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15 mayo 2013

¿Mis blogs divididos en etiquetas?


Hablando con un amigo, me dice que aunque digo no querer etiquetas identitarias y no hacer políticas identitarias, con el cambio de mis blogs, he hecho precisamente esto: tres etiquetas que se corresponden en su opinión a tres identidades

Mi reacción inmediata fue decir que no es así, que el blog no está dividido en identidades, sino en temas, además de explicar que yo originariamente no quería dividirme en temáticas, y que por eso había creado mi blog de la forma en la que lo había hecho, pero que acabé rindiéndome ante tanta queja después de años de cabezonería. 

Ahora, después de darle vueltas, sinceramente sigo sin ver que haber divido el blog en temas sea lo mismo que hacer política identitaria. Es cierto que en un lugar hablo de cosas relacionadas con el racismo, en otro con la sexualidad y el género y en el último de forma más personal y menos teórica, aunque igual de política. Sin embargo, no veo que eso los convierta en blogs identitarios. Centrarse en un tema no es lo mismo que crear una identidad en base a ello. No es lo mismo escribir desde una perspectiva queer sobre sexualidades subversivas que escribir siendo queer. No es lo mismo escribir desde la perspectiva de una persona vista como marrón que desde la identidad de ser marrón. No es lo mismo escribir sobre lo que hago, vivo, siento, pienso en/con mi vida que escribir sobre lo que soy. Es cierto, antes escribía y hacía política identitaria. Y este blog está repleto de artículos que lo demuestran. Pero ya no. Tampoco en mis blogs.

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13 diciembre 2011

Mi seudónimo

Según van pasando los años y sigo utilizando este seudónimo, Lille Skvat, más me va resultando indiferente y al mismo tiempo más me identifico con él.

Quiero decir. Después de tanto tiempo y tanta gente que ya me conoce bajo este nombre, tanto por Internet como en la vida real, ahora me resulta imposible cambiarlo a otra cosa. Se ha convertido en una parte de mí. Yo soy Lille Skvat, está claro. 

Y sin embargo, precisamente por eso, desde hace muchos años ha perdido el significado y ahora solo es un significante que es igual a mí. Si no me esfuerzo, ya no veo en esas palabras su significado. Ya no escucho lo de "Mierdecilla". Ahora sencillamente es como si fuera Paco o María. Vamos, un nombre vacío de contenido.


Pero al mismo tiempo, también me voy apropiando más de ese significante unido a ese significado. Por varios motivos. Especialmente porque no tiene género y eso me gusta. Cualquier género puede ser Lille Skvat. Es una combinación abierta que nada dice de mi sexualidad, de mi género, de mi orientación, de mi nacionalidad, de mis ideas políticas, de mi condición como inmigrante, como feminista, como lo que sea. Y eso funciona para mí. Porque aunque muchas veces me he lamentado de no tener un seudónimo más claro en cuanto a mis objetivos o mi lucha, veo que tendría que ir cambiándolo según mi identidad va fluyendo. Y sin embargo Lille Skvat permanece, porque sigo siendo débil, pequeña, sigo siendo insignificante y una mierdecilla para esta sociedad en la que vivimos. Y al mismo tiempo adoro que con este nombre supuestamente negativo estoy creando una voz fuerte, grande, alta y significante para mí y para otra gente como yo.

Por otra parte, el hecho de escribir en español con un seudónimo danés es algo que se adapta muy bien a la persona que soy en la vida de cada día, donde no soy capaz de decir dos frases en español sin mezclar danés, donde tengo una identidad muy mezclada también lingüística y culturalmente. Y al mismo tiempo ayuda a que los hispanohablantes que leéis este blog no asociéis ningún género ni características a mi persona, cosa muy agradable.

Eso sí, ya no hay nadie que me llame esto en la vida real de forma cariñosa o juguetona como sucedía cuando lo elegí como seudónimo. Está demasiado mezclado con mi identidad real y política para hacerlo un nombre cariñoso. Ahora la gente utiliza otros. Y seguramente si hubiera iniciado mi blog ahora, yo también hubiera usado otro seudónimo más cercano a estos nuevos para identificarme.

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08 diciembre 2011

Mis grandes salidas del armario

Si me concentro solo en mi identidad de género y mi orientación sexual, que es en lo que todo el mundo piensa cuando se habla de salir del armario, y si me refiero solamente del momento inicial en el que empecé a definirme de un determinado modo y no cada vez que he tenido que decirle a una persona que no soy parte de sus normas, considero que he tenido que salir del armario muchas veces con etiquetas diferentes. Primero como lesbiana, luego como bisexual, después como pansexual, más tarde como sexual, luego como queer, más tarde como genderqueer, después como transgénero, más tarde como autogénero. Por supuesto, una etiqueta no elimina necesariamente las anteriores. Si a esto unimos mi sexualidad y mis relaciones, también empecé como monógama, que como en la mayoría de los casos pronto se vio que en realidad era monógama infiel "arrepentida", que luego se transformó en semi-monógama todavía interesada en algunas de mis ex, luego como poliamorosa y finalmente como anarquista relacional queer. También he ido pasado de la norma vainilla a definirme como kinky con interés en todo tipo de sexo y en muchas cosas que se consideran parafilias por nuestras sociedades moralizantes y enfermas. Y de hecho  lo último que he añadido es que también soy objetosexual (que en inglés es objectumsexual).

Pero como digo, también se sale del armario en muchos otros aspectos, cualquiera que no sea normativo. Y yo me he visto saliendo del armario como atea, como feminista, como pro-sexo, como anarquista antidemócrata, como enferma psíquica y física, como perteneciente a la clase baja, como inmigrante... Incluso como persona casada, académica o blanca, dependiendo del contexto en el que me estuviera moviendo.

Salir del armario no se acaba nunca mientras se está vivo.

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19 noviembre 2011

Por qué escribo en femenino

Como decía aquí, me gustaría poder utilizar un pronombre neutro para hablar de mí, y si no es posible, por lo general me siento mejor con las referencias en masculino que las referencias en femenino. Y sin embargo, cuando escribo en mi blog, lo hago en femenino. ¿Por qué?

Hay dos motivos:

1. Cuando empecé a escribir mi blog todavía no había salido del armario como persona transgénero, ni siquiera ante mí misma. Educada y socializada como he sido como persona de la que se habla en femenino, he internalizado ese lenguaje, aunque siempre me haya chocado oír frases sobre mí con palabras como "mujer", "chica", "madre", etc. y nunca haya conseguido identificarme con esos conceptos.

