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03 marzo 2012

Día Internacional por los Derechos de lxs Trabajadores Sexuales

Hoy se celebra por 11ª vez el Día Internacional por los Derechos de lxs Trabajadorxs Sexuales. Esta iniciativa, que comenzó en India (¡milagro, una de estas cosas que no se inicia en un país occidental del supuesto primer mundo!), se ha extendido a todo el mundo. En Copenhague las organizaciones de trabajo sexual organizan actividades. En España no lo sé, pero imagino que también.

Quiero aprovechar el día para repetir y dar difusión a algunas de las consignas de este movimiento que también es mío:


Only Rights Can Stop The Wrongs
Sex Work Is Work
Sex Workers' Rights Are Human Rights
Sex Workers Demand Rights, Not Rescue
Sex Work Is Not The Same As Human Trafficking

No sé si estas frases se utilizan en español. Os invito a dejar en los comentarios las que se utilicen en vuestras organizaciones, manifestaciones y demás.

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25 enero 2012

Princesas

Después de casi dos años en los que llevo relacionándome más y más con el movimiento en favor de los derechos de los trabajadores sexuales, después de participar en varias manifestaciones, escribir varios textos, provocar varias guerras políticas internas en un par de asociaciones LGBT+ para incluir este punto importantísimo en sus agendas, después de organizar de hecho algunos eventos en apoyo de una agenda política que cada vez entiendo más como mía y como uno de los puntos esenciales y que más me interesan a la hora de realizar mi activismo, me he cruzado en la tele con Princesas, una peli de Fernando León de Aranoa que conocía de oídas pero que no había visto. Y no sé muy bien cómo sentirme en cuanto a la película. Sé que tuvo el apoyo del Colectivo Hetaira en España. Sé que intenta mostrar una realidad que también sea identificable y comestible para las trabajadores sexuales. Y creo que en muchos puntos lo consigue para algunas. También veo que intenta mostrarlas como seres humanos y producirnos empatía y simpatía por ellas. Pero incluso así no deja de decepcionarme en varias cosas.

Lo primero, por supuesto, es el pesimismo que destila. Son personas tristes, que sufren, que han tenido y tendrán malas vidas, que no tienen esperanza, que hacen ese trabajo porque se ven forzadas a ello. Son personas que son castigadas en la historia por vender sexo: o bien se contagian de VIH, o bien no pueden tener relaciones amorosas que funcionen, o bien tienen que ser vejadas hasta el llanto.

También el tono moralista de la historia, contada con una mirada desde lo alto, de paternalismo y condescendencia que considera a las trabajadoras sexuales como seres inferiores a las personas que realizan la película y al resto de la sociedad. Para trabajar en esa industria aparentemente hay que tener una vida traumática y un pasado amargo. Hay que ser pobre como las ratas. Hay que aceptar eso porque no se tiene otra opción. Hay que ser inmigrante de una "cultura inferior".

De hecho sobre todo es eso que ya se ve en el título y que luego se reafirma en la película. Esas mujeres solo pueden ser princesas, algo que deduzco que se entiende como positivo, cuando no hacen trabajo sexual, la noche en la que tienen sexo sin compensación económica. El resto del tiempo son putas, y con ello aparentemente el guionista quiere decirnos algo malo. Vender sexo se sigue juzgando como una cosa terrible. Y todavía más terrible cuando la que lo vende es una mujer porque es ella la que es penetrada, la que es usada, la que es follada. Por eso, solo o no tener sexo o hacerlo gratuitamente redime, te eleva a otra posición igual de embutida de imaginario machista, te convierte en princesa.

Parece que no se pueden escribir historias serias sobre trabajo sexual que no incluyan un final trágico sin esperanza y una moral llena de acusaciones escondidas en empatía y supuesta ayuda y apoyo.

Y por cierto, qué guión más previsible y por tanto vacío. Desde casi el primer momento ya puedes ver que se trata de una historia en la que la puta española va a aprender a querer a la puta inmigrante. Porque claro, a los inmigrantes hay que aprender a quererlos a través de su humanización... igual que nosotros tenemos que aprender a querer a esas putas al presentárnoslas como seres humanos.

