30 noviembre 2011

Romanticismo

Viendo y escuchando a la gente y su idea de lo que es ser romántico la verdad es que no lo entiendo. Aparentemente se considera romántico hacer cosas como estos ejemplos:
  • leer, recitar o crear poesía
  • cenar a la luz de las velas, mejor todavía si es algo "sofisticado" estilo "francés" o similar,
  • escuchar música lenta, clásica, baladas o semejante,
  • tener sexo calmado (aparentemente se dice "hacer el amor") durante toda la noche, mejor aún si es sobre una cama llena de pétalos de rosas, olor a incienso perfumado y más luz de velas,
  • viajar a París o Venecia,  
  • proponer matrimonio de la forma más exagerada posible, 
  • casarse con una fiesta que cuesta el salario de un año,
  • mirar cómo anochece o la luna en compañía de tu pareja, 
  • llamar a quien está contigo palabras cursis y usadas por todo el mundo en lugar de su nombre, 
  • mentir mientras miras a alguien a los ojos diciéndole que es la persona más bella del mundo o el único amor de tu vida,
  • llevar un anillo que te marca como "no disponible",
  • celebrar cualquier fecha, desde el aniversario hasta el más comercial San Valentín,
  • que sientan celos por ti,
  • regalar flores, chocolate o perfume,
  • dibujar corazoncitos con o sin el nombre de tu amado o amada,
  • prestar tu chaqueta cuando tienes frío, abrir la puerta y cualquier otro gesto de esos que se consideran "caballerosos" y que son resto de una mentalidad machista,
  • darse un baño de espuma con más velas, aromas y demás...
Y resumiendo, cualquier cosa que incluya penumbra o luz de velas, aromas artificiales, palabras supuestamente refinadas y pretenciosas, grandes declaraciones y demostraciones de sentimientos de forma normalizada y habitualmente también sexista (y por lo general insincera), mejor si es pública. Para mí hay pues una palabra que parece que refleja perfectamente esta idea de lo romántico: artificialidad.

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29 noviembre 2011

Comentar o no comentar

Una actualización en tu perfil de Facebook a la que me apetece mucho, mucho, mucho contestar. Pero no sé si puedo. Lo cual es frustrante. No porque sea especialmente importante comentar (por lo general en Facebook nunca lo es), sino por esta sensación que se repite tanto de no saber muy bien qué es aceptable y qué no contigo y al mismo tiempo qué es mostrable a los demás y qué no. Si con un comentario se puede entrever o directamente dejo claro que me gustas o que estoy contigo o que tú lo estás conmigo, ¿qué pasa entonces? Porque todo eso es verdad, y al mismo tiempo por mucho que me digas que tal o que cual, yo sigo sin saber hasta qué punto vives como dices vivir, hasta qué punto te atreves a mostrar a todo el mundo lo que dices mostrar y hasta qué punto algunos de los machitos de los que te rodeas están realmente al tanto de lo que tú haces, sientes y dices. Y claro, no es cuestión de sacarte de todos tus armarios por medio de insignificantes comentarios o etiquetas en Facebook, si tú no lo deseas. Ni tampoco de hacer que a nadie le dé uno (más) de esos (incomprensibles) ataques de celos solo por abrir su Facebook. Pero, al mismo tiempo, para mí en la práctica se transforma en cierto modo en algo que se asemeja a vivir en una mentira dentro de diez armarios diferentes en los que no sé muy bien por qué estoy. Esto de tener cuidado por no mostrar nada en lo que digo es frustrante y bastante agobiante. Es como volver a la adolescencia cuando no entiendo la necesidad. Y sobre todo, cuando me hace sentir mal porque es vivir de la forma contraria a lo que predico y a lo que hago en el resto de mi vida.

Así que casi mejor hablémoslo claramente. ¿Puedo contestar a tu mucho, mucho, mucho algo tan directo como encuentra un hueco en el que prestarme tus labios y jeg skal nok besarlos mucho, mucho, mucho? ¿Me puedo permitir decir y hacer esas cosas en Facebook donde está él/ellos, tus amigos y tu familia?

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28 noviembre 2011

¿Los trans te consideran trans?