2. Ahora que ya estoy fuera del armario si lo mantengo en mi blog es por feminismo. Internet, como todos los demás campos, está lleno de contribuciones de personas de otros géneros que el masculino, pero por lo general se da por hecho que las personas que hay detrás de todo son hombres (cisgénero heterosexuales y masculinos). Por eso, al utilizar el lenguaje en femenino, hago visible que no soy un hombre.

De cualquier modo en los demás escritos que tengo, cuando hablo con otra gente y no publico en mi blog, mezclo géneros. Y eso es lo que me parece más natural para mí.

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16 noviembre 2011

Mi pronombre

Algunas personas me preguntan si prefiero que se hable de mí en masculino o en femenino, y yo suelo contestar que me da igual, que ambas cosas están bien porque ambas cosas en el fondo están mal ya que no soy ni hombre ni mujer. Pero en realidad me doy cuenta de que cuanto más tiempo pasa más me desagrada oír que alguien hable de mi en femenino. Especialmente en determinados contextos noto que no me gusta nada que la gente utilice el femenino, y cuando lo escucho me suele resultar extraño e incómodo. A veces incluso insultante y agresivo. Al contrario, cuando algunas personas utilizan el masculino me siento mejor, no porque crea ser un hombre o me sienta como tal, sino porque veo que aceptan y reconocen mi identidad transgénero. Y porque de algún modo siempre me he sentido más masculina que femenina en casi todos los aspectos. De hecho cada vez me identifico más con lo masculino y menos con lo femenino. Especialmente me agrada que la gente intercambie y que utilice el pronombre que siento más adecuado en el momento. Claro que eso es difícil para ellos.

Si pudiera elegir haría que todo el mundo me tratara utilizando zie (me gusta más que ze) en inglés o høn en danés, que son pronombres neutros con los que me identifico. En español no tenemos tal suerte. Lo más cercano es ello, pero es para cosas y no para personas, y yo me siento muy persona. Además tenemos la desgracia de acabar casi todas las palabras eligiendo un género. Y yo en muchísimas ocasiones (la mayoría, diría) odio cuando las palabras acaban en -a para referirse a mí. Preferiría que acabaran en -o o sino mejor todavía, en algo neutro como -e.

Sin embargo, y ya lo sé, mi blog está escrito en femenino. Pero hay un motivo, que explicaré en una de las siguientes entradas.

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10 noviembre 2011

Anarquista relacional

Como decía aquí, he dejado de usar el término poliamor para referirme a mí. Y en mi propio blog he cambiado la descripción que hay bajo el título a anarquista relacional. La palabra, al igual que su símbolo (este que veis aquí), los he sacado del ambiente queer sueco, con el que ahora me identifico más. Con ella no quiero decir que soy algo, sino que vivo de un determinado modo, pero también que mi ideología es esa. 

Lo que explico a continuación es mi propia forma de entender las relaciones. No sé si se corresponde con exactitud con el término sueco anarquía relacional, pero creo que si no es así, se parece bastante. Necesitaré conocer a más gente que viva así para ver si ellos ven las cosas como yo.

Cada relación establece sus propios principios y no hay NADA que esté predispuesto o que sea un requisito esencial para tener una relación con alguien. Cada 2 personas (o más si la relación se inicia con más de 2 personas) establecen un acuerdo que también se va cambiando según tanto las personas como la relación que han establecido entre ellas evolucionan. Ese acuerdo puede incluir cualquier cosa y es independiente del acuerdo que se tiene con las otras personas con las que se tiene una relación. Con todas las personas se tiene potencialmente una relación. Amistad y amor no se separan. El sexo no es algo excluyente para definir el tipo de relación que se tiene. Y tampoco es algo que solo se tiene con una de las relaciones necesariamente. Tener sexo con alguien en algunas ocasiones no significa necesariamente que se desee tener siempre ni que se pueda contar con ello, dependerá de lo acordado. Compartir con alguien la cama o la casa no significa que esa persona tenga prioridad, derecho a saber, derecho a vetar, derecho a decidir sobre aspectos que no le conciernen, etc. No hay jerarquías. Solo acuerdos diferentes. Y tampoco celos, porque nadie tiene propiedad sobre nadie, nadie miente a nadie y nadie tiene más derechos, mayores prioridades o una posición más elevada.

Básicamente se trata de tener una vida en la que puedas explorar diversas posibilidades de modo también diverso con cualquier persona por la que sientas algún tipo de interés. Una vida en la que las relaciones se ven como lo que surge como resultado de un acuerdo, negociación, contrato, alineación de expectativas o como se desee llamarlo. Y lo que puede surgir es completamente diferente con cada persona e independiente de lo que se tiene con las demás personas. Una vida en la que se acepta que las relaciones son algo fluido, igual que lo son los sentimientos, los deseos, las identidades, etc. Una vida en la que las obligaciones, la forma de organizarse, la estructura de tus relaciones y demás se adapta a tus necesidades y las de las personas con las que estás y no a lo que la sociedad impone como normas fijas. Una vida en la que cada relación se establece con libertad y respeto. Y en la que nadie se siente oprimido, engañado, inseguro, abandonado... 

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08 noviembre 2011

No soy poliamorosa

Había dicho que tenía que actualizar mi blog y todavía no lo he hecho. No sé por qué me cuesta tanto escribir estas entradas que son las que considero más importantes en el blog. Después de un tiempo utilizando la palabra "poliamorosa" sin sentir que me pertenece del todo, porque no me identificaba ni con los polis que he ido conociendo ni con las explicaciones que he ido leyendo y escuchando, finalmente he decidido dejar de utilizar ese término para hablar sobre mí. No porque en sí mismo tenga nada malo. Sencillamente no es lo que yo soy ni lo que yo vivo. Y lo cierto es que no es nada nuevo en mí dejar de utilizar una etiqueta que antes me aplicaba y por la que todavía sigo haciendo política y activismo. Por ejemplo, bisexual.

¿Por qué no quiero decir que soy poli entonces? Porque aunque tenemos algunos aspectos comunes, hay muchos otros que he descubierto que no compartimos. Bueno, descubierto... lo sabía desde el principio en algunas cosas, en otras lo he ido averiguando y reafirmando.

¿Pero entonces por qué utilicé ese término? En realidad porque lo veía, igual que la bisexualidad o ser transgénero, como un término abarcativo o paraguas que incluía muchos tipos de relación. Pero aunque sigo viéndolo así, ahora he llegado a la conclusión de que no incluye mi tipo de forma de relacionarme aunque incluya muchas otras formas cercanas.