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07 noviembre 2011

El público de MIX Copenhagen no se mezcla mucho

Llevo ya unos días viendo películas, documentales, cortos y eventos en MIX Copenhagen y algo que ya he vivido en otros festivales de cine LGBT+ me vuelve a llamar la atención. Por lo general el público es muy diferente según el tipo de actividad o película. Casi se puede ver en la gente que está entrando a la sala si lo que sucede dentro trata sobre lesbianas jóvenes, gays interesados en sexo kinky, gente del underground queer o qué. La mayoría de los visitantes en cada película pertenecen precisamente a una determinada identidad de género, a una determinada orientación sexual, a una determinada subcultura dentro del movimiento LGBT+ o queer...

Por ejemplo fui a ver una película que supuestamente tiene atractivo para el público lésbico: Jamie And Jessie Are Not Together. Dentro de la sala, de casi 200 asientos, solo había 3 hombres, uno de ellos iba conmigo, otro trabaja como voluntario para el festival y el tercero iba con una chica. Es decir, que los hombres sencillamente no compran entradas para ver ese tipo de películas. Y de los muchos amigos y amigas que tengo trans no vi ninguno. Tampoco había gente con aspecto queer, o con aspecto más alternativo. Aunque no lo pueda saber con seguridad, la enorme mayoría allí presente parecían mujeres cisgénero que se identifican con ser lesbianas. Pero no solo eso, sino que además un determinado tipo de lesbianas. Las jóvenes de clase media, con aspecto mainstream lésbico y casi exclusivamente de etnia danesa.

Estuve sin embargo viendo Fake Orgasm, que claramente es un documental con un discurso queer y que por tanto atrae a otro tipo de gente. La misma sala, mucho más vacía, y con gente de aspecto mucho menos mainstream. 

También estuve viendo un debate sobre la despatologización de las identidades trans. La misma sala, esta vez casi llena de gente transgénero y queer. Los gays, lesbianas y bisexuales que conozco de los grupos cisgénero casi no estaban representados.

Así, aunque el festival se llame MIX y tenga la intención de mostrar la variedad que hay dentro de la sexualidad e identidad de género, el resultado acaba siendo que atrae a gente diversa para las diversas películas. Gente que no se mezcla y que por tanto casi no aprende nada de los demás modos de ser parte del movimiento LGBT+ o queer.

Y sin embargo,  dos cosas tienen éxito en este intento de mezclar a la gente.

Primero: la mayoría de los periódicos y televisiones cuando escriben sobre MIX recuerdan por primera vez que el ambiente LGBT+ está compuesto de muchas identidades diferentes. Así que para el resto de la sociedad hace su trabajo mostrando que somos diversos y no todos gays fiesteros.

Segundo: algunos eventos importantes reúnen a gente de todo tipo. Especialmente porque por primera vez estos grandes eventos no muestran necesariamente películas mainstream que representan a los gays o en menor medida a las lesbianas. Así, por ejemplo la proyección que hicieron gratuita para todo el mundo tres semanas antes del festival era con una película sorpresa, así que mucha gente diferente apareció para verla. El mayor éxito en la mezcla no obstante creo que va a ser la película de apertura del festival, Becoming Chaz, un documental trans, con atractivo entre los demás públicos mainstream por contar con Cher, e ir seguido de una gran fiesta para todo el mundo. El público por una vez de verdad era diverso. Además de los habituales gays y lesbianas que acuden a esta fiesta cada año, esta vez había bisexuales, queers, muchas personas bajo el abanico de la T, algunos heterosexuales cisgénero, algún que otro intersex y asexual... Por supuesto, siempre habrá gente que no estaba representada, pero para ser como es el resto del tiempo, lo considero un gran éxito. Especialmente porque estuvieron todos mezclados charlando, y porque disfrutaron todos de un documental que habla clarísimamente de identidad de género y lo enlaza con la orientación sexual. Esa sí fue una verdadera noche MIX, es decir, de mezcla.

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21 octubre 2011

10 días de Mix Copenhagen

Este año el antiguo Festival de Cine de Gays y Lesbianas de Copenhague ha cambiado de nombre. Ahora se llama MIX Copenhagen, con la intención de abarcar y mostrar toda la diversidad dentro de la sexualidad y las identidades de género. Y con ello yo, y mucha de la gente que conozco, hemos empezado a sentirnos incluidos y a tener interés en ver lo que hay en el programa. Se trata entonces de un cambio, de los pocos que hay en la sociedad danesa dentro del ambiente LGBT+, que ha sido para bien, creo yo.

