02 agosto 2008

Preguntar algo extrañísimo después de mucho pensarlo

El lunes por la noche quedamos con HH, una de las hermanas de K. Nos autoinvitamos a su casa de verano en las afueras de Copenhague, en un sitio muy verde y silencioso, con la intención de poder tener una conversación privada sin gente alrededor, camareros que van y vienen, locales que cierran, etc., para pasar una tarde agradable y, si la situación lo propiciaba, poder hacerle una pregunta de lo más privado, íntimo y personal que se nos pueda ocurrir: ¿quieres ser madre de alquiler?

Llegamos a las 20 y ella llegó 45 minutos después en su bici. Nos sentamos en el jardín a ser comidos por los mosquitos mientras nosotros comíamos un bollo de chocolate y disfrutábamos de un café descafeinado. Hablamos y hablamos y se hizo de noche. Como la zona es de campo y la luna era diminuta, estaba muy oscuro y lo único que se veía eran nuestras caras alrededor de las velas. El ambiente, pues, muy acogedor e íntimo.

Hablamos de todo un poco, de forma muy personal, sobre sus cosas, su familia, nuestras cosas, etc. Tuvimos una de las mejores conversaciones que creo haber tenido con nadie. Y ya de madrugada K finalmente se decidió a hacerle la pregunta. Le contó sobre nuestro deseo de tener hijos, sobre cómo son las reglas de adopción, etc. y de repente le dijo "y entonces habíamos pensado que tal vez te gustaría ser madre de alquiler". La primera reacción de HH fue "pero soy demasiado vieja". Inmediatamente cambió y empezó a darle vueltas y a imaginárselo. ¿Cómo sería? ¿Qué dice la ley? ¿Y el parto? ¿Y la lactancia?... HH tenía la sonrisa más maravillosa hablando de todo esto. Así que claramente nuestra pregunta no le había ofendido o parecido mal como nos preocupaba tantísimo. Y finalmente nos dio las gracias por la confianza y dijo que aunque creía que la respuesta sería no, que quería tiempo para pensárselo.

Así pues, después de meses dándole vueltas pensando si sería una barbaridad preguntar algo así, si habría otros métodos y formas que no incluyeran preguntárselo, si tendríamos el valor de hacer la pregunta, si lo tomaría como una ofensa, si diría que no inmediatamente, etc., después de todo eso llegó la noche en la que finalmente habíamos acordado hacer la pregunta si el ambiente así lo invitaba... y sucedió y HH reaccionó de la forma más maravillosa que pueda imaginarme. En lugar de ofendida o asustada o extrañada o similar, con la sonrisa y la actitud más sincera que hubiera podido desear.

Al llegar a casa estábamos los dos tan afectados con la tarde que le mandamos un email a las 3 de la mañana para contarle nuestra inmensa alegría por habernos atrevido a hacerle la pregunta fuera cual fuese el resultado.

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