Y además, me había costado tanto encontrar una palabra con la que explicar mi modo de vivir que cuando por fin creí encontrar una que era muy próxima, me abrió la puerta a un montón de información y gente que no había encontrado anteriormente. Es un poco como ser transgénero, no tener una palabra para ello y encontrarse con el término "travesti". A mucha gente le abre una puerta a su identidad, aunque no sea la misma.

Es cierto que igual que los polis creo que se puede amar a muchas personas al mismo tiempo. También creo que tener sexo con varias personas no supone ser infiel. No utilizo la palabra infidelidad porque para mí no tiene sentido. Y tener varias relaciones sentimentales y/o sexuales al mismo tiempo no es algo imposible sino todo lo contrario. El amor, la pasión, el deseo, la comunicación, la amistad y demás no se ven disminuidos porque haya otras personas, ya que los sentimientos no existen en un nivel determinado y si entregas a alguien el 70% de tu amor solo te queda el 30% para los demás. Además pienso que es beneficioso hablar las cosas claramente y que la sinceridad es la base de una relación. Y creo en la negociación de los términos de cada relación. 

Y sin embargo, como digo, con el paso del tiempo he ido viendo que los polis tienen unas reglas para relacionarse que yo no comparto. De hecho, no entiendo las relaciones como los polis: 
  1. Porque nunca he sabido y nunca creo que sabré cuál es la diferencia entre sentir amor por un amigo y por una pareja. Amor de amigo como algo diferente es algo que nunca me ha cabido en la cabeza. ¿Diferente de qué? Lo mismo que esa imposibilidad de sentir deseo por los amigos o tener sexo con ellos. ¿Por qué? O incluso llegar a formar una estructura familiar estable con ellos y compartir cosas que la sociedad dice que solo se deben compartir entre personas en una relación monógama. A mis amigos los quiero mucho, ¿por qué no incluirlos en mi vida del modo que me apetece si ellos también lo desean?
  2. Porque tampoco he entendido nunca la diferencia entre amor y estar enamorado. Parece que estar enamorado es algo que tiene unas reglas que yo tampoco cumplo ni entiendo. Me dicen que es algo que solo sucede al inicio de una relación, algo que se reconoce cuando se siente, algo que hace que no pienses en otra gente, algo que te obsesiona y te vuelve celoso y posesivo, algo que tiene que ir unido al deseo sexual, algo que no se siente jamás por los amigos, algo que no puede ser intermitente, algo que hace que no veas los fallos en la otra persona, algo que sucede muy pocas veces en la vida, algo que depende de géneros, algo que... Pues me parece muy bien, pero yo no lo veo así, nunca lo he visto así y no creo a este paso que lo vaya a cambiar. 
  3. Porque no entiendo todo ese rollo de relaciones primarias versus relaciones secundarias o cualquier otra palabra que utilicen. Según lo veo, los polis acaban siempre teniendo 1 relación que ven como la que impone las reglas y otras que son las que se tienen que adaptar y aceptar las reglas de la primera e importante. Para mí eso es completamente incomprensible. 
  4. Porque no creo que con todas las personas con las que establezco una relación me tenga que relacionar del mismo modo ni tenga que sentir lo mismo o hacer lo mismo. No todas mis relaciones necesitan tener sexo aunque tengan amor. Y no necesito tener amor para poder permitirme tener sexo con alguien. No con todos mis amantes quiero vivir. Ni con todos me plantearía tener una familia. No con todos quiero tener o siento el mismo nivel de confianza ni deseo compartir las mismas cosas. Pero los polis parece que solo aceptan relaciones de un determinado tipo fuera de su relación principal. Por lo general no pueden tener sexo sin amor. O en algunos casos es al contrario, solo pueden tener sexo estable pero sin enamoramiento. Y por supuesto es con esa supuesta relación primaria con la que se crean familias, se vive, se comparten las cosas, etc. 
  5. Porque las jerarquías de poder en las relaciones me enferman y creo que los polis por mucho que digan que hacen lo contrario, no dejan de establecer relaciones como todos los demás, en las que uno está por encima y otro por debajo, unos amantes están por encima y otros por debajo.
  6. Porque parece que todos los polis que conozco inician su relación de forma monógama y luego la abren debido a su necesidad de amor y sexo con otras personas, con lo que hacen de esa relación monógama inicial el centro. Y yo no quiero centros que definan mis relaciones con nadie. Ni sentir que tengo que pedir permiso a nadie para poder tener amor, sexo, amistad o lo que quiera. Ni que alguien fuera de una relación concreta defina que está bien o mal tener tal pero no tener cual.
Según yo entiendo las relaciones me resulta imposible tener jerarquías y establecer reglas con una persona que se tengan que aplicar a otra. Entre los polis se habla mucho de celos, de derecho al veto, de obligaciones al organizarse, de establecer prioridades, etc. También se tiene una idea muy estática de las relaciones. No parece ser posible tener relaciones que no estén claramente definidas por adelantado. Y lo que es todavía más extraño, también tienen una idea completamente estática del hecho de ser poli. Precisamente muchos van diciendo que son polis igual que son heteros, homos, blancos o lo que sea. Creen que han nacido con una predisposición natural a amar a varias personas. O que no les vale con tener relaciones sexuales estables solo con una persona. Creen de hecho que son diferentes a la mayoría porque ellos SON polis, aman más, desean más y por eso son más sinceros, porque sus relaciones monógamas no funcionaron y han aprendido a vivir del modo que se adapta a sus necesidades y su forma especial de ser.

Pues bien, yo no soy nada. Yo elijo vivir de una determinada forma. Y esa forma evoluciona y va cambiando según la gente con la que me encuentro y la vida que voy teniendo.

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04 noviembre 2011

FtX

Durante una época ya larga he tenido puesto en mi blog que soy una persona FtX, pero no lo he explicado más allá de lo que pone en la entrada sobre mi identidad de género. Así que voy a desarrollarlo un poco más.

Para empezar el término es inglés, Female to X. es decir, Mujer a X. Está basado en los muy comunes FtM y MtF, es decir, Female to Male (Mujer a Hombre) y Male to Female (Hombre a Mujer) que utiliza la comunidad trans. Sin embargo, para gente como yo, esos dos términos no son útiles, porque yo no soy una persona transgénero con una identidad de género opuesta a mi género biológico. Es decir, no soy un hombre en un cuerpo de mujer, y por tanto no puedo identificarme con esa idea de ser FtM, aunque en muchos aspectos sea lo que más se parece a lo que vivo.