Más de medio año después y charlando con alguna de la misma gente con la que tuve esta conversación, volvemos a tener otro de esos diálogos que me irritan:
Él: No tenemos ningún trans en el grupo.
Yo: ¡Pero otra vez!
Él: ¿Qué quieres decir?
Yo: ¡¡¡Que yo soy trans y ya te lo he dicho antes!!!
Él: Uhmmm...
Silencio. Caras que se miran.
Él: Pero, ¿los trans te consideran trans? Porque vale, tú tienes interés en cosas de trans, pero no es lo mismo que ser trans.
Yo: ¡Claro que lo hacen! ¡Solo vosotros insistís en esto! Y sinceramente me molesta.
Silencio. Más caras que se cruzan miradas.
Él: Bueno, lo siento. Es que no lo sabía, porque no pareces trans. 

Esta puñetera conversación es tan insultante a todos los niveles que ya no sé ni para qué decir nada. Aparentemente yo no tengo derecho a decidir mi propia identidad. Si los demás trans, es decir, los de verdad,  me reconocen como trans, entonces todavía esta gente puede con esfuerzo identificarme como trans, pero si no, por supuesto que no. 

Me pregunto yo qué le parecería a uno de estos homosexuales si me niego a reconocer su identidad y le digo cuando insiste en que es homo, que a no ser que los demás homosexuales, esos con pluma y pose femenina, esos de verdad, lo reconozcan como tal, no me parece que lo sea. Seguramente se ofendería enormemente y le parecería una falta de respeto tal que me tacharía de homófoba y llena de prejuicios. Y con razón. Pero si yo me atrevo a sacar el cartel de la transfobia y los prejuicios aquí se me acusará de histérica.

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27 noviembre 2011

Mandarinas

Me estaba comiendo una mandarina cuando de repente me he parado a pensar que ese acto, tan cotidiano y tan insignificante, para mí es tan privado que normalmente no lo hago delante de nadie que no sea la persona con la que comparto domicilio. Comiendo las mandarinas de esa forma tan particular que, sin ningún motivo real, me parece tan poco mostrable, aunque cientos de veces me ha surgido la oportunidad de hacerlo estando de visita o en un sitio público, o bien me he quedado sin comer o bien me he decidido por otra fruta. 

Y así es como he visto que tampoco como mandarinas delante de ti ni teniendo la oportunidad y que, aunque tenga la confianza para compartir contigo algunas cosas muy íntimas, claramente no tengo ninguna confianza para compartir otras cosas supuestamente nimias. Y eso dice algo que no sé qué me hace sentir.

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26 noviembre 2011

Mi familia y estar fuera del armario

Me preguntaba alguien si he contado a mi familia estas cosas que voy diciendo aquí. Bueno, en realidad se refería en concreto a mi identidad de género, a ser transgénero y a desear que me hablen con un pronombre por lo general masculino. Pero ya que estamos creo que esa pregunta se puede extrapolar a todos los demás aspectos no normativos de mi comportamiento.

La respuesta (como siempre) es un poco larga. Entre otras cosas porque no entiendo el concepto de familia del modo que supongo que lo entiende la mayoría. Y como ya he explicado aquí, para mí mi familia son las personas que yo elijo no las personas que comparten lazos sanguíneos o jurídicos conmigo.

Entonces, sí, claro, mi familia sabe de todo esto. ¿Cómo no van a saberlo si ellos son con los que quiero compartir todo esto?

Pero si además tengo que contestar a lo que saben o no todas esas personas que la sociedad ve como mi familia, entonces la explicación es más larga.

Todos, desde el primero hasta el último, saben que soy bisexual, porque todos han conocido parejas de varios géneros. Y me han oído decirlo y hablar de forma clarísima sobre ello. Hasta mi familia jurídica por la parte del hombre con el que estoy casada lo sabe y ha conocido a otras de mis parejas.

La gran mayoría sabe que soy anarquista relacional, porque han visto y oído de mis diferentes relaciones simultáneas. Y los que no lo saben, es porque la oportunidad no ha surgido, entre otras cosas porque vivo en Dinamarca, muy lejos de ellos.

