10 junio 2008
Salirse de la casilla
El otro día estando con mis amiguitas les conté algo bastante diferente a lo que solía opinar antes sobre uno de esos temas que pienso que me tienen encasillada. Y lo cierto es que a ninguna de ellas le resultó tan sorprendente. Mi evolución ya hacía que se esperasen un cambio, aunque siempre es extraño que ese cambio finalmente se produzca. Eso sí, su reacción fue completamente de apoyo y comprensión y eso, además de alegrarme, me hace ver que en última instancia quien más se mete en la casilla es uno mismo y que los demás, al fin y al cabo, se acostumbran a ver que las cosas cambian a su alrededor y no se sorprenden tanto.
El alcohol
Llevaba como 15 años sin beber nada de alcohol. Desde hace un par de años de vez en cuando, cuando K se pide algo, he probado un traguito pero nada más. Últimamente me pido cerveza sin alcohol cuando estoy en España, ya que aquí existe esa oportunidad. Y ayer por la tarde me pedí un caña en un bar. Bueno, pues me sabía ¡fatal! Como si me estuviese bebiendo una botella de alcohol de farmacia o algo así. Pensé que era que esa marca de cerveza en concreto, San Miguel, aparentemente no me gustaba. Así que al llegar a casa me abrí una cerveza negra. ¡Y otra vez lo mismo! Aparentemente cuando te haces completamente abstemio y lo mantienes durante muchos años, luego el alcohol te sabe a rayos. En fin... Al menos eso hará que la gente que tiene problemas con la bebida le resulte más fácil no caer en ello otra vez. ¿O tal vez a ellos no les pasa lo mismo?
Eso sí, por cierto, una pequeña caña y al cabo de dos horas tenía un dolorazo de cabeza y un malestar de la leche. Parece que el cuerpo se tiene que acostumbrar al alcohol porque si no, las cantidades más pequeñas ya te sientan fatal.
Pues eso, que ya se me han quitado las ganas de beber cerveza con alcohol para otros cuantos años.
08 junio 2008
Bollywood
Este fin de semana en Madrid se está celebrando en el barrio de Lavapiés un festival llamado Bollymadrid en el que, además de poder degustar tapas de comida india, comprar artesanía del país y ver espectáculos de baile oriental, también se pueden ver tres películas de Bollywood.
Llevo ya muchos años enamorada de Bollywood hasta llegar al punto de que hoy en día una gran parte de las películas que veo son de ese tipo de cine. Al principio mis amigos occidentales cuando les hablaba de estas películas solían pensar que eran algo raro, algo para snobs y no