Por eso mismo la gente como yo hemos buscado otro término. En algún sitio leí que había gente que utilizaba el término FtQ, es decir, Female to Queer, pero aunque esto está un poco más cerca de lo que busco que FtM, tampoco me valía, ya que no creo que se pueda ser queer por mucho que se tenga un discurso queer. Por tanto, en algún momento de desesperación se me ocurrió poner una X a eso que no puedo identificar con el vocabulario tan limitado que tenemos. Después buscando he encontrado que hay alguna gente (no mucha pero existe) que también usa la X como descriptor de la identidad de género a la que están en transición. Es decir, que el término existe, aunque a mí me surgiera como opción desesperada.

De todos modos, sigo teniendo problemas con ese nuevo término. Porque X no es suficientemente específico. Pero sobre todo, porque F da a entender que originariamente tenía un cuerpo de mujer, y no estoy para nada segura de ello. O una identidad de mujer. Y de eso todavía estoy menos convencida. Sin embargo, me gusta que el término muestra que hay una transición, un paso de algo a algo, y no sencillamente una identidad. Porque siento que mucha gente genderqueer no vive una transición y yo sí, y por eso mismo para mí es muy importante definirme como persona transgénero, no solo genderqueer.

Ahora me voy a centrar en los dos problemas que tengo con las letras F y X.

Decir que el origen de mi transición era una F, es decir, una mujer, en el fondo para mí es un absurdo. Aunque es cierto que cuando nací, viendo mis genitales, los médicos decidieron que era una niña, no estoy para nada de acuerdo en que mi sexo biológico sea mujer. Sencillamente no entiendo que eso se pueda definir con mirar mi cuerpo. Se trata más bien de una interpretación de lo que se ve basándose en las ideas de la sociedad en cuanto a géneros. ¿Sabían los médicos si mis cromosomas eran XX o cualquier otra combinación? ¿Me analizaron mis hormonas para saber si los niveles se correspondían con lo que ellos llaman mujer? ¿Estudiaron la estructura de mi cerebro o me hicieron un estudio ginecológico para ver si todo seguía sus predicciones? Por supuesto que no, porque no se lo hacen a nadie. Miran tus genitales externos y deciden que tu sexo es mujer. Aunque biológicamente un gran porcentaje sea intersexual, las decisiones que ellos toman no lo reflejan. 

Pero es que además, ¿quién dice que mi género fuera mujer aunque mi cuerpo hubiera tenido todos los componentes de una mujer? Si decidimos que el género y el sexo son dos cosas diferentes (no estoy tan segura, y de esto tengo que hablar en otra entrada), mi género podría ser cualquier otro del gigantesco espectro. ¿Por qué entonces tengo que decir que parto de una F de mujer si no reconozco que ni mi género ni mi sexo hayan sido femeninos desde el inicio? 

Pues bien, lo hago por un motivo. La forma en la que he sido socializada me ha otorgado una identidad de mujer en diversos planos: el jurídico, el social, el biológico... Por eso, incluso no siendo mujer, mi vida infantil se ha desarrollado dentro del marco que se establece para una mujer. Mi nombre es femenino. He ido a una escuela durante los primeros años de mi educación donde solo había "niñas". Mi familia me ha educado dentro de unos roles de género femeninos. Mis papeles oficiales llevan todos escritos el marcador de género femenino. Mis parejas sexuales durante años me vieron como a una mujer, muy masculina, pero mujer al fin y al cabo. La gente se ha referido a mí a través del lenguaje utilizando pronombres y terminaciones femeninas. Mis médicos asocian algunas de mis enfermedades a mi supuesto sexo biológico. Y un largo etcétera. Es decir, he crecido como una mujer incluso sin sentirme nunca como tal. Y por tanto me veo en la obligación de desmontar todas estas construcciones de género que me han ido aprisionando dentro de la F de mujer.

Sin embargo, dada esta explicación, la forma más correcta para mí sería decir que soy XtFtX. Es decir, que nací como algo no identificado a lo que llamo X, me socializaron como mujer y ahora me estoy liberando y volviendo o mejor dicho tomando una identidad X que no es mujer.

En cuanto a la X, tampoco me termina de convencer por varios motivos. Para empezar, al poner una X parece que se está diciendo que hay 3 géneros: F, M y X. Es decir, mujer, hombre y X. Siendo la X entonces o bien un supuesto tercer género o un enorme conglomerado de todos los demás géneros. Yo por supuesto me lo tomo como lo último y en ese sentido lo utilizo. Como otro término paraguas o variable que se puede sustituir por todos los géneros existentes excepto mujer y hombre. 

Además sé que hay gente que ve la X como un lugar intermedio entre la F y M, y yo para nada lo veo así, porque no entiendo (aunque en algún momento lo haya hecho) los géneros como una línea con dos extremos que son mujer y hombre, sino más bien como una red multidimensional en la que hay multitud de géneros dispersos sin extremos ni opuestos.

Pero la razón más importante por la que no me gusta la X es porque parece sencillamente que es algo concreto a lo que estoy avanzando y no estoy de acuerdo. La X originaria del XtFtX era algo concreto, porque era el punto de partida de mi cuerpo y de mi género. Pero la X de después de la F no puede ser algo concreto, porque mi identidad de género va cambiando con los años y lo hará seguramente mil y una veces más. Entonces la identidad tendría que ser algo como XtFtAtBtCt... Es decir, una larga lista de variables que representen géneros diferentes por los que voy transicionando. Y el primero no puede ser el mismo que el género con el que nací, la dichosa X, porque no creo que se pueda volver a ese género/sexo originario. 

Resumiendo, en realidad lo que sería es XtFtAtBtCt... Sin embargo, por aproximación a la terminología trans he decidido simplificar y usar FtX, que básicamente significa que me socializaron como mujer pero que estoy en transición (perpetua) a una identidad de género que no va a ser hombre ni mujer ni algo intermedio ni algo tercero.

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02 octubre 2011

Otra vez tengo que cambiar mi autodefinición

En los siguientes días cuando reúna un poco de tiempo tengo que volver a cambiar unas cuantas cosas esenciales de la explicación sobre quien soy, porque otra vez siento que lo que digo está desactualizado. Llevo sintiéndolo una época ya (como me pasa cada vez), pero ahora ha llegado el punto después de un par de vivencias en el que no lo aguanto más, tengo que cambiar algo... y también explicar lo que he vivido.

