05 enero 2010

Maravillosa tempestad de nieve

Viendo hoy la nieve caer copiosamente me he acordado de una noche hace ya muchos años. Por aquel entonces llevaba solo algo más de un año viviendo en Copenhague y tenía un trabajo de mierda por las noches los fines de semana. Era invierno y salía a las 6 de la madrugada, hora a la que no había nadie por las calles. Esa noche había estado nevando sin cesar durante horas y todo estaba cubierto de una capa de unos 30 ó 40 centímetros de nieve blanca y fresca, sin pisar, sin ensuciar y sin la dichosa sal que echan aquí en el suelo para evitar que la nieve se convierta en hielo resbaladizo. Hacía viento, como suele por aquí, y bastante frío incluso para ser en este país.

Yo por aquel entonces vivía en Amager, al sur de Copenhague, y mi trabajo estaba en el centro. A esas horas y con esa temperatura y cantidad de nieve no era cuestión de esperar en la parada del bus a ver si se aparecía algún nocturno. Así que me decidí a regresar andando, que al menos da calor. Bueno, ¿pues os podéis creer que ese regreso en la tormenta de nieve es una de las mejores experiencias que he tenido en Dinamarca?

Con la calle tan vacía, lo único que se oía era el fuerte viento y las pisadas en la nieve. Por la carretera un vendedor de perritos calientes con su puesto ambulante (algo típico de Dinamarca) luchaba para regresar a casa (no es el de la imagen, pero para que os hagáis una idea). Algún ciclista despistado (seguramente el repartidor de periódicos) empujaba la bici porque no se podía ir sobre ella. No había ni coches.

Al llegar al puente que cruza a Amager, que es una isla, vi que el mar estaba semi helado, como si fuera granizado. En los pilares del puente había varios cormoranes esperando para zambullirse entre el hielo en busca de su desayuno.

¿Y por qué lo recuerdo tan maravillosamente? Si uno lo piensa es raro, considerando las circunstancias: trabajo de mierda, cansancio por trabajar de noche, escasa vida social por trabajar en fin de semana, incomodidad física por el frío, la humedad y el fuerte viento, inseguridad por andar en calles vacías... Sin embargo, lo que la situación tenía de incómoda lo tenía también de exótica y maravillosa. La ciudad estaba hermosa así en lo blanco y las escenas por el camino para alguien de Madrid eran muy exóticas: el mar helado, los cormoranes, la tempestad, el vendedor de perritos y el repartidor en bici. Creo que esa noche de verdad sentí el disfrute de estar en Escandinavia y me sentí como alguien local y al mismo tiempo rodeada de un gran exotismo. Supongo que esa es la clave del asunto.

Es como cuando estamos en Madrid y K baja feliz a comprar el pan porque le parece muy exótico eso de volver con una baguette debajo del brazo y se siente muy del sur de Europa al hacerlo. Yo, luchando contra el clima esa noche, me sentí muy del norte de Europa...

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8 comentarios:

  1. Me siento muy identificada contigo porque me ocurre igual aquí viviendo en Suecia. Mientras que los suecos no presntan atención a esas nevadas copiosas o el frío, a mi me producen una de sensaciones maravillosas porque es algo nuevo y exótico. Hoy sin ir más lejos que estamos a -20º iba congeladita por la calle pero con una sonrisa porque jamás estuve a tan poquitos grados, los pelillos de la nariz se me congelaban. Son sensaciones que vivirán para siempre conmigo.

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  2. Hombre, si K quiere bajar a comprar el pan y pasear con el, también puede venir a Vietnam a hacerlo. Sorprendentemente, al menos para mi, en Hanoi hay un ejercito de vendedores de pan que pasean con ellos o tienen el tenderete montado en una esquina con todas las barras. Supongo que será herencia de la colonización francesa.

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  3. Yo también me siento muy identificado.
    Me pasó trabajando en Velizy, en el suroeste de París. Yo vivía en Versalles, y me tocó mi primer turno de mañana trabajando los domingos, entrando a las 8, lo que significaba que no había conexión alguna entre Versalles y Velizy hasta media mañana, con lo que tocaba ir andando desde la siguiente estación de RER desde Versalles a París, Chaville-Velizy e ir andando por el medio del bosque de Boulogne durante sus 45 minutejos creo recordar (igual era menos, pero la sensación era esa jeje). A mis compañeros de trabajo esto les fastidiaba lo indecible, sobretodo cuando llovía, que no eran pocas veces, pero a mi me encantaba, tal vez porque me recordaba a mi tierra, Asturias, con lo que a mi la sensación que me daba era concretamente la opuesta, nada de exotismo; nostalgia.

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  4. Anónimo5/1/10 18:59

    Sólo con la imagen se me ha helado hasta la cobertura del móvil!!
    En Málaga también anuncian una ola de frío enorme...dicen que la mínima puede llegar a 2 grados (sobre cero) y eso por estas latitudes es para prenderse fuego a lo bonzo :-D
    Y eso que a mi la nieve me gusta verla...en la WII.
    No me extraña que te acuerdes tan bien de esa experiencia!! que barbaridad :-D
    Bsos

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  5. Esos momentos mágicos en la vida; tan pocos, pero que sean más....

    Abrazos

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  6. Anónimo5/1/10 21:40

    Yo tambien me he lanzado a andar despues de ir terminando una nevada de las gordas en Benasque y lo confirmo. Es maravilloso el momento.

    En Suiza, esperando el metrocentro de Ginebra -o como se le llame, tranvia supongo- fue donde vi la tormenta de copos de nieve mas grandes. Fue impresionante. Pero allí no cuajo tanto, fue muy cortita.

    El crujir de la nieve bajo los pies es uno de esos sonidos que me encantan...

    Y andar por la montaña con nieve hasta las rodillas tambien lo he hecho por gusto, eran senderos casi planos y faciles pero agotador eh.

    Feliz año!

    Esta noche a dormir prontito, que vienen los reyes!!!! :)

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  7. Me repatea nieve en la ciudad es un caos.
    Me acuerdo un año que no pudimos ir ni a trabajar.Me pillaba lejos y no pude sacar el coche y encima me descontaron el día y al sacar a los perros resbalé y me rompí un dedo de la mano.
    La nieve en la montaña piso la que haga falta me gusta pero en la ciudad lo llevo muy mal.
    Aunque esa experiencia cuando la vives por primera vez es bonita, luego cansa.
    La primera vez que pisé nieve disfrute como una enana. Besitos

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  8. Bfffff, está clarísimo que no podría vivir en un país escandinavo!!! Las tormentas deben de ser flipantes, pero no soporto el frío. Estoy desando que llegue el calor abrasador y agobiante porque el frío me deprime, y eso que vivo en el sur!

    Ayss...qué bien viviría en los Emiratos, o las Canarias, o Kuwait... :D


    Un beso!

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