En cuanto a ser transgénero, es un poco más complicado, porque no he tenido esa identidad de forma abierta y clara más que el último año y medio. Y no he estado en España en todo este tiempo, por lo que la gente con la que no tengo contacto habitual o contacto esporádico pero personal mientras estoy en Dinamarca, no ha tenido oportunidad de escucharlo. Pero vamos, los que me tienen en Facebook, tanto de mi familia biológica como de mi familia política lo saben seguro. Como los que hablan conmigo por Skype. Y mis hermanos conocen este blog, con lo que tampoco quedaría lugar a duda. Pero además con ellos en concreto también lo he hablado directamente.

Sobre el modo en el que quiero que se refieran a mí (todo esto de los pronombres y las terminaciones del lenguaje) estoy ahora empezando a salir del armario y pedirle a la gente que me hable en general en masculino. Así que solo unos pocos lo saben. Pero como ya habían oído lo de mi identidad de género, supongo que no les sorprenderá especialmente.

Sobre ser kinky, no es algo que oculte, pero tampoco es algo de lo que voy hablando a mi familia. Es decir, que si lo leen aquí o lo ven en Facebook, o si la conversación surge, pues vale, pero no hemos tenido esa charla que hemos tenido sobre otras cosas.

Y sobre todo lo demás, mi política, mis ideas y demás, pues depende de la persona. Si me gusta como persona o si considero que es relevante, pues claro. Si no, ¿para qué?

No sé si esto satisface la curiosidad o queréis saber más sobre las reacciones y demás...

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25 noviembre 2011

¿Por qué tengo que poner el permiso de residencia?


Estoy harta de los pequeños detalles que me recuerdan que en este país no soy igual de bienvenida que si fuera danesa. Uno de ellos es la insistencia en pedirme poner información sobre mi permiso de residencia cada vez que necesito hacer un pequeño trámite con algún organismo público. Siempre en el formulario tengo que marcar la casilla de no ser danesa y después escribir sobre mi permiso. Así es en cosas completamente irrelevantes como la universidad, el trabajo, mis papeles médicos, etc. Me dan ganas de poner esta foto en su lugar.

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24 noviembre 2011

Soy tu pesadilla bisexual

La bifobia, igual que la homofobia, la transfobia, la intersexfobia, la xenofobia y todas las demás fobias, tienen consecuencias muy diversas y todas terribles. Una de ellas es que las personas que se ven objeto de tales fobias adquieren una tendencia a describirse e identificarse de forma normativa y a, de forma directa o indirecta, ser parte ellas mismas en la creación de prejuicios negativos hacia determinados comportamientos no normativos. Por defenderse de los ataques, acaban convirtiéndose ellas mismas en opresoras y atacantes de otra gente que vive de forma aparentemente (todavía) menos aceptable.

Casi cada vez que me junto con bisexuales o leo cosas escritas por gente bisexual acerca de la bisexualidad, siento el mismo espanto y el mismo cansancio. Siempre de algún modo u otro tiene que salir lo mismo: no estamos confusos, no somos indecisos, no somos heteros con ganas de jugar, no somos homos en el armario, no somos promiscuos, no somos adictos al sexo, no nos interesa sexualmente todo el mundo, no necesitamos tener varias relaciones al mismo tiempo, no somos portadores de enfermedades, no somos incapaces de tener relaciones estables, de amar solo a una persona, de tener sentimientos profundos, de crear una familia... En definitiva, somos normales. Lo único que nos diferencia es que somos bisexuales. Y la bisexualidad, por ello, es una identidad válida.

Para todos esos bisexuales que tanto se esfuerzan en crear información y en recordar que los bisexuales somos normales, la gente como yo somos su pesadilla. Y por eso mismo, gente como yo vivimos no solo el rechazo de la sociedad heterosexista y del ambiente cishomonormativo, también vivimos el rechazo de una gran parte de los propios bisexuales que nos ven como malos exponentes y terribles ejemplos de lo que es ser bisexual, como esas personas que se sabe que existen pero que no se quieren mostrar porque ensuciamos su bella fachada de normalidad y representamos aquello contra lo que aparentemente hay que estar. Porque claro, ser infiel, ser promiscuo, sentir confusión, estar enfermo, ser inestable, ser hipersexual... todo eso que es algo contra lo que se puede y se debe tener fobia