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23 agosto 2011

Mi identidad la conoce medio mundo

Desde el principio he tenido la intención clara de que este blog y mi identidad como persona fuera del ordenador fueran dos cosas independientes y que no se pudieran relacionar. Motivos para ello hay muchos:
  • Desasociar la idea de blog personal a una persona. (Activismo bloguero).
  • Hacer de este blog una herramienta de activismo en la que, mezclando mi vida personal, muestro las múltiples facetas, y no solo un tema de interés, que tiene una persona activista. (Activismo sobre la multiplicidad y fluidez de las identidades).
  • Por tanto hablar sin tapujos de mi vida personal y la gente que me conoce fuera del ordenador también. (Búsqueda de mostrar sinceridad en su extremo).
  • Evitar las locuras de los troles que no conozco y que creen que por leer algo en mi blog sobre mí o mis ideas tienen derecho a agredirme verbalmente, con lo que imagino que físicamente también sería posible. (Precaución).
  • Evitar los avances sexuales de gente que cree que porque escribo como escribo en mi blog tiene derecho a ser agresiva sexualmente. (Más precaución).
  • Tener dos identidades, y que sea la que vive bajo el seudónimo la que es propietaria de este blog y no yo como persona. (Activismo sobre los derechos de autoría).
  • No tener un único nombre asociado a mi persona. (Activismo lingüístico desuniendo los significantes de los significados).
  • No asociar mi activismo físico con mi activismo cibernético. (Libertad).
Sin embargo, esta intención originaria, que al principio funcionaba perfectamente, cada día me es menos posible por circunstancias que no puedo controlar. Si bien es cierto que yo a veces doy demasiados datos que hacen que alguna gente que me conoce fuera del ordenador y también lee mi blog pueda identificarme (me ha sucedido varias veces), por lo general la causa es otra: una persona que lo sabe se lo dice a otra. Así, aunque yo de mi boca solo se lo he contado o confirmado a unos cuantos amigos, ahora sé que de algunas de esas bocas la noticia se ha expandido enormemente. Es una cadena que es imposible controlar.

Aunque en realidad supongo que no tiene tanta importancia (o eso espero si no se vuelve peligroso, porque a veces llega a agobiarme, recibo muchos emails muy agresivos), me gustaría poder tener yo las riendas de lo que decido o no decido hacer con mi vida, y que la gente respetara esas opciones y decisiones que me corresponden a mí tomar.

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29 julio 2011

Los tímidos como egoístas

Hasta hace muy poco no era consciente de que los tímidos somos considerados por muchas personas extravertidas como egoístas, egocéntricos e indignos de confianza. Como persona tímida e introvertida, toda mi vida he pensado que otra gente que también mostraba timidez lo hacía por motivos similares a los míos: inseguridad, falta de autoconfianza, tendencia natural a no decir tanto como otra gente, reflexividad, introspección, interés en escuchar a los demás. Ni se me había ocurrido que alguien pudiera tener prejuicios negativos de ese estilo hacia alguien que no intenta ser el centro de atención de una conversación o que no va contando a cualquiera con el que se cruza los detalles de su vida. De hecho, los prejuicios negativos los he tenido yo, pensando que si alguien busca ser el centro y va contando todo sobre su vida a cualquiera es porque es egocéntrico y en el fondo no muy interesado en los demás. Así que es muy interesante ver que la misma tortilla se ve de forma completamente opuesta al mirarla por (y con) la otra cara.

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27 junio 2011

No soy mujer pero algunas escenas entre mujeres me llegan más

Hay algo que me confunde, me sorprende y me parece de esperar, todo al mismo tiempo. Como ya sabéis, aunque el género que me asignaron de pequeña fue mujer, nunca me he sentido del todo una mujer. En los últimos años he empezado a liberarme de esa etiqueta, primero identificándome como queer y finalmente como persona transgénero. Y sin embargo, me doy cuenta de que cuando veo escenas de amor y sexo entre dos mujeres en una película me llegan de una forma que no me llegan ni las escenas heterosexuales ni las que hay entre dos hombres. Solo el sexo y amor entre mujeres o el sexo y amor con transgéneros o intergéneros produce en mí esa identificación, esa sensación de que algo me afecte más. Y es curioso porque en mi vida hasta ahora creo que he tenido aproximadamente la misma cantidad de sexo con mujeres que con hombres, y en ese sexo siempre ha habido una persona trans: yo. Por eso, no entiendo por qué tendría que sentir una conexión más directa con un determinado tipo de sexo, y sin embargo compruebo casi cada vez que es así. Y al mismo tiempo, siendo socializada como he sido como mujer y teniendo una identidad andrógina supongo que es más comprensible que me identifique con mujeres y personas andróginas que con hombres. ¿Pero por qué no tengo esa misma conexión viendo escenas de sexo heterosexual cuando es algo que no está tan lejos de mi propia vida?

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12 marzo 2011

Soy trans... Y silencio

Hace varios meses estaba en Skype con una de mis mejores amigas en España. Después de varias conversaciones en las que había estado hablando de mis salidas por Copenhague con grupos T, al final se decidió a preguntarme: Pero... uhm... eh... ¿por qué tienes tanto interés en los asuntos transexuales? Es cierto, en ningún momento le había dicho que me considero trans o genderqueer. Ella sabía que me consideraba queer y pansexual, pero no habíamos llegado a esa explicación. Mi respuesta rápida y tranquila: Bueno, pues porque soy trans. Después de decirlo, pausa más larga de lo normal y es ahí cuando me doy cuenta de que acabo aparentemente de soltar una especie de bomba que no se esperaba. Me río y espero hasta que me dice algo: Bueno, qué curioso. Y lo siguiente fue un cambio de tema a algo completamente diferente. Desde entonces por distintos motivos casuales no hemos vuelto a hablar. Pero algo me dice también que la noticia ha sido recibida con algo más que sorpresa. Y mira que sé que ya está acostumbrada a llevarse sorpresas al hablar conmigo... Pero supongo que será como cada vez. Tendrá que acostumbrarse a la idea, pero en un tiempo le parecerá que lo ha sabido siempre.

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01 febrero 2011

Definiendo mi oficio

Sobre esto podría escribir mucho y muy concreto, pero voy a centrarme en dos cosas más generales.

Primero, no entiendo por qué la gente define su oficio por lo que estudió en la universidad o la empresa en la que es contratado. ¿Qué soy yo si he estudiado muchas cosas, he trabajado en muchos más campos muy diferentes y he aprendido muchas cosas en sitios que nada tienen que ver con el mundo académico o laboral? ¿Cuál es mi profesión si dedico más horas a actividades que no me dan ningún dinero que a mi verdadero trabajo o estudios?