Y sí, todavía hay muchas cosas que mejorar. Todavía siguen teniendo lugar situaciones que muestran que la homosexualidad es para la mayoría el centro del ambiente, como expliqué en verano sobre sus películas al aire libre. Pero sin embargo, parece que como grupo se lo han tomado más en serio que suelen este tipo de asociaciones, y el programa de películas y de actividades ha ampliado visiblemente sus miras.

Por ejemplo, la fiesta de apertura hoy se inicia con un documental trans, Becoming Chaz, como han notado la mayoría de los periódicos daneses. Mañana, en el Día Internacional de Acción por la Despatologización Trans, que yo sepa solo MIX Copenhagen ha organizado eventos en Dinamarca. Y lo han hecho de verdad: una conferencia más un debate sobre la campaña STP 2012 (Stop Transpathologization 2012), además de incluir toda una serie de películas en su programa sobre este tema y suscribirse a la campaña nacional que hay en marcha. El porcentaje de películas trans ha aumentado enormemente en el programa, hasta ser alrededor de un cuarto del total. Y no se ha reservado un hueco especial solo para lo trans, sino que las identidades trans y los temas de identidad de género están repartidos a lo largo de todo el programa, formando una parte integrante de la comunidad LGBT+ y no un rincón como suelen.

El número de películas que incluyen personajes bisexuales, pansexuales o no monosexuales también ha aumentado considerablemente, aunque siga siendo muy bajo. Y de hecho, este año por primera vez, la película de la gala de premios y fin del festival es una película claramente bisexual, Kaboom. Además, a diferencia de los otros años, los programas de cortos son aptos para bisexuales, trans y todos los demás, ya que no están como suelen divididos en dos claros géneros, sino que están divididos por temas.

Por otra parte, el festival no se ha quedado solo en películas L, G, B y T. También hay películas con un claro análisis queer, otras sobre intersexualidad, sobre asexualidad y sobre sexo kinky. Se habla de familias alternativas, de relaciones no monógamas, de trabajo sexual, de cuestiones de clase, raza, etnia, edad, etc. asociadas con ser LGBT+. Algunas películas muestran una sexualidad fluida. Otras un género fluido. Y por una vez se muestra sexo, porno y postporno en un festival de cine LGBT+ que originariamente ha sido el centro del ambiente mainstream.

En cuanto a los invitados y actividades asociadas, la diversidad también es visible. Así, se puede desde tomar el té para gente LGBT+ de edad avanzada hasta postporno en directo con una clara influencia queer transfeminista anticapitalista. Y los visitantes abarcan desde el típico gay de toda la vida hasta un actor porno trans muy conocido en el porno mainstream de los gays, Buck Angel.

Y lo que a mí más me alegra este año: hay una sección entera de apoyo a los trabajadores sexuales. Un tema muy candente y problemático en Dinamarca, donde el ambiente LGBT+ no es precisamente un aliado. El hecho de que MIX Copenhagen haya apoyado la lucha por los derechos de los trabajadores sexuales es algo insólito y digno de alabanza en este ambiente. De hecho, que yo sepa es la cuarta ciudad del mundo en la que habrá una especie de festival de cine sobre trabajo sexual, después de San Francisco, Londres y Berlín.

Y además, no solo es en Copenhague, sino que han ampliado su campo de acción hasta lugares diminutos como Bornholm, pasando por la mayoría de las grandes ciudades de provincia danesas. Con ello se lleva el ambiente LGBT+ a los que no están tan cerca de él.

Sin embargo, el punto más criticable en este momento para mí es los precios de las entradas, 75 coronas danesas, que excluyen a mucha gente que debería poder participar y que seguramente tiene interés. Con ello, aunque las películas muestren otra realidad más diversa, los espectadores seguirán perteneciendo únicamente a la clase media danesa.

El festival empieza en unas horas y dura hasta el 30 de octubre. Su web se puede visitar aquí y también descargar el programa y reservar las entradas, si tienes el dinero para ello. Y por cierto, la gran mayoría de las películas son en inglés o con subtítulos en inglés, y hay varias en español. 