Mi sexualidad es fluida. Mi identidad también es fluida. Mi etiqueta no es casi nunca bisexual, por mucho que no sea heterosexual ni homosexual. Me gusta el sexo y no veo nada malo en practicarlo cuantas veces quiera, como me dé la gana y con tanta gente como me apetezca, simultanea o sucesivamente. Mezclando géneros y orientaciones como a mí me plazca. No todas mis relaciones son estables ni pretendo que lo sean. No tengo relaciones monógamas. No veo que si fuera portadora del VIH tuviera que disculparme o sentir ninguna culpa por ello o asociarlo o desasociarlo a mi comportamiento o identidad. No tengo que justificarme ante nadie si hoy me gustan más las mujeres, mañana los genderqueer y pasado los hombres hipermasculinos o si ayer no me gustaba nadie pero quería tener sexo con todos y antes de ayer me había enamorado de tres pero no quería sexo con ninguno. No tengo que identificarme como nada solo para complacer a este mundo lleno de etiquetas estáticas. Y menos todavía que mantener una etiqueta que he usado en algún momento solo para que la gente pueda comprender que no estoy en el armario como homo, como hetero, como bi, como trans, como intersex o como lo que sea. Y sobre todo no tengo que comportarme como la mayoría bajo una determinada etiqueta, que en algún momento decido usar, cree que es la forma correcta. No quiero una familia de ese modo en el que la sociedad lo entiende. No voy a dividir mis relaciones entre amigos y amantes y negar la posibilidad de sentir el mismo tipo de amor por todo el mundo, o negar poder tener sexo con los supuestos amigos o no tener sexo con los supuestos amantes. No quiero ver el sexo como un acto que solo tiene que ver con contacto genital y orgasmos, y menos todavía solo con meter cosas en orificios. Me gusta el sexo kinky y mi sexualidad incluye muchos aspectos no normativos. No soy un modelo a seguir en nada, y tampoco deseo serlo. Represento sin vergüenza alguna muchos aspectos de los que la gente se avergüenza. Pero ese no es mi problema, es el suyo.

No soy normal y menos que lo voy a ser. Y si eso ensucia la fachada de normalidad que muchos bisexuales quieren mostrar, mejor que mejor. Porque deberíamos luchar para que TODOS tuviéramos derecho a ser como somos, a ser diversos, a ser lo que queremos ser y a ser justamente todo aquello que la sociedad rechaza.

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23 noviembre 2011

Mi familia la elijo yo

Mi familia nada tiene que ver con mi sangre y mis genes, ni siquiera con la casa en la que he crecido. Desde que era pequeña siempre lo he visto así. No recuerdo haber entendido nunca ni a mis amigos, ni las películas, ni a los profesores, ni a nadie, cuando daban por hecho que el centro del amor y la vida de alguien tiene que tener un origen tan vulgar como la genética o la convivencia. No recuerdo jamás haber estado de acuerdo al oír decir a alguien que todos los padres aman a sus hijos y todos los hijos a sus padres. De hecho, siempre me ha puesto de mal humor escucharlo.

Para mí, mi familia es esa gente que yo siento parte de mi vida y con la que quiero compartir mi intimidad. Es gente que yo elijo, no gente que se me ha impuesto por uno u otro motivo casual e indiferente. Mis padres, mis hermanos, mis abuelos, mis tíos, mis primos, mis suegros, mis cuñados... ¿por qué tienen que tener un estatus especial o ser algo más importante y relevante para mí que la gente a la que yo he encontrado y decidido hacer parte de mi vida?

No, mi familia no son mis padres. Ni mis hermanos. Mi familia es el hombre con el que comparto mi vida y mi domicilio. Es la mujer a la que deseo tener siempre en mi vida y con la que compartiría muchas cosas. Son esos escasos maravillosos amigos que han formado parte de mi experiencia vital durante tantos años y me han dado y les he dado tanto amor. Mi familia serían esos niños y/o niñas a los que adoptaría. Lo demás, es accidental y no implica ni amor, ni comprensión, ni respeto, ni contacto, ni nada que yo no quiera tener.