Segundo, prefiero hablar de lo que quiero ser o lo que creo ser que lo que la sociedad decide que soy. Así, digan mis títulos y mi experiencia lo que digan, yo me considero: 

  • Una eterna estudiante, porque no puedo dejar de interesarme por aprender más.
  • Una activista, porque para cambiar las cosas que a uno no le gustan hay que hacer algo.
  • Una trabajadora en el sentido clásico, porque mis orígenes, mi actitud y mis tendencias políticas están con los trabajadores. Porque para ganarme la vida tengo que trabajar.
  • Una autodidacta, porque para tener un oficio cada vez más cercano a mis intereses me tengo que formar yo buscando mi camino.
  • Una autónoma, porque para evitar caer en las redes de las relaciones de poder en las estructuras de trabajo he tenido que abandonar la forma habitual asalariada de los trabajadores.
  • Una bloguera, porque dedico más tiempo a este blog que a muchas de las actividades que se consideran oficios aunque no reciba ninguna satisfacción económica por ello.
  • Una humanista, por los temas que me interesan y porque mi formación es mucho mayor en este campo.
  • Una lingüista, porque disfruto diseccionando las diversas lenguas del planeta.
  • Una viajera, porque si tuviera la economía necesaria viajaría sin pausa.
  • Una especialista en interculturalidad, porque el mundo es tan diverso que centrarse en un solo lugar para mí no tiene sentido.
  • Una especialista en LGBT+, porque muchas horas de mi vida laboral y académica van dedicadas a este tema.
  • Una política, porque cada vez uso más tiempo en eventos y campañas políticos.
  • Una escritora, porque cada día escribo.
  • Una pensadora, porque para eso tengo el cerebro.
  • Una lectora, porque con toda la información que hay disponible, no sé cómo se puede evitar leer.
  • Una investigadora, porque tanto en mi vida académica como en mi vida laboral y de ocio uso mucho tiempo en investigar.
  • Una...
Me pregunto cómo es posible que a los demás cuando les preguntan a qué se dedican, sean capaces de contestar una única cosa como "soy médico" o "estoy en el paro". En mi opinión, hay que ser un poco más independiente de lo que la sociedad espera de ti.

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28 enero 2011

Definiendo mi personalidad

Sé que en este blog doy una imagen de mi personalidad muy concreta que creo que es bastante diferente de la imagen que yo tengo de mi propia personalidad. Aquí parezco muy abierta, extravertida, segura de mí misma. También probablemente bastante egocéntrica y dura. Y es curioso porque yo tengo la opinión contraria. Tímida, introvertida, muy insegura en muchos aspectos, cerrada en mi mundo, muy retraída, con tendencia a no hablar demasiado, débil, sensible, fácil de derrumbar, desequilibrada y la típica persona que en los grupos escucha y prefiere aprender de los demás.

Creo que es difícil dar una visión objetiva de uno mismo cuando se escribe un blog. Aquí hablo todo el rato de lo que YO digo, lo que YO pienso, lo que YO soy, lo que YO interpreto. Eso me da una voz muy alta que no sé si tengo en la vida real.

Por otra parte, la personalidad también cambia con el tiempo. Creo que no soy la que era y al mismo tiempo soy la misma. Además siento que en la última época me he transformado. La edad también me ha transformado, con todas las vivencias que conlleva. La gente que voy conociendo también me va cambiando. Lo que soy hoy seguramente ya no lo seré en unos años...

Y lo que es todavía más importante: la personalidad también es contradictoria y diversa. Se puede ser segura e insegura, tímida y abierta, sensible y dura, fría y apasionada, racional y supersticiosa, atrevida y cobarde, seria y sonriente... O al menos todas estas palabras creo ser yo.

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24 enero 2011

Definiendo mi orientación sexual

En la presentación del blog de hace un par de años dije que era bisexual y lo cierto es que ya hace mucho tiempo que no me defino así, aunque sigo haciendo política y activismo bisexual y aunque creo que mi orientación sexual se puede englobar dentro de la B del colectivo LGBT+.

Como con mi género, hay varios términos que utilizo para hablar de mi orientación sexual.

Para la gente que es heterosexual y/o cuando no tengo muchas ganas de explicarme, todavía sigo diciendo que soy bisexual, porque es un término fácil que todo el mundo reconoce y (semi) entiende. Al menos diciendo esto comprenden inmediatamente que no soy heterosexual y eso es lo más importante para mí. Por lo general, cuando estoy entre homosexuales y no tengo ganas de explicarme también saco este término como bandera y lo hago para que entiendan que no soy "solo homosexual", para hacer visible a la gente que no somos gays o lesbianas dentro del ambiente LGBT+.

Sin embargo, cuando tengo ganas de explicarme, o cuando estoy entre bisexuales, nunca digo que soy bisexual. Esto se debe a mi forma de entender los géneros. Para mí decir que soy bisexual no tiene sentido a no ser que sienta que solo hay dos géneros que me atraen y desde luego que no es el caso. Como considero que hay miles de géneros, tal vez millones, y también que potencialmente me siento atraída por personas de todos los géneros, hablar de mi bisexualidad es un absurdo. En principio podría ser polisexual si muchos géneros me atrajeran y otros no. Pero tampoco es así. Yo creo que todos los géneros me atraen. Y por tanto me identifico a mí misma como pansexual, que es lo que otros llaman omnisexual.

De cualquier modo, he encontrado un truco para poder utilizar la palabra bisexual teniendo esta idea de género que yo tengo. Si digo que soy bisexual puedo referirme a que me atraen las personas de mi género y las personas de todos los demás géneros que no son el mío. Con ello obtengo un binomio que me permite la palabra que entiende la mayoría: BIsexualidad.

En realidad, aunque sea pansexual, tampoco suelo utilizar ese término para definir mi orientación sexual. La palabra que considero más adecuada es queer. Con ello mato varios pájaros de un tiro y no me meto necesariamente en cajas que no me convencen. Como queer ante todo lo que estoy diciendo es que no soy straight, es decir, que no me identifico ni con la sociedad ni con la moral heteronormativa. Soy parte de la gran comunidad de personas no heterosexuales. Pero igual de importante es para mí que con este término digo con claridad que estoy en contra de las etiquetas y la normatividad, tanto hetero-, como homo- como binormatividad. Ha llegado un punto en el que tampoco me gusta identificarme con las reglas igual de restrictivas de los homos o bis. Yo tengo otras visiones sobre la orientación sexual, el género y las relaciones interpersonales.

