eso dificulta tanto mi comunicación como mis posibilidades de expresar lo que deseo y vivir cómo deseo.

votar





15 diciembre 2011

Cambio de opinión al oír a los demás

Por supuesto que es comprensible que la gente se deje influir por las opiniones de los demás y que es importante que sean abiertos para poder avanzar y aprender del contacto con los demás. Pero a veces la forma en la que algunas personas cambian su opinión o sus comentarios es alucinante.

Por ejemplo. Vemos una peli y la persona dice que le gusta tal y no le gusta cual. Luego nos encontramos con alguien que sé que a esta persona le parece cool y que comenta que la historia no le ha gustado por tal. El resultado es inmediato. Mi acompañante cambia su versión y se adscribe por completo a cosas que sé que es muy probable que no hubiera pensado por sí misma.

Otro ejemplo. Una queja en el trabajo como activista. Antes de la queja los demás no se habían sentido mal. Después, todos se unen al problema y lo ven como algo tan serio como para dejar su puesto.

A mí ver todo esto me estresa un poco. Me hace pensar que la gente no tiene personalidad y que son tan maleables que la opinión de una persona popular es siempre la que triunfa solo por el hecho de venir de esa persona. Y al mismo tiempo me hace imaginar que tal vez solo dicen estar de acuerdo y en el fondo no lo están, lo que sucede es que van cambiando de chaqueta según la persona con la que hablan.

votar





14 diciembre 2011

Depresión inactiva

Tener depresión no significa necesariamente estar triste y llorando en un rincón. Tampoco tienes que estar a punto de suicidarte o hacer algo radical. De hecho puede ser todo lo contrario: no tener fuerzas para nada, ni siquiera para estar triste o hacer algo, lo que sea. En tal caso, tomar decisiones se convierte en un obstáculo insalvable. Si las decisiones son tomadas por otra persona tal vez puedas seguirlas, si no suponen mucho esfuerzo, pero si las tienes que tomar tú puede convertirse en un motivo para no hacer nada. Pero por lo general ni eso. Tampoco tienes fuerzas para seguir las decisiones de otra persona. Y esto a su vez es un círculo vicioso. Puedes conservarte vivo y en este estado inactivo durante años si tienes un modo de subsistir, o una persona o sistema que te ayuda a mantenerte con vida. Pero tu vida está pasando sin ser disfrutada, sin ser valorada, sin sentirla. Es como una prisión invisible en la que tú eres al mismo tiempo el prisionero y el carcelero.

votar





13 diciembre 2011

Mi seudónimo

Según van pasando los años y sigo utilizando este seudónimo, Lille Skvat, más me va resultando indiferente y al mismo tiempo más me identifico con él.

Quiero decir. Después de tanto tiempo y tanta gente que ya me conoce bajo este nombre, tanto por Internet como en la vida real, ahora me resulta imposible cambiarlo a otra cosa. Se ha convertido en una parte de mí. Yo soy Lille Skvat, está claro. 

Y sin embargo, precisamente por eso, desde hace muchos años ha perdido el significado y ahora solo es un significante que es igual a mí. Si no me esfuerzo, ya no veo en esas palabras su significado. Ya no escucho lo de "Mierdecilla". Ahora sencillamente es como si fuera Paco o María. Vamos, un nombre vacío de contenido.


Pero al mismo tiempo, también me voy apropiando más de ese significante unido a ese significado. Por varios motivos. Especialmente porque no tiene género y eso me gusta. Cualquier género puede ser Lille Skvat. Es una combinación abierta que nada dice de mi sexualidad, de mi género, de mi orientación, de mi nacionalidad, de mis ideas políticas, de mi condición como inmigrante, como feminista, como lo que sea. Y eso funciona para mí. Porque aunque muchas veces me he lamentado de no tener un seudónimo más claro en cuanto a mis objetivos o mi lucha, veo que tendría que ir cambiándolo según mi identidad va fluyendo. Y sin embargo Lille Skvat permanece, porque sigo siendo débil, pequeña, sigo siendo insignificante y una mierdecilla para esta sociedad en la que vivimos. Y al mismo tiempo adoro que con este nombre supuestamente negativo estoy creando una voz fuerte, grande, alta y significante para mí y para otra gente como yo.

Por otra parte, el hecho de escribir en español con un seudónimo danés es algo que se adapta muy bien a la persona que soy en la vida de cada día, donde no soy capaz de decir dos frases en español sin mezclar danés, donde tengo una identidad muy mezclada también lingüística y culturalmente. Y al mismo tiempo ayuda a que los hispanohablantes que leéis este blog no asociéis ningún género ni características a mi persona, cosa muy agradable.

Eso sí, ya no hay nadie que me llame esto en la vida real de forma cariñosa o juguetona como sucedía cuando lo elegí como seudónimo. Está demasiado mezclado con mi identidad real y política para hacerlo un nombre cariñoso. Ahora la gente utiliza otros. Y seguramente si hubiera iniciado mi blog ahora, yo también hubiera usado otro seudónimo más cercano a estos nuevos para identificarme.

votar





11 diciembre 2011

Porno con los pantalones puestos

El otro día estuve con un grupo de personas del ambiente queer y transgénero viendo Sexing The Transman XXX, la versión pornográfica de esta película dirigida por el maravilloso Buck Angel. La intención del evento era organizar una actividad con la que pasar un rato juntos, divertirnos y también hablar de sexualidad trans. Así que allí nos reunimos unas 25 personas a pasar la tarde delante del proyector.

No sé por qué, pero según va pasando el tiempo veo cómo mi forma de entender algunas cosas va cambiando a algo que los demás entenderían como "radicalizando". Hace algo más de un año, cuando escribía sobre ver porno en un grupo de lesbianas, analizaba lo ocurrido y la película, pero curiosamente en ningún lugar llegaba a comentar algo que ahora me parecía el punto más claramente destacable: estábamos viendo porno con los pantalones puestos. Es decir, viendo porno como si viéramos "La casa de la pradera", en silencio sentaditos cada uno en su silla sin hacer nada. 

Por supuesto esta vez también hubo gente que se fue, pero eso ya ni me sorprende ni me hace levantar una ceja. Está claro que el porno no es un género que todo el mundo siente como aceptable, al menos cuando están en público. 