Me voy 10 días al cine :-)

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06 octubre 2011

Motivos de mi acoso en las organizaciones "LGBT"

Como ya he ido explicando en otras entradas, la violencia que sufro dentro de las organizaciones que se autodenominan "LGBT" es clara, creciente y no deja lugar a dudas. No se me quiere en esos ambientes y se lucha contra mí con amenazas, con insultos, con comportamientos agresivos, con violencia social, psíquica y verbal, con lenguaje corporal amenazante, con actitudes opresoras e intimidatorias. Se me acosa en grupo con la intención de que abandone el lugar y además me sienta responsable, culpable y avergonzada. En inglés diría que soy bullied y en danés mobbet. En español lo más cercano es acosar, pero es poco preciso.

Creo que hay varios motivos por los que esta situación ha surgido:

1. No soy homosexual ni cisgénero: Mi identidad y mi lucha política basada en letras minorizadas como la B y la T, pero también otras letras que directamente no son aceptadas como parte del movimiento LGBT+ y de sus asociaciones, por mucho que se lleve luchando ya tiempo por incluirlas, dentro de un ambiente en el que se cree que ser cisgénero y ser homosexual es el centro del trabajo y política a realizar. Yo me identifico y hago política bi, trans, intersex, queer, asexual, poliamorosa, kinky, pro-trabajadores sexuales, etc. La política cisgénero y homosexual ni es ni va a ser mi centro.

2. Me ven como mujer: Mi expresión de género social que ellos entienden como mujer en un ambiente sexista en el que los hombres cisgénero están acostumbrados a tener derecho al poder y a ser escuchados.

3. Soy inmigrante: Mi etnicidad no danesa en un ambiente en el que nadie más habla con acento, todos son "daneses puros" y por tanto no aceptan que yo tenga el mismo derecho a participar y opinar en una asociación danesa. Y además se sienten superiores y me oprimen por medio del lenguaje y de su autoproclamada supremacía étnica y cultural.

4. Mi aspecto: Como decía ayer tengo un aspecto poco normativo. Además soy pequeña y parezco más joven de lo que soy. Todo ello me hace no imponer mucho respeto con mi apariencia física en un ambiente en el que la apariencia, la capacidad física, el nivel de educación, la posición laboral, la clase social, etc. parecen ser los parámetros de referencia para fijar el nivel de respeto con el que hay que tratar a cada persona.

5. Soy de extrema izquierda: Mi posición política como persona de izquierdas que lucha contra la desigualdad desde una análisis queer de las estructuras de poder en un ambiente en el que la mayoría es de derechas y conservadora, con un enorme interés en mantener y perpetuar los valores y estructuras de poder tradicionales.

6. No quiero dinero: Mi posición enormemente crítica dentro de NGOs que creen que son empresas cuyo mayor (y casi único) objetivo es ganar dinero por medio de atraer a nuevos miembros que paguen una cuota. Y sin embargo al mismo tiempo decir que se representa a todas las personas LGBT+ pero se hace solo por medio de un trabajo en el que se busca únicamente promover la "marca" de la NGO con la que se identifican escasísimos miembros elegidos.

7. No quiero poder: Mi posición dentro de las organizaciones sin buscar poder que en algunos lugares crea situaciones dudosas en las que trabajo como parte de la dirección pero se oprime mi aportación por no luchar por tener y mantener un puesto de poder.

8. Soy crítica: Mi insistente uso de mi derecho a participar, a opinar, a criticar, a señalar las desigualdades e injusticias, a luchar contra las tendencias corruptas entre los que tienen puestos de poder, a votar en contra de posiciones neoliberales y especialmente recordarles que las organizaciones no son solo para cishomosexuales, o ni siquiera solo para homosexuales, bisexuales y transgéneros, sino para todas las personas que se consideran parte del movimiento LGBT+.

9. Lucho contra las fobias: Las fobias de todo tipo circulan a sus anchas en estas asociaciones, por lo que me veo obligada de forma constante a combatirlas, y no solo la homofobia, cosa que además les resulta muy provocante.