De hecho, si soy estricta, me resulta casi imposible entender cómo alguien puede definirse a sí mismo como heterosexual, homosexual o bisexual. Con ello quiero decir que considerando que hay miles de géneros no comprendo muy bien en qué se basan esas palabras. ¿Cómo se puede ser homosexual si es difícil (si es que no es imposible) encontrar a personas de tu mismo género? ¿Cómo se puede hacer de la heterosexualidad una orientación sexual excluyente si en realidad casi cualquier persona tiene otro género que no es el tuyo? ¿Cómo se puede entender la heterosexualidad como que no te atraigan las mujeres o los hombres cuando hay tanta gente que no es ni lo uno ni lo otro, cuando probablemente uno mismo no es ni lo uno ni lo otro? ¿Cómo se puede decir que se es bisexual y con ello reforzar la creencia de los dos géneros?

Al igual que queer, hay otro término que sí que creo que me describe, y este todavía de manera más precisa. Soy sexual. Es decir, tengo una sexualidad, en contraposición a la gente que no la tiene y es asexual. Dentro de mi sexualidad soy tanto autosexual, porque me puedo sentir sexualmente atraída por mí misma, como heterosexual, porque me puedo sentir sexualmente atraída por todo lo que no soy yo misma. 

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19 enero 2011

Definiendo mi edad

El siguiente punto de mi definición sigue siendo igual a lo que dije en mi presentación de hace un par de años. Es decir, sigo estando en los treinta. Sin embargo, ahora que estoy desarrollando estos puntos, quiero aprovechar para hablar de esto también.

Parece que de repente he llegado a la mitad de la treintena y no sé muy bien cómo ha sucedido. Me dicen que eso le pasa a todo el mundo y la verdad es que, aunque en cierto modo es así, me parece que en mi caso es extremo. Hasta hace nada la gente por la calle me identificaba con un chico joven. De hecho teniendo veintimuchos todavía podía permitirme el lujo de entrar a algunos sitios pagando una entrada infantil y tenía que mostrar mi identificación para poder acceder a locales para adultos. Increíble pero cierto. Y ahora de repente tengo que verme en una nueva luz, la de una persona adulta que bajo cualquier estándar no pertenece a los jóvenes y siento una especie de desconexión con mi edad. Siempre me he relacionado con gente mayor que yo. Siempre he querido ser mayor que lo que era. Y ahora de repente me sorprendo de ver lo "mayor" que soy sin haberme dado cuenta. Esto debe de ser algún tipo de disforia.

Y aun así cuando me miro en el espejo me sigo viendo como una persona en el inicio de los veinte. No me he convertido en la supuesta mujer que se esperaba de mí. Ni físicamente ni en mi estilo. 

Creo que una parte de mi desconexión con mi edad se debe a que no vivo la vida que una persona en la treintena suele vivir. Ni en mi vida laboral, ni en mi vida estudiantil, ni en mi vida personal parece que me he convertido en esa adulta que debería ser según los estándares de nuestra sociedad. Y sin embargo tampoco creo que mi vida en esos aspectos fuera la habitual cuando era joven. 

Me resulta muy difícil identificarme con las mujeres que tienen mi edad. Ni tengo su aspecto, ni tengo su vida, ni siquiera tengo su género.

Otra cosa que me sorprende es la importancia que esto de la edad parece tener en la sociedad. Incluso para el amor o el sexo. Parece por ejemplo que hay que buscar una persona con la que tener relaciones de tu edad. Si como yo te enamoras de alguien que está casi en los 50, aunque en mi mundo apenas haya diferencia, la gente reacciona claramente con sorpresa y con cierto rechazo. Parece pues que no solo hay un supuesto género del que te tienes que enamorar, también hay único un rango de edad aceptable.

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14 enero 2011

Definiendo mi género

Cuando escribí mi presentación en este blog hace casi tres años dije muy claramente "soy mujer". Ahora al leerlo me hace sentir que tengo que cambiar la descripción. En otros sitios ya lo he hecho, pero aquí todavía no, porque quería esperar a escribir esta entrada. Y el caso es que me resulta tan difícil hacerlo que lo he ido dejando durante meses.

Mi género. No soy mujer. Tampoco soy hombre. Soy genderqueer. Eso en español no tiene una palabra. Lo que quiero decir es que problematizo la etiqueta de mi género y que desde luego no quiero que sea parte de un sistema binario en el que no creo. Los humanos tenemos muchos géneros, no solo hombre o mujer. Y yo no creo que el mío haya sido nunca ninguno de esos dos. 

También soy transgénero, porque esa palabra se refiere a un concepto que incluye a muchas personas, entre ellas las que son como yo. No soy transgénero en el sentido de no estar conforme con mi cuerpo. No necesito operarme para sentir identificación con mi cuerpo. Tampoco deseo cortar ninguna parte. Pero si tuviera otro cuerpo diferente, por ejemplo el que uno identifica con el de un hombre, también me parecería igual de aceptable. Tampoco buscaría cambiarlo por medio de operaciones. Aunque en realidad mi ideal es algo que la gente considera intermedio. Yo estaría más feliz con un cuerpo intersexual, con atributos de los que se consideran femeninos y otros de los que se consideran masculinos. Y también con una apariencia que hiciera dudar al que me ve, o mejor dicho, que evitara que se me identificara con claridad como mujer o como hombre. Ahora con ropa a veces sucede eso. Pero sin ropa es más difícil. Por ese motivo, si fuera posible y sano, me plantearía tomar hormonas para conseguir ese aspecto "andrógino" con el que creo que me sentiría más identificada.

Tampoco soy transgénero en el sentido de sentir que soy un género en mi cabeza y tener otro género en mi cuerpo. Sino en el sentido de estar en transición en mi identidad de género desde supuesta mujer hasta un género no definido que llamo X. Por eso lo que soy es FtX, como pone en el subtítulo de mi blog, que significa Female to X, es decir, de mujer a X. Puedes leer más sobre esto aquí.

Creo que mi cuerpo tiene algunas características que me hacen pensar que soy intersexual. Es decir, que tampoco físicamente me identifico completamente con lo que biológicamente se identifica con una mujer. Y mentalmente sin duda me siento muy identificada con ser una persona intergénero.

Desde luego en los roles de género de lo que son las mujeres y los hombres no estoy nada de acuerdo ni lo he estado nunca. Jamás he sabido comportarme dentro de lo que se esperaba de mí "como mujer". Yo soy yo, no mi género.