Y por supuesto, aunque el grupo era completamente distinto y el ambiente y la actitud de la gente todavía más que la de aquella vez, también hubo comentarios tras la proyección que a mí me resultaron conservadores o prejuiciosos. Como por ejemplo poner en cuestión la edad de los participantes por las posibles consecuencias futuras de haber hecho porno. O esa insistencia en decir que las entrevistas eran mucho más interesantes que las escenas de sexo. Pero por lo general los comentarios fueron mucho más abiertos al diálogo y desde una perspectiva mucho menos moralista que en otros ambientes en los que he visto porno en grupo... Que de hecho desde esa primera entrada sobre el tema y esta, ya han sido muchas veces, entre ellas varias organizadas por mí, y también con porno de varios tipos en varios ambientes, desde el festival queer hasta un pequeño grupo de bisexuales y personas trans en una oficina, pasando por un selecto grupo de poliamorosos en una pequeña habitación a un grupo de gente de todas las orientaciones y géneros interesadas en el BDSM.

Y sin embargo, en este grupo de mente abierta me deja de piedra que todavía estábamos todos con las manos bien visibles lejos de nuestros cuerpos, con la ropa bien puesta y todos bien colocaditos guardando las distancias reglamentarias entre nosotros.

O yo soy rara o el porno calienta. Por supuesto no todo el porno ni todo el tiempo. Pero algunas escenas deberían funcionar para algunos, aunque no funcionasen para otros, y algunas otras para otros aunque los primeros ya no tuvieran ganas de seguir. ¿Por qué nadie se masturba? ¿Por qué nadie toca a los demás? ¿Por qué nadie habla de esto después de la película?

En esa sala llena de gente que por lo general me gusta, que son mis amigos y conocidos con los que disfruto de pasar un rato juntos, había por lo menos 7 u 8 personas con las que hubiera hecho algo sexual. Y seguro que ya puesta en situación, varios más que esos. De hecho, con algunas de esas personas lo haría en muchas otras situaciones sin el porno y con otros de los presentes, debido al calentón del momento, me hubiera parecido apropiado hacerlo allí. ¿Soy yo la única que piensa y siente esas cosas? ¿Incluso en un ambiente queer?

Por supuesto, sé que al leer esto la pregunta que surge es por qué yo no hice nada o por qué al menos no lo comenté después de la película. De hecho, tanto me molestaba lo absurdo de la situación, que iba a masturbarme pero tuve que dejarlo. Ya sé que suena raro, pero tenía un motivo de peso para no hacerlo. Solo espero que la próxima vez que organicemos algo así sea en un momento en el que pueda reaccionar como quiero... y aparentemente hacer un poco de escándalo.

votar





09 diciembre 2011

No puedo imaginármelo

La visita a tu casa me tiene un poco loca. ¿Estás abriendo la posibilidad a que pase algo o simplemente quieres mostrar que no tienes miedo a que estemos a solas? Me da miedo emocionarme con la primera posibilidad y llevarme una decepción enorme al ver que es lo segundo, o todavía peor, que lo que esté esperándome sea una discusión o un mal rollo.

Pero, ¿y si tu intención es dejar que las cosas sucedan como parece que quieren suceder? Entonces siento un nudo de excitación y al mismo tiempo terror en el estómago. Por mucho que lo haya deseado en ocasiones, no puedo imaginarme besándote y menos todavía tenerte sin ropa entre mis brazos. Me siento torpe, asustada. Considerando nuestro pasado y tu identidad heterosexual, me preocupa que te pueda no gustar estar con alguien que no es un hombre. Me da miedo que si me dejo llevar, en mitad te separes con pánico, repugnancia (como le dijiste a aquella amiga) o algo semejante y me lleve un batacazo enorme. Me da inseguridad pensar que no me dirías lo que de verdad sientes o quieres y que tal vez estarías pensando que no te gusto, que no te gusta o yo qué sé qué. Me aterra que si sucede algo así después me dejes de hablar por otro de tus ataques de pánico. O que pasen días y días sin que me contactes y cuando lo hagas sea fríamente para decir que fue un error porque tú no eres así.

No me veo con fuerzas para empezar yo algo que temo que acabe de una forma tan horrible. Y sin embargo, no imaginas cuánto deseo estar contigo en estos momentos.

votar





Te vas con él

Estábamos de viaje las dos con tu hija y con un coche que aparentemente sabías conducir. Habíamos aparcado y al abrir la puerta me encuentro con él tumbado en el suelo justo delante. Sin ningún motivo empieza, como dices que suele, a quejarse de que lo que tenemos juntas no es natural, no es real, no es como lo que tenéis vosotros dos. Pasan unos minutos y como no reacciono, empieza a insultarme, a decir que soy un falso hombre y una falsa mujer. A continuación comienza a empujarme mientras sigue con sus bellas palabras. La furia crece en mí y cuando estoy a punto de explotar y empezar a golpearle, de repente te mezclas en la conversación... ¡para defenderle! Te unes a sus palabras y te lo llevas lejos, te vas con él. Me dejas allí con la boca abierta. Viendo cómo te vas con el homófobo tránsfobo agresivo que me estaba agrediendo y como a quien gritas por ser agresiva es a mí.

Me he despertado con muy mal rollo. No me gusta mucho lo que mis sueños me dicen...

votar





08 diciembre 2011

¿Piensas en mí?

A veces me encuentro preguntándome si piensas en mí cuando no estoy contigo. Al vernos parece que te gusta mucho estar conmigo. Pero de algún modo en mi cabeza tengo metido que en cuanto te vas olvidas completamente que existo y en ningún momento cruza tu mente nada que tenga que ver conmigo. Imagino que nada te recuerda a mí, nada te hace sentir nostalgia de mí y tampoco le das vueltas a cosas que han pasado cuando hemos estado juntas. Bueno, tal vez la excepción es cuando me ves en tu Facebook o visitas mi blog. Aunque me pregunto también si ahora que hemos retomado el contacto sigues buscándome en el ordenador como hacías antes. 