Y nada me importa que aquellos a los que se supone que debo considerar familia tengan o bien una relación biológica o una jurídica conmigo. Nada me importa que me hayan parido o yo haya crecido en su casa. Ellos solo han sido medios para darme la vida o mantenerla en mi infancia. Nada de ello implica amor ni respeto por ninguna de las partes.

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22 noviembre 2011

Lo que no me gusta de esas 10 reglas poliamorosas

Ayer publiqué una lista con unas reglas sobre como vivir de forma poliamorosa y tener relaciones que funcionen. Lo cierto es que me dio un poco de vergüenza sacarla a la luz, porque ya no veo el mundo así. Pero pensando que mucha gente sí se identifica con ese término, y que si tengo que elegir lo prefiero a la monogamia forzada por la sociedad hipócrita, al final me decidí a publicarlo. Pero no puedo dejar de escribir ahora cuáles son los problemas que veo en semejante lista.

Como explico aquí, hay muchos motivos por los que no me considero poli, y es curioso pero algunos de ellos están presentes en mi propia lista. En realidad no tengo nada en contra de los títulos de la mayoría de los 10 puntos. En mis relaciones busco comunicación, sinceridad, seguridad física y mental, pretendo cuidarme a mí y a los demás, establezco pequeños (y grandes) acuerdos, me intereso por los demás y por mí, creo en lo que hago y soy capaz de estar sola. Del último punto sin embargo ni siquiera me vale el título, porque no quiero una relación poliamorosa y no tengo claro tampoco lo que espero de cada relación por adelantado. El mayor problema con mi lista está en los presupuestos que hay tras todos esos puntos, las explicaciones que siguen, lo que hay de base ideológica en ellos.

Me explico. Tal como está escrito, parece que la única forma posible de tener una relación es con comunicación, sinceridad, seguridad, interés, planes y acuerdos. Y desde luego que no es así. Con cada persona la relación es diferente. No en todas las relaciones hace falta comunicarse o ser sincero. No en todas las relaciones hace falta sentir seguridad o interés por conocer a la otra persona. No todas las personas en una relación tienen que saber estar solas para poder tener algo con alguien. No todas las relaciones cumplen los acuerdos establecidos. No todo el mundo es capaz de vivir abiertamente y sin esconder todas sus relaciones.

En el modo en el que está expuesto, hay mil y un requisitos para poder establecer una relación con alguien. Y eso me desagrada. Yo creo que los requisitos por adelantado deberían ser solo uno: ser capaz de negociar el tipo de relación que se desea tener en ese momento concreto. Todo lo demás se acuerda entonces. Si no se quiere sinceridad, seguridad, comunicación o lo que sea, no se tiene y ya está. No todo el mundo tiene las mismas necesidades en general ni con todo el mundo se tienen los mismos deseos.

Por otra parte también hay otro presupuesto en esa lista que ahora aborrezco. Se trata de esa idea de distinguir con claridad la gente con la que se tiene relaciones amorosas y/o sexuales de los demás. Lo cierto es que no sé ni por qué escribía así entonces, porque yo nunca lo he visto así, tampoco en ese momento. Pero a veces es tan difícil liberarse de las normas de la sociedad y decir claramente algo diferente...

No obstante, lo que más me desagrada es todo eso sobre las obligaciones establecidas para las todas personas con las que estás en relación. ¿Por qué tendría una persona no implicada en la relación que tener derechos u opiniones sobre las demás relaciones? Esto justamente es la mayor clave de mi desencanto con el poliamor.

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21 noviembre 2011

10 reglas para vivir poliamorosamente con éxito

Hace ya bastante tiempo, charlando con un amigo monógamo pero "policurioso", me preguntó qué cosas pensaba yo que eran esenciales para tener una relación poliamorosa que funcionase. En la larga conversación vimos por supuesto que mis ideas eran muy diferentes a las suyas, así que me propuso hacerle una de esas listas estilo revista o libro de autoayuda y enviársela. Lo que copio aquí es el resultado de su petición, es decir, las 10 reglas para vivir poliamorosamente y no hundirse en el intento según mi óptica en ese momento.