10. No busco aliados a toda costa: Mi posición desde el principio ha sido crítica y no he buscado tener aliados sino hacer política que nos incluya a todos. Por tanto no he apoyado a nadie incondicionalmente y en todas las situaciones, cosa que es claramente opuesta a la forma de actuar de los demás, con lo que sin aliados me he aislado y mis posiciones son atacadas hasta por los que están parcialmente de acuerdo, porque han formado una alianza en mi contra. Si acaso, las personas que parecen mis aliadas son otras que también son acosadas por su actitud crítica.

11. Se me percibe como pervertida y no se quiere que represente a las personas LGBT+: A diferencia de la forma de hacer política que se tiene en estas organizaciones, que es intentar conseguir ser tolerado por ser igual a los demás en todo menos en la orientación sexual, yo lucho abiertamente por nuestro derecho a ser diferentes. No quiero tolerancia. Quiero que todos puedan ser como son. Por tanto declaro abiertamente mi identidad como y/o mi apoyo al sexo no convencional, el trabajo sexual, las relaciones no monógamas, etc. No busco que se nos permita copiar la moral tradicional ni sus estructuras sino crear nuestras propias estructuras con nuestros propios principios morales. Por supuesto, con ello para la mayoría doy una imagen del movimiento LGBT+ a la que no se quieren asociar y por tanto pretenden evitar que gente como yo sea visible.

Creo que mi caso, aunque aislado en mi contexto, no lo es tanto en el contexto general de las asociaciones LGBT+. Escucho sin cesar historias de otros activistas que son acosados por motivos similares. De hecho, la mayoría de la gente con identidades e ideas como las mías no trabaja dentro de asociaciones justamente por la violencia que sufren en ellas. Para nosotros estas organizaciones son todo lo contrario de lugares seguros.

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16 junio 2011

Algunos puntos comunes entre la lucha transgénero y la de trabajo sexual

Hace unos días escribía en esta entrada un ejemplo y en él hacía referencia a que la lucha por los derechos de las personas transgénero y la lucha por los derechos de las personas que hacen algún tipo de trabajo sexual tiene varios puntos en común o que se complementan. Alguien me contactó para preguntarme por esos puntos y prometí escribir esta entrada.

El aspecto más claro que ambas luchas comparten es el derecho al propio cuerpo, a hacer o dejar de hacer con tu cuerpo lo que te plazca independientemente de lo que la sociedad piense. Es decir, poder decidir con libertad sobre el propio cuerpo. Las personas transgénero queremos ser libres para decidir si cambiar o no cambiar nuestro cuerpo, ser libres para poder usar la ropa que nos haga sentir mejor, ser libres para mover nuestro cuerpo según nuestra propia percepción y no según las normas que se nos imponen. Las y los trabajadores sexuales quieren ser libres para utilizar su cuerpo del modo que les dé la gana sin tener que acomodarse a unas reglas sociales que dicen que el cuerpo no se puede utilizar de tal o cual modo.

Este aspecto está muy unido con el siguiente. El origen de nuestra falta de derechos es en ambos colectivos la normatividad, el cisheterosexismo, el machismo y el puritanismo de las sociedades en las que vivimos. Las personas transgénero son víctimas de una moral que dice que todo lo que tiene que ver con el cuerpo, con el género y con el sexo tiene que estar regulado. Solo aceptar las normas es posible si se quiere ser "normal". Si como transgénero decides cambiar tus genitales o implantarte silicona en el pecho estás llevando a cabo un acto que la sociedad cree relacionado con el sexo y por tanto lo juzga como juzga todo lo relacionado con el sexo que no se adapta a la norma, es decir, como algo negativo. Las personas que venden algún tipo de servicio sexual están llevando a cabo un acto sexual que no se adapta a la norma que tenemos en nuestras sociedades de sexo regulado dentro de una relación de algún tipo o sexo por amor o por deseo, y por tanto se considera que ese acto es algo negativo. Ambos colectivos sufren las consecuencias de la visión social sobre el sexo y cuerpo como algo "sucio", "amoral", "privado". Y las ideas sociales sobre género relacionadas con los genitales y las relaciones de poder.