No sé por qué, pero siempre te he visto tan metida en tus cosas, tan perdida en tu mundo, tus mil amigos, varios amantes, tu familia, tus actividades, que siento que de algún modo cuando estás lejos de mí es imposible que tengas un rato para acordarte de que existo o echarme de menos. Y entonces metida en mi cama en la madrugada antes de dormir de vez en cuando te imagino acostada en tu cama y dándole vueltas a tu día, despierta o dormida, pero nunca soy capaz de verme como una parte de esas vueltas. Nunca siento cuando hablamos que le hayas dado vueltas a algo que tenga que ver conmigo como haces con el resto de los temas que te ocupan. ¿Complejo de inferioridad mío o realidad? A veces es tan difícil discernir lo uno de lo otro...

votar





Mis grandes salidas del armario

Si me concentro solo en mi identidad de género y mi orientación sexual, que es en lo que todo el mundo piensa cuando se habla de salir del armario, y si me refiero solamente del momento inicial en el que empecé a definirme de un determinado modo y no cada vez que he tenido que decirle a una persona que no soy parte de sus normas, considero que he tenido que salir del armario muchas veces con etiquetas diferentes. Primero como lesbiana, luego como bisexual, después como pansexual, más tarde como sexual, luego como queer, más tarde como genderqueer, después como transgénero, más tarde como autogénero. Por supuesto, una etiqueta no elimina necesariamente las anteriores. Si a esto unimos mi sexualidad y mis relaciones, también empecé como monógama, que como en la mayoría de los casos pronto se vio que en realidad era monógama infiel "arrepentida", que luego se transformó en semi-monógama todavía interesada en algunas de mis ex, luego como poliamorosa y finalmente como anarquista relacional queer. También he ido pasado de la norma vainilla a definirme como kinky con interés en todo tipo de sexo y en muchas cosas que se consideran parafilias por nuestras sociedades moralizantes y enfermas. Y de hecho  lo último que he añadido es que también soy objetosexual (que en inglés es objectumsexual).

Pero como digo, también se sale del armario en muchos otros aspectos, cualquiera que no sea normativo. Y yo me he visto saliendo del armario como atea, como feminista, como pro-sexo, como anarquista antidemócrata, como enferma psíquica y física, como perteneciente a la clase baja, como inmigrante... Incluso como persona casada, académica o blanca, dependiendo del contexto en el que me estuviera moviendo.

Salir del armario no se acaba nunca mientras se está vivo.

votar





07 diciembre 2011

Mi romanticismo


Como hablaba en esta otra entrada, todas esas cosas que la gente identifica con el romanticismo no las entiendo, y de hecho me suelen dejar completamente indiferente. Esa búsqueda artificial de mostrar sentimientos de forma normativa y estereotipada me parece desagradable, innecesaria y especialmente falsa. Si sientes algo intenso, no te hace falta estar con esos rollos y toda esa parafernalia. Al contrario. Hasta el sitio más supuestamente horrible puede ser el escenario de la pasión más intensa y el momento más íntimo. Con mi tendencia natural a rechazar cualquier "cursilería", encuentro a menudo más belleza en un vertedero que en el restaurante más pijo, en pequeños gestos que surgen sin buscarlos que en grandes actos teatrales que pretenden conmoverme, en palabras torpes arrancadas del alma que en preciosos poemas de bella forma y nulo sentimiento.

Y es curioso porque al mismo tiempo yo tengo de mí una idea como de persona muy romántica aunque aparente justo lo opuesto. Esa autoimagen se debe a mi exagerada tendencia a dejarme llevar por la pasión hasta extremos insólitos que suelen pillarme desprevenida a mí y desconcertar al resto. Y también a esa propensión al dramatismo, el tenebrismo, el subjetivismo, el ocultismo y demás en el más puro estilo del romanticismo del siglo XIX. Desde niña siempre me he visto más como esa persona absolutamente aislada mirando a un paisaje borroso de la pintura de Friedrich que como una artificial princesita rodeada de rosas rojas escuchando poemas a la luz de las velas de la boca de mi amado.

votar





06 diciembre 2011

Que la intuición te acompañe

Parece que entre algunas mujeres cisgénero, tanto heterosexuales como de otras orientaciones sexuales, es muy popular hablar de algunos conceptos que a mí me ponen un poco en guardia. Uno de ellos es la intuición. Parece que una verdadera mujer es aquella que posee esa cosa a la que llaman intuición y que aparentemente según ellas no se da entre el resto de los humanos, o si lo hace es porque es la "parte femenina" la que entra en acción y se deja vislumbrar. No casualmente son esas mismas mujeres las que también tienen una tendencia a rechazar otros conceptos que a mí me parecen mucho más comprensibles y cercanos a mi realidad, como lógica, razón, ciencia, racionalidad, etc. 

Por supuesto, cuando me atrevo a llevar la contraria en semejantes grupos mis objeciones no son bien recibidas. Se me considera de un nivel inferior por afirmar cosas como que prefiero adquirir mi conocimiento por medio de la razón que a través de la intuición, ya que esta puede (y suele) llevarnos a ideas prejuiciosas. A esas mujeres les parece que mi mentalidad cuando digo eso es masculina (algunas incluso lo ven como reafirmación de mi identidad trans). Y yo me canso de discutir tonterías con ellas y me voy riendo pensando que si hubieran hecho Star Wars los personajes dirían "que la intuición te acompañe" en lugar de la fuerza... solo por temor a sonar demasiado "masculinas".

votar





05 diciembre 2011

Los bisexuales activos en asociaciones LGBT+

No sé si esto es una casualidad o es solo la tendencia que se da dentro de los ambientes LGBT+ de Dinamarca en los que me muevo, pero parece que las personas que se identifican como bisexuales dentro de las asociaciones LGBT+ por lo general tienen más interés en lo que identifican como su género que en los otros y es precisamente por eso por lo que han llegado hasta las asociaciones. O bien tenían una identidad homosexual antes, o bien tienen una relación que es vista como homosexual por la sociedad, o bien casi nunca se interesan por personas que no sean de su género aunque tienen un pasado como heterosexual tal vez con hijos. Lo que casi nunca hay son personas que tengan una relación estable con una persona de otro género y que vivan en apariencia una vida heterosexual. Vamos, un poco como yo si se me ve desde fuera en un día o época en que voy con aspecto menos genderqueer por la calle y acompañada de K.