Eso último me lleva al último término de esta entrada y al que creo que me describe verdaderamente y que explica mejor mi forma de ver el mundo. En realidad creo que lo que soy es autogénero. Con ello quiero decir que tengo mi propio género que es diferente al de los demás, o al menos diferente a los géneros que yo he encontrado por ahora. De hecho, si unimos todos los componentes que conforman un género (el físico, el percibido, el mental, los roles, etc.) creo que el número de combinaciones es seguramente igual al número de personas, por lo que cada persona tiene un género único.

Pero, esto no significa que no sienta identificación con la lucha de las mujeres y el feminismo. Muy al contrario.

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10 enero 2011

Definiendo mi raza

Cuando la gente habla de su raza parece que lo tienen muy claro. Yo sin embargo lo tengo, cómo no, mucho menos claro. Para empezar ni siquiera entiendo muy bien qué es el concepto de raza. Como hoy es aceptado por la mayoría, se trata de un término desfasado creado por racistas que en realidad no tiene ninguna base en la realidad. Por ello, es una tarea más que surrealista tener que definirme desde el punto de vista de mi raza. Y sin embargo, viviendo en una sociedad en la que este concepto tiene una gran importancia, la danesa, me veo obligada a tomar una posición en este aspecto en el que básicamente no creo. Absurdo, ¿no?

Veamos entonces a ver si puedo decir algo semi sensato sobre algo insensato.

Como decía en la entrada de la nacionalidad, viviendo en Dinamarca soy más consciente de que mi raza es considerada diferente... y muy importante. Aquí he pasado por ser de mil sitios, desde turca a latinoamerica pasando por francesa o alemana, y también por tener una piel que va desde negro a marrón, cuando en España en realidad tengo la piel blanquísima y el pelo casi rubio. Por eso, aquí yo misma me identifico con los que aquí son considerados "oscuros" o "moros", es decir, los inmigrantes de sitios que no son vistos como "finos". 

Lo que en general no identifican es que sea española, porque para los daneses los españoles típicos son los morenos con la piel oscura, el pelo rizado y la actitud flamenca. Vamos, un poco como los supuestos típicos andaluces o más bien como los gitanos españoles en la fantasía de los payos.

Sin embargo, cuando estoy en España, como digo mi aspecto físico, añadido a mi ropa y la compañía que suele tener, hace que no parezca especialmente española. Allí a menudo se me considera "guiri". Y si no, como una española más. 

Es interesante también que los españoles también piensan en las razas, y lo hacen excluyendo ellos mismos a una parte de los españoles. Se habla de los gitanos españoles como si no fueran españoles. Y por tanto, por descontado se piensa que cuando yo digo que tengo aspecto español no es el de un gitano español.

Pero sigamos con esto de la identidad racial. Como sabéis, los españoles, como la mayoría de los pueblos, son mezcla de muchos otros pueblos y razas. Y yo sé a base de investigar que en mis antepasados hay judíos. Mucha gente considera a los judíos como una raza, ¿cuál es entonces mi supuesta raza? Y lo que es más, ¿quién me dice que entre mis genes no hay también gitanos, árabes, vikingos, godos, griegos, bereberes o cualquier otro de los muchos pueblos que han pasado por la península? ¿O americanos de vuelta después de la conquista hispana de su continente?

Entonces, ¿cómo definirme? Aparentemente los españoles no me identifican necesariamente como española. Los daneses tampoco me identifican como española, y menos como danesa. Y yo no pienso en razas... sino en características físicas. La mejor definición: soy humana. Como todos y cada uno. Y desciendo del mismo grupo humano que surgió en África. Punto.

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05 enero 2011

Definiendo mi nacionalidad

Sigo siendo una mezcla entre la cultura española en la que nací y me crié y la cultura danesa en la que llevo habitando tantos años. Pero también soy una mezcla, aunque en menor grado, de todos esos otros sitios en los que he residido, a los que he viajado, sobre los que he aprendido... Con todo el tiempo que utilizo para aprender y vivir cosas en otros lugares, ya no sé bien por qué debo definirme exclusivamente por la nacionalidad de mi pasaporte y el lugar de mi residencia. Además, en muchas cosas no soy ni me comporto como se espera en España o en Dinamarca. 

Por lo general, creo que la etiqueta "europea" me identifica más que la etiqueta "española" o "danesa". Pero también tengo un dilema con algunos aspectos de mi europeísmo. Muchos rasgos de mi identidad cultural son comunes con otros hablantes del español que no han nacido en Europa. Por tanto soy "hispana" o "hispanohablante", aunque en algunas cosas me siento completamente diferente a esa cultura, tanto la de España como todavía en mayor medida las de los restantes países hispanos. Por otra parte, igualmente se podría decir que soy "danohablante" y eso me asociaría con gente que no ha nacido en Europa, los groenlandeses. Si a ello le añado que soy "anglohablante" el mundo entero puede ser mi casa. Cuando a diario utilizo mucho más otros idiomas que el español, ¿se puede decir que es el español el que me define como persona?

También tengo una identidad de "europea del sur" frente a "europea del norte", pero esto se debe más a que me lo están recordando constantemente aquí arriba. Y lo mismo se puede decir sobre "europea del oeste" más que "europea del este", o "mediterránea" más que "báltica" o "atlántica" aunque no sé por qué debería ser así cuando mis orígenes están en el Atlántico. No obstante, cuando viajo al sur de Europa en tantas cosas me siento como una "europea del norte" que no sé bien si de verdad puedo decir que pertenezco más a una zona que a otra. Como digo, estas son etiquetas que me ponen y que yo en cierto grado he aceptado pero en cierto grado sigo rechazando.

Por otra parte el ser español parece que no es solo una nacionalidad. Muchos lo sienten como una especie de raza. Así desde luego lo noto aquí cuando hablan de mi aspecto físico, o bien el que ven o el que esperaban. E igualmente parece que en España los payos creen que son más españoles que los gitanos nacidos en el país y eso digo yo que se debe a la raza. Y entonces, en ese aspecto, no sé cómo definirme... pero esto mejor lo dejo para otra entrada.

Sé que tengo derecho a tener la nacionalidad danesa aunque no quiero solicitarla. Sé que por ahora cuando tengo que rellenar un papel pongo que mi nacionalidad es española. Sé que mi pasaporte es de la Unión Europea. El resto... no sé. Soy ciudadana del mundo, aunque de unas partes más que otras.  Además esto es algo que cambia con el contexto. Soy inmigrante más que nacional de un sitio concreto. Soy apátrida

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