Ambos grupos son criminalizados, penalizados y patologizados por una sociedad incapaz de aceptar gente que no se somete a las normas. Las personas transgénero son consideradas enfermas psiquiátricas. En muchos lugares también se las considera como criminales. Las personas trabajadoras sexuales son consideradas del mismo modo como criminales y como enfermas, ya que aparentemente según la moral imperante nadie en su sano juicio vendería sexo. Y si lo hace, desde luego esa persona no puede ser una mujer.

Esto nos lleva de vuelta al machismo. Una trabajadora sexual y una mujer transgénero están transgrediendo la norma que dice que el sexo es solo dominio de los hombres, y que no hay nada mejor en este planeta que tener un pene. Querer quitarse el pene o comportarse como si se tuviera uno es un sacrilegio. Dejar que alguien te introduzca un pene a cambio de dinero es parte del mismo sacrilegio. Por eso mismo, un trabajador sexual y un hombre transgénero también están transgrediendo esas normas machistas. El trabajador sexual está vendiendo sexo, no teniendo sexo porque lo desee. Es por tanto "poco masculino". Por otra parte se cree que es el pasivo en la penetración, y ya se sabe que un hombre que se deja ser penetrado "no es un hombre de verdad". En cuanto al hombre transgénero, se trata de lo que la sociedad entiende como "una mujer intentado hacerse con los privilegios de un hombre", es decir, una mujer que no acepta su rol y que además debe ser "una pervertida" porque se cree un hombre y por tanto tiene en teoría tanto deseo sexual como lo que no es. Por descontado, si el hombre transgénero no se opera o no desarrolla un gran pene, se transforma en un "hombre falso" en esta visión machista en la que la hombría se mide por la posesión  de un pene y su tamaño.

No hay que olvidar también el aspecto más visible que ambas luchas tienen en común. Debido a la dificultad que muchas personas transgénero tienen para poder obtener otros trabajos, existe una gran cantidad de trabajadores y trabajadoras sexuales que son personas transgénero. Por tanto, luchar por los derechos de un grupo equivale a menudo a luchar también por los derechos del otro.

Y por último recordemos que ambos colectivos se consideran en nuestras sociedades como el fondo, aparentemente no se puede caer más bajo. Por tanto, es una lucha común contra el clasismo de nuestras sociedades injustas.

Resumiendo, de forma general luchar por los derechos humanos y por los derechos de los trabajadores es algo que ambas políticas comparten en estas sociedades enfermas e injustas. Pero sobre todo y específicamente la lucha contra la moralina barata imperante en cuanto al uso del propio cuerpo y contra rígidas normas que intentan eliminar la libertad personal de autodefinición y acción por medio del control de nuestros géneros y sexualidades.

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28 febrero 2011

Translatina

Hoy os quiero recomendar el documental Translatina, dirigido por Felipe De Gregory y estrenado en el 2010 aunque rodado en el 2009. En él se nos muestra de forma muy amplia la realidad de las personas transgénero en toda Latinoamérica. Con la participación de asociaciones LGBT+ y asociaciones T de cada país y el apoyo de ONUSIDA, PNUD y OPS (la equivalente latinoamericana de la OMS), son las propias personas transgénero las que nos cuentan su forma de ver los asuntos T.

El documental tiene varios puntos muy acertados. El primero y más importante es mostrarnos la enorme diversidad de la comunidad T en todos sus aspectos, también en su forma de entender su propia identidad de género y su situación.

Se trata una gran amplitud de temas. Desde aspectos jurídicos, como los problemas que ocasiona no tener un nombre legal que se corresponda con tu identidad de género, hasta la transfobia social, pasando por una multitud de cuestiones: problemas laborales y económicos, trabajo sexual, implantes y operaciones legales e ilegales, enfermedades -especialmente VIH-, relación con la comunidad LGB, dificultades para acceder a la educación, relaciones de pareja...

Sin duda la situación es muy dura. En países sin un sistema social como el danés, ser transgénero te obliga a vivir en la miseria y a sufrir abusos económicos, físicos y psicológicos constantes e institucionalizados. Por supuesto que aquí en Dinamarca la situación es difícil, pero existe una clara diferencia. Aquí los nacionales daneses reciben apoyo económico, lo cual evita que una gran parte de la población transgénero tenga que trabajar en la industria del sexo para poder tener un plato de comida al día.

Os dejo aquí el tráiler:


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