Aunque entiendo que la mayoría de la gente que va a estas asociaciones es porque siente una necesidad presente y urgente de que sus derechos sean reconocidos, porque sus relaciones e identidades visibles son las que los hacen más vulnerables, en realidad me parece una pena que el gran grueso de la población bisexual se mantenga oculto e inactivo, escondido detrás de esa apariencia de normalidad que sus vidas les permiten.  

De hecho, esto tiene dos consecuencias claras:

  1. La política que la mayoría de los bisexuales activos en las asociaciones hacen es homosexual y no bisexual, porque es ese en realidad el motivo que les ha llevado hasta el movimiento LGBT+ y son esas las luchas que identifican como propias. Además, en la mayoría de los casos ni siquiera saben lo que es política bisexual ni en qué se diferencia de la política monosexual. Y eso contribuye a que los bisexuales sean invisibles dentro del movimiento LGBT+.
  2. Los bisexuales con una política bisexual diferenciada no son apoyados ni por la mayoría de los bisexuales dentro del movimiento LGBT+ ni por la mayoría de los bisexuales fuera del movimiento y las asociaciones LGBT+.
Para mí los que están dentro de nuestras asociaciones, por lo general ni con información son capaces de cambiar su visión. Al revés. A menudo siento que por mucho que hablen de su identidad diferente a la homosexual, llegada la hora por lo general toman partido por el bando equivocado y de hecho son feroces opositores a los bisexuales activos que no defienden esa política "bi" = monosexual de "tenéis que aceptarme porque soy como vosotros". Por eso, he llegado a un punto en el que lo que me pregunto es cómo se puede atraer a nuestra lucha a todo el gran colectivo de bisexuales que viven completamente ajenos a ella, porque tal vez ellos y ellas lleguen con un discurso diferente.

votar





04 diciembre 2011

Chocolate con granos

Definitivamente. Esto tampoco es un mito. Si comes chocolate como una mala bestia a los dos días tu piel es una sopa de toda esa grasa tan sana que te has metido en el cuerpo. Esa visita tan agradable a la fábrica de Lindl ahora es una tortura para la vista. De cero granos a varias decenas en dos días... De vuelta a la adolescencia.

votar





03 diciembre 2011

His birthday... for him

El hecho de que estando en el estudio le dijeras a Jackie que ese era mi regalo de cumpleaños utilizando pronombres masculinos para referirte a mí (his birthday... for him) me dejó verdaderamente flotando el resto de la tarde. Nunca antes me habría imaginado que tú fueras hacer tal cosa, y todavía menos en esa situación que era lo que yo sentía, necesitaba y deseaba. Que reaccionaras de esa forma tan bella, leyéndome el pensamiento o generándolo tú misma, me impresionó francamente. Sentí una aceptación por tu parte que nunca antes había sentido en semejante nivel, y eso, más la experiencia surreal de estar besándonos ante sus cámaras, hizo que luego me temblaran las piernas y que mi cabeza se sumergiera en un delirio de auténtica felicidad de camino hacia tu portal. Gracias.

votar





02 diciembre 2011

Intersexual, transgénero o genderqueer

Parece que estos tres términos, intersexual, transgénero y genderqueer, en la comunidad LGBT+ se utilizan de forma que se excluyen los unos a los otros y sinceramente no entiendo por qué. Y no creo que se trata de que no entiendo las diferencias.

Veamos. Una persona intersexual es una persona cuyo sexo no es ni hombre ni mujer sino otro de los sexos biológicos que existen. Puedes leer mucho más aquí y aquí.

Una persona transgénero (al menos en la forma en la que se utiliza en inglés transgender) es una persona cuya identidad de género no se corresponde con el sexo que se le ha adjudicado al nacer y que por tanto habitualmente pasa por una transición (aunque no siempre) para llegar a sentir que su cuerpo y su género coinciden. 

Una persona genderqueer es una persona cuya identidad de género es cualquier otra que ser mujer u hombre. Esto quiere decir que puede ser tanto hombre y mujer al mismo tiempo, como ninguna de las dos cosas, como tener una identidad fluida entre varios géneros como tener otro género cualquiera o un género que varía conforme a la orientación sexual.

Como digo, por ejemplo las personas intersexuales a menudo hacen campaña para que su lucha se desligue de la lucha transgénero, porque no tienen las mismas necesidades, orígenes y problemas. Por ejemplo, a las personas intersexuales a menudo se las opera al nacer para otorgarles un sexo que no es el sexo con el que nacieron. O se las hormona en la adolescencia con el mismo fin. Las personas transgénero por el contrario a menudo luchan por conseguir tratamiento hormonal y/o quirúrgico para poder igualar su cuerpo con su identidad de género. De hecho, una gran parte de la lucha transgénero, especialmente la transexual, es que se reconozca el sexo adquirido por medio de tratamientos como hombre o mujer. Por el contrario muchas de las luchas intersexuales se basan en lo contrario, en hacer que se reconozca su sexo como otro diferente a mujer u hombre y se les permita tener una identidad diferente a esas dos binarias.

Por otra parte, muchas personas transgénero, especialmente las que utilizan el término transexual, no comprenden o comparten las ideas de las personas genderqueer. Su lucha en muchos aspectos se podría decir que es opuesta. Una gran parte de los transexuales desean ser reconocidos como lo que ellos entienden como género opuesto. Y sin embargo una gran parte de los genderqueers desean ser reconocidos como lo que entienden como un tercer, cuarto o vigésimo género.

Todas estas diferencias (y muchas más) para mí justifican el uso de etiquetas diferentes y el establecimiento de políticas diversas adecuadas a cada grupo en concreto, de forma que todas las identidades sean visibles y tengan voz independiente en su lucha. Sin embargo, a pesar de estas diferencias, no veo que los términos sean excluyentes y yo de hecho utilizo todos para hablar sobre mí y me siento parte de las tres comunidades.

¿Que cómo es posible? Pues porque veo que todos me reflejan a mí. Veamos. Si insistimos en establecer una diferencia entre el género y el sexo de una persona (cosa que no sé si es necesaria), no veo que sea incompatible ser intersexual y al mismo tiempo transgénero. Por ejemplo tal vez has nacido intersexual y tienes una identidad de género de mujer. Y tal vez quieres tomar hormonas para que tu cuerpo tenga el aspecto que tú identificas con el de una mujer. Entonces serías una persona intersexual transgénero y transexual. En otro ejemplo tal vez eres transgénero porque sientes que tu identidad de género está en transición desde el género en el que te han socializado a otro género que no es ni hombre ni mujer, y en tal caso también eres genderqueer. E incluso tal vez al empezar tu transición descubres que eres intersexual pero tu sexo no se corresponde tampoco con el género con el que tú te identificas. Entonces eres genderqueer, intersexual y transgénero al mismo tiempo.

Estos dos ejemplos son solo dos de las miles de posibilidades. El caso es que las combinaciones existen y no son excluyentes.

Yo misma por ejemplo he sido adjudicada un sexo, el femenino, al nacer. Por tanto he sido socializada como mujer. Sin embargo, estoy en transición a un género diferente que no es ni hombre ni mujer, tanto física como mentalmente, y nunca me he sentido como una mujer. Por ello me etiqueto como transgénero. Pero como digo tampoco soy un hombre, sino que tengo una identidad de género genderqueer. Y sin embargo, no creo que mi sexo biológico fuera mujer, pues por algunos pequeños detalles intuyo que soy intersexual. Así que la combinación de las tres etiquetas es posible, porque lo es en mí. Por mucho que moleste a los miembros más exclusivistas de las tres comunidades.

votar





01 diciembre 2011

SMS a las 4 a.m. de las páginas amarillas

Es la segunda vez que sucede. Llega un sms a las tantas de la madrugada de una chica preguntándole a K si él es el tío que conoció hace unas semanas en uno de los bares de Copenhague. La primera vez sencillamente pensó que se trataba de un error, unido a una extraña coincidencia porque el nombre era el correcto, y dijo que no. Pero esta vez la curiosidad ya era demasiado grande. Las 4 de la mañana y otra mujer que busca a una persona con el mismo nombre. Así que escribió de vuelta preguntando cómo había conseguido el número. La muchacha dijo que había estado con un tal K en el bar cual el día no sé qué hacía tres semanas y que tenía que hablar urgentemente con el chaval y por eso había mandado un sms a todos los K de las páginas amarillas residentes en Copenhague. ¡Que eran más de 1250! K contestó que lo sentía pero que no era él y ahí se acabó todo.

Sin embargo, luego nos quedamos especulando y montándonos nuestra propia historia. Algo importante tiene que ser para que alguien busque todos los teléfonos con ese nombre sin conocer los apellidos y se moleste en teclear los números más de mil veces. Y habían pasado 3 semanas desde el encuentro. Algo me dice que la muchacha y el muchacho con el mismo nombre que mi compañero de domicilio tuvieron un encuentro breve pero intenso del que es posible que haya consecuencias en forma de una barriga creciente. Por supuesto, puede ser cualquier otra cosa, pero a mí me suena así.

Pensándolo me parece un poco triste la forma en la que la gente actúa si mi suposición es cierta. ¿Para qué contactar a un tío con el que solo has tenido un encuentro breve? ¿Acaso pretendes hacerle partícipe del resto de tu vida sin saber nada de nada sobre él solo porque dejó un poco de semen en tu cuerpo? ¿O quieres que te dé su consentimiento para abortar? ¿O te imaginas ya la novela rosa en la que os casáis y coméis perdices? Si de verdad es esto, sinceramente que no lo entiendo y creo que la sociedad hace mucho daño a algunas mujeres vulnerables con todas esas historias sobre el príncipe azul, los caballos blancos y las familias perfectas. En lugar de educar a la gente para que sea responsable, tenga sexo seguro, no beba en exceso cuando sale de caza carnal y sea responsable de sus propias decisiones, además de dar libertad a esa mujer tanto para abortar como para tener un hijo como madre soltera.

Y por cierto... otra ventaja de no tener una relación monógama. En cualquier relación no abierta, sé que la gente en mi situación hubiera reaccionado con sospecha pensando que K va dando su teléfono a mujeres en los bares y luego no me lo dice. En nuestra relación sin embargo esos conflictos son innecesarios porque los dos sabemos que no hay motivo para preocuparse por estupideces. Que le dé el teléfono a las mujeres que quiera. Y que eche los polvos que desee. Es su cosa y no la mía. Y lo cierto es que se vive mucho mejor así. 

votar





30 noviembre 2011

Romanticismo

Viendo y escuchando a la gente y su idea de lo que es ser romántico la verdad es que no lo entiendo. Aparentemente se considera romántico hacer cosas como estos ejemplos:
  • leer, recitar o crear poesía
  • cenar a la luz de las velas, mejor todavía si es algo "sofisticado" estilo "francés" o similar,
  • escuchar música lenta, clásica, baladas o semejante,
  • tener sexo calmado (aparentemente se dice "hacer el amor") durante toda la noche, mejor aún si es sobre una cama llena de pétalos de rosas, olor a incienso perfumado y más luz de velas,
  • viajar a París o Venecia,  
  • proponer matrimonio de la forma más exagerada posible, 
  • casarse con una fiesta que cuesta el salario de un año,
  • mirar cómo anochece o la luna en compañía de tu pareja, 
  • llamar a quien está contigo palabras cursis y usadas por todo el mundo en lugar de su nombre, 
  • mentir mientras miras a alguien a los ojos diciéndole que es la persona más bella del mundo o el único amor de tu vida,
  • llevar un anillo que te marca como "no disponible",
  • celebrar cualquier fecha, desde el aniversario hasta el más comercial San Valentín,
  • que sientan celos por ti,
  • regalar flores, chocolate o perfume,
  • dibujar corazoncitos con o sin el nombre de tu amado o amada,
  • prestar tu chaqueta cuando tienes frío, abrir la puerta y cualquier otro gesto de esos que se consideran "caballerosos" y que son resto de una mentalidad machista,
  • darse un baño de espuma con más velas, aromas y demás...
Y resumiendo, cualquier cosa que incluya penumbra o luz de velas, aromas artificiales, palabras supuestamente refinadas y pretenciosas, grandes declaraciones y demostraciones de sentimientos de forma normalizada y habitualmente también sexista (y por lo general insincera), mejor si es pública. Para mí hay pues una palabra que parece que refleja perfectamente esta idea de lo romántico: artificialidad.

votar





29 noviembre 2011

Comentar o no comentar

Una actualización en tu perfil de Facebook a la que me apetece mucho, mucho, mucho contestar. Pero no sé si puedo. Lo cual es frustrante. No porque sea especialmente importante comentar (por lo general en Facebook nunca lo es), sino por esta sensación que se repite tanto de no saber muy bien qué es aceptable y qué no contigo y al mismo tiempo qué es mostrable a los demás y qué no. Si con un comentario se puede entrever o directamente dejo claro que me gustas o que estoy contigo o que tú lo estás conmigo, ¿qué pasa entonces? Porque todo eso es verdad, y al mismo tiempo por mucho que me digas que tal o que cual, yo sigo sin saber hasta qué punto vives como dices vivir, hasta qué punto te atreves a mostrar a todo el mundo lo que dices mostrar y hasta qué punto algunos de los machitos de los que te rodeas están realmente al tanto de lo que tú haces, sientes y dices. Y claro, no es cuestión de sacarte de todos tus armarios por medio de insignificantes comentarios o etiquetas en Facebook, si tú no lo deseas. Ni tampoco de hacer que a nadie le dé uno (más) de esos (incomprensibles) ataques de celos solo por abrir su Facebook. Pero, al mismo tiempo, para mí en la práctica se transforma en cierto modo en algo que se asemeja a vivir en una mentira dentro de diez armarios diferentes en los que no sé muy bien por qué estoy. Esto de tener cuidado por no mostrar nada en lo que digo es frustrante y bastante agobiante. Es como volver a la adolescencia cuando no entiendo la necesidad. Y sobre todo, cuando me hace sentir mal porque es vivir de la forma contraria a lo que predico y a lo que hago en el resto de mi vida.

Así que casi mejor hablémoslo claramente. ¿Puedo contestar a tu mucho, mucho, mucho algo tan directo como encuentra un hueco en el que prestarme tus labios y jeg skal nok besarlos mucho, mucho, mucho? ¿Me puedo permitir decir y hacer esas cosas en Facebook donde está él/ellos, tus amigos y tu familia?

votar





28 noviembre 2011

¿Los trans te consideran trans?

Más de medio año después y charlando con alguna de la misma gente con la que tuve esta conversación, volvemos a tener otro de esos diálogos que me irritan:
Él: No tenemos ningún trans en el grupo.
Yo: ¡Pero otra vez!
Él: ¿Qué quieres decir?
Yo: ¡¡¡Que yo soy trans y ya te lo he dicho antes!!!
Él: Uhmmm...
Silencio. Caras que se miran.
Él: Pero, ¿los trans te consideran trans? Porque vale, tú tienes interés en cosas de trans, pero no es lo mismo que ser trans.
Yo: ¡Claro que lo hacen! ¡Solo vosotros insistís en esto! Y sinceramente me molesta.
Silencio. Más caras que se cruzan miradas.
Él: Bueno, lo siento. Es que no lo sabía, porque no pareces trans. 

Esta puñetera conversación es tan insultante a todos los niveles que ya no sé ni para qué decir nada. Aparentemente yo no tengo derecho a decidir mi propia identidad. Si los demás trans, es decir, los de verdad,  me reconocen como trans, entonces todavía esta gente puede con esfuerzo identificarme como trans, pero si no, por supuesto que no. 

Me pregunto yo qué le parecería a uno de estos homosexuales si me niego a reconocer su identidad y le digo cuando insiste en que es homo, que a no ser que los demás homosexuales, esos con pluma y pose femenina, esos de verdad, lo reconozcan como tal, no me parece que lo sea. Seguramente se ofendería enormemente y le parecería una falta de respeto tal que me tacharía de homófoba y llena de prejuicios. Y con razón. Pero si yo me atrevo a sacar el cartel de la transfobia y los prejuicios aquí se me acusará de histérica.

votar





27 noviembre 2011

Mandarinas

Me estaba comiendo una mandarina cuando de repente me he parado a pensar que ese acto, tan cotidiano y tan insignificante, para mí es tan privado que normalmente no lo hago delante de nadie que no sea la persona con la que comparto domicilio. Comiendo las mandarinas de esa forma tan particular que, sin ningún motivo real, me parece tan poco mostrable, aunque cientos de veces me ha surgido la oportunidad de hacerlo estando de visita o en un sitio público, o bien me he quedado sin comer o bien me he decidido por otra fruta. 

Y así es como he visto que tampoco como mandarinas delante de ti ni teniendo la oportunidad y que, aunque tenga la confianza para compartir contigo algunas cosas muy íntimas, claramente no tengo ninguna confianza para compartir otras cosas supuestamente nimias. Y eso dice algo que no sé qué me hace sentir.

votar





26 noviembre 2011

Mi familia y estar fuera del armario

Me preguntaba alguien si he contado a mi familia estas cosas que voy diciendo aquí. Bueno, en realidad se refería en concreto a mi identidad de género, a ser transgénero y a desear que me hablen con un pronombre por lo general masculino. Pero ya que estamos creo que esa pregunta se puede extrapolar a todos los demás aspectos no normativos de mi comportamiento.

La respuesta (como siempre) es un poco larga. Entre otras cosas porque no entiendo el concepto de familia del modo que supongo que lo entiende la mayoría. Y como ya he explicado aquí, para mí mi familia son las personas que yo elijo no las personas que comparten lazos sanguíneos o jurídicos conmigo.

Entonces, sí, claro, mi familia sabe de todo esto. ¿Cómo no van a saberlo si ellos son con los que quiero compartir todo esto?

Pero si además tengo que contestar a lo que saben o no todas esas personas que la sociedad ve como mi familia, entonces la explicación es más larga.

Todos, desde el primero hasta el último, saben que soy bisexual, porque todos han conocido parejas de varios géneros. Y me han oído decirlo y hablar de forma clarísima sobre ello. Hasta mi familia jurídica por la parte del hombre con el que estoy casada lo sabe y ha conocido a otras de mis parejas.

La gran mayoría sabe que soy anarquista relacional, porque han visto y oído de mis diferentes relaciones simultáneas. Y los que no lo saben, es porque la oportunidad no ha surgido, entre otras cosas porque vivo en Dinamarca, muy lejos de ellos.

En cuanto a ser transgénero, es un poco más complicado, porque no he tenido esa identidad de forma abierta y clara más que el último año y medio. Y no he estado en España en todo este tiempo, por lo que la gente con la que no tengo contacto habitual o contacto esporádico pero personal mientras estoy en Dinamarca, no ha tenido oportunidad de escucharlo. Pero vamos, los que me tienen en Facebook, tanto de mi familia biológica como de mi familia política lo saben seguro. Como los que hablan conmigo por Skype. Y mis hermanos conocen este blog, con lo que tampoco quedaría lugar a duda. Pero además con ellos en concreto también lo he hablado directamente.

Sobre el modo en el que quiero que se refieran a mí (todo esto de los pronombres y las terminaciones del lenguaje) estoy ahora empezando a salir del armario y pedirle a la gente que me hable en general en masculino. Así que solo unos pocos lo saben. Pero como ya habían oído lo de mi identidad de género, supongo que no les sorprenderá especialmente.

Sobre ser kinky, no es algo que oculte, pero tampoco es algo de lo que voy hablando a mi familia. Es decir, que si lo leen aquí o lo ven en Facebook, o si la conversación surge, pues vale, pero no hemos tenido esa charla que hemos tenido sobre otras cosas.

Y sobre todo lo demás, mi política, mis ideas y demás, pues depende de la persona. Si me gusta como persona o si considero que es relevante, pues claro. Si no, ¿para qué?

No sé si esto satisface la curiosidad o queréis saber más sobre las reacciones y demás...

votar





25 noviembre 2011

¿Por qué tengo que poner el permiso de residencia?


Estoy harta de los pequeños detalles que me recuerdan que en este país no soy igual de bienvenida que si fuera danesa. Uno de ellos es la insistencia en pedirme poner información sobre mi permiso de residencia cada vez que necesito hacer un pequeño trámite con algún organismo público. Siempre en el formulario tengo que marcar la casilla de no ser danesa y después escribir sobre mi permiso. Así es en cosas completamente irrelevantes como la universidad, el trabajo, mis papeles médicos, etc. Me dan ganas de poner esta foto en su lugar.

votar





24 noviembre 2011

Soy tu pesadilla bisexual

La bifobia, igual que la homofobia, la transfobia, la intersexfobia, la xenofobia y todas las demás fobias, tienen consecuencias muy diversas y todas terribles. Una de ellas es que las personas que se ven objeto de tales fobias adquieren una tendencia a describirse e identificarse de forma normativa y a, de forma directa o indirecta, ser parte ellas mismas en la creación de prejuicios negativos hacia determinados comportamientos no normativos. Por defenderse de los ataques, acaban convirtiéndose ellas mismas en opresoras y atacantes de otra gente que vive de forma aparentemente (todavía) menos aceptable.

Casi cada vez que me junto con bisexuales o leo cosas escritas por gente bisexual acerca de la bisexualidad, siento el mismo espanto y el mismo cansancio. Siempre de algún modo u otro tiene que salir lo mismo: no estamos confusos, no somos indecisos, no somos heteros con ganas de jugar, no somos homos en el armario, no somos promiscuos, no somos adictos al sexo, no nos interesa sexualmente todo el mundo, no necesitamos tener varias relaciones al mismo tiempo, no somos portadores de enfermedades, no somos incapaces de tener relaciones estables, de amar solo a una persona, de tener sentimientos profundos, de crear una familia... En definitiva, somos normales. Lo único que nos diferencia es que somos bisexuales. Y la bisexualidad, por ello, es una identidad válida.

Para todos esos bisexuales que tanto se esfuerzan en crear información y en recordar que los bisexuales somos normales, la gente como yo somos su pesadilla. Y por eso mismo, gente como yo vivimos no solo el rechazo de la sociedad heterosexista y del ambiente cishomonormativo, también vivimos el rechazo de una gran parte de los propios bisexuales que nos ven como malos exponentes y terribles ejemplos de lo que es ser bisexual, como esas personas que se sabe que existen pero que no se quieren mostrar porque ensuciamos su bella fachada de normalidad y representamos aquello contra lo que aparentemente hay que estar. Porque claro, ser infiel, ser promiscuo, sentir confusión, estar enfermo, ser inestable, ser hipersexual... todo eso que es algo contra lo que se puede y se debe tener fobia

Mi sexualidad es fluida. Mi identidad también es fluida. Mi etiqueta no es casi nunca bisexual, por mucho que no sea heterosexual ni homosexual. Me gusta el sexo y no veo nada malo en practicarlo cuantas veces quiera, como me dé la gana y con tanta gente como me apetezca, simultanea o sucesivamente. Mezclando géneros y orientaciones como a mí me plazca. No todas mis relaciones son estables ni pretendo que lo sean. No tengo relaciones monógamas. No veo que si fuera portadora del VIH tuviera que disculparme o sentir ninguna culpa por ello o asociarlo o desasociarlo a mi comportamiento o identidad. No tengo que justificarme ante nadie si hoy me gustan más las mujeres, mañana los genderqueer y pasado los hombres hipermasculinos o si ayer no me gustaba nadie pero quería tener sexo con todos y antes de ayer me había enamorado de tres pero no quería sexo con ninguno. No tengo que identificarme como nada solo para complacer a este mundo lleno de etiquetas estáticas. Y menos todavía que mantener una etiqueta que he usado en algún momento solo para que la gente pueda comprender que no estoy en el armario como homo, como hetero, como bi, como trans, como intersex o como lo que sea. Y sobre todo no tengo que comportarme como la mayoría bajo una determinada etiqueta, que en algún momento decido usar, cree que es la forma correcta. No quiero una familia de ese modo en el que la sociedad lo entiende. No voy a dividir mis relaciones entre amigos y amantes y negar la posibilidad de sentir el mismo tipo de amor por todo el mundo, o negar poder tener sexo con los supuestos amigos o no tener sexo con los supuestos amantes. No quiero ver el sexo como un acto que solo tiene que ver con contacto genital y orgasmos, y menos todavía solo con meter cosas en orificios. Me gusta el sexo kinky y mi sexualidad incluye muchos aspectos no normativos. No soy un modelo a seguir en nada, y tampoco deseo serlo. Represento sin vergüenza alguna muchos aspectos de los que la gente se avergüenza. Pero ese no es mi problema, es el suyo.

No soy normal y menos que lo voy a ser. Y si eso ensucia la fachada de normalidad que muchos bisexuales quieren mostrar, mejor que mejor. Porque deberíamos luchar para que TODOS tuviéramos derecho a ser como somos, a ser diversos, a ser lo que queremos ser y a ser justamente todo aquello que la sociedad rechaza.

votar





23 noviembre 2011

Mi familia la elijo yo

Mi familia nada tiene que ver con mi sangre y mis genes, ni siquiera con la casa en la que he crecido. Desde que era pequeña siempre lo he visto así. No recuerdo haber entendido nunca ni a mis amigos, ni las películas, ni a los profesores, ni a nadie, cuando daban por hecho que el centro del amor y la vida de alguien tiene que tener un origen tan vulgar como la genética o la convivencia. No recuerdo jamás haber estado de acuerdo al oír decir a alguien que todos los padres aman a sus hijos y todos los hijos a sus padres. De hecho, siempre me ha puesto de mal humor escucharlo.

Para mí, mi familia es esa gente que yo siento parte de mi vida y con la que quiero compartir mi intimidad. Es gente que yo elijo, no gente que se me ha impuesto por uno u otro motivo casual e indiferente. Mis padres, mis hermanos, mis abuelos, mis tíos, mis primos, mis suegros, mis cuñados... ¿por qué tienen que tener un estatus especial o ser algo más importante y relevante para mí que la gente a la que yo he encontrado y decidido hacer parte de mi vida?

No, mi familia no son mis padres. Ni mis hermanos. Mi familia es el hombre con el que comparto mi vida y mi domicilio. Es la mujer a la que deseo tener siempre en mi vida y con la que compartiría muchas cosas. Son esos escasos maravillosos amigos que han formado parte de mi experiencia vital durante tantos años y me han dado y les he dado tanto amor. Mi familia serían esos niños y/o niñas a los que adoptaría. Lo demás, es accidental y no implica ni amor, ni comprensión, ni respeto, ni contacto, ni nada que yo no quiera tener.

Y nada me importa que aquellos a los que se supone que debo considerar familia tengan o bien una relación biológica o una jurídica conmigo. Nada me importa que me hayan parido o yo haya crecido en su casa. Ellos solo han sido medios para darme la vida o mantenerla en mi infancia. Nada de ello implica amor ni respeto por ninguna de las partes.

votar





22 noviembre 2011

Lo que no me gusta de esas 10 reglas poliamorosas

Ayer publiqué una lista con unas reglas sobre como vivir de forma poliamorosa y tener relaciones que funcionen. Lo cierto es que me dio un poco de vergüenza sacarla a la luz, porque ya no veo el mundo así. Pero pensando que mucha gente sí se identifica con ese término, y que si tengo que elegir lo prefiero a la monogamia forzada por la sociedad hipócrita, al final me decidí a publicarlo. Pero no puedo dejar de escribir ahora cuáles son los problemas que veo en semejante lista.

Como explico aquí, hay muchos motivos por los que no me considero poli, y es curioso pero algunos de ellos están presentes en mi propia lista. En realidad no tengo nada en contra de los títulos de la mayoría de los 10 puntos. En mis relaciones busco comunicación, sinceridad, seguridad física y mental, pretendo cuidarme a mí y a los demás, establezco pequeños (y grandes) acuerdos, me intereso por los demás y por mí, creo en lo que hago y soy capaz de estar sola. Del último punto sin embargo ni siquiera me vale el título, porque no quiero una relación poliamorosa y no tengo claro tampoco lo que espero de cada relación por adelantado. El mayor problema con mi lista está en los presupuestos que hay tras todos esos puntos, las explicaciones que siguen, lo que hay de base ideológica en ellos.

Me explico. Tal como está escrito, parece que la única forma posible de tener una relación es con comunicación, sinceridad, seguridad, interés, planes y acuerdos. Y desde luego que no es así. Con cada persona la relación es diferente. No en todas las relaciones hace falta comunicarse o ser sincero. No en todas las relaciones hace falta sentir seguridad o interés por conocer a la otra persona. No todas las personas en una relación tienen que saber estar solas para poder tener algo con alguien. No todas las relaciones cumplen los acuerdos establecidos. No todo el mundo es capaz de vivir abiertamente y sin esconder todas sus relaciones.

En el modo en el que está expuesto, hay mil y un requisitos para poder establecer una relación con alguien. Y eso me desagrada. Yo creo que los requisitos por adelantado deberían ser solo uno: ser capaz de negociar el tipo de relación que se desea tener en ese momento concreto. Todo lo demás se acuerda entonces. Si no se quiere sinceridad, seguridad, comunicación o lo que sea, no se tiene y ya está. No todo el mundo tiene las mismas necesidades en general ni con todo el mundo se tienen los mismos deseos.

Por otra parte también hay otro presupuesto en esa lista que ahora aborrezco. Se trata de esa idea de distinguir con claridad la gente con la que se tiene relaciones amorosas y/o sexuales de los demás. Lo cierto es que no sé ni por qué escribía así entonces, porque yo nunca lo he visto así, tampoco en ese momento. Pero a veces es tan difícil liberarse de las normas de la sociedad y decir claramente algo diferente...

No obstante, lo que más me desagrada es todo eso sobre las obligaciones establecidas para las todas personas con las que estás en relación. ¿Por qué tendría una persona no implicada en la relación que tener derechos u opiniones sobre las demás relaciones? Esto justamente es la mayor clave de mi desencanto con el poliamor.

votar