Aunque creo que no estoy en desacuerdo con nada de lo que escribí refiriéndome al poliamor, me parece que la lista está desactualizada y refleja mi visión del mundo de entonces. Ahora, como decía aquí, no me identifico con ser poli, y por tanto muchas de estas reglas tampoco entiendo que se apliquen a mi forma de vivir como anarquista relacional. Pero bueno, para los que sí que sois polis (muchos más), aquí va mi lista de entonces.
  1. Comunicación. No se puede tener una relación poliamorosa sin ser capaz de hablar de forma abierta y sincera sobre las cosas que uno siente, desea, espera, teme, vive, etc. No hablar los problemas no los soluciona. Dejarlos para más tarde tampoco. No expresar las inseguridades no hace la relación más segura. No decir que se siente celos no los elimina. Hablar las cosas a medias no permite llegar a la solución más adecuada para todas las partes.
  2. Sinceridad. Todas las partes deben saber qué sucede, qué esperar, qué dar. Mentir y jugar es el camino más seguro para estropear una relación abierta. Nunca se debe utilizar a las otras personas para atacar o para obtener seguridad buscando ver que la persona confrontada reacciona antes las provocaciones. 
  3. Seguridad física. Deben acordarse y respetarse unas reglas sobre la seguridad en cuanto al sexo. Todas las partes deben estar informadas de los riesgos. Lo más eficaz es practicar sexo seguro. Si por algún motivo se decide no hacerlo, los demás deben saberlo y poder decidir por sí mismos si exponerse a una actividad arriesgada. Si se acuerda tener sexo seguro y se rompe el acuerdo, se debe informar a los demás antes de tener sexo con ellos.
  4. Seguridad mental. Deben acordarse y respetarse unas reglas, independientemente de las que sean. La mayor causa de inseguridad es la falta de confianza. Si se sabe y se espera que las otras personas respetan las reglas y que si no lo hacen, lo van a comunicar, se obtiene estabilidad mental.
  5. Cuidar a los demás y a ti mismo. Para que una relación poliamorosa funcione tienes que preocuparte no solo por tu bienestar sino por el de los demás. Si solo buscas tu beneficio, esta sin duda no es la mejor forma de vida. Tendrás problemas porque crearás problemas a los demás y eso repercutirá en ti.
  6. Hacer pequeños acuerdos. A todos nos da inseguridad en algún momento. Por ello es importante establecer y respetar algunos pequeños acuerdos que evitan que las personas en la relación se sientan mal. Por ejemplo apagar el móvil o no contestar a los mensajes de otra de las parejas cuando se está con alguien. Establecer algunas líneas generales sobre cómo se pasa el tiempo, con quién, cuándo. 
  7. Conocerse a sí mismo y tener interés en conocer a los demás. Si no sabes ni remotamente lo que quieres, ser poliamoroso te será muy difícil. Para poder tener una buena comunicación, establecer acuerdos, respetarlos, no dar inseguridad a las demás personas, no sentir inseguridad tú, etc. es muy importante ser capaz de escucharse a uno mismo, analizar lo que se vive, se siente y se desea, y al mismo tiempo ser capaz de escuchar a los demás, escuchar sus deseos, sueños, problemas, sentimientos, razonamientos, reglas, etc.
  8. Creer en lo que estás haciendo. Vivir poliamorosamente no es la forma más común. Encontrarás muchos prejuicios. Si no eres capaz de estar fuera de la norma, te será difícil vivir con la conciencia constante de estar haciendo algo "no aceptado". Si en el fondo crees que esto está mal o es injusto o crea problemas o hace sufrir o algo semejante, este no es el camino.
  9. Ser capaz de estar solo. Tener más parejas no significa estar menos solo. Tener más sexo no significa tener más amor. Tener más huecos de la agenda ocupados no significa llegar a tener relaciones más íntimas o más sinceras que te hagan sentir menos solo a la hora de la verdad. Si no eres capaz de entender esto, el poliamor no creo que sea para ti.
  10. Tener claro lo que esperas de la relación poliamorosa. Averigua cuáles son tus deseos e ideas sobre poliamor. Mejor no empieces nada hasta entonces. Y cuando lo sepás, comunícaselo a las personas con las que deseas estar y escucha sus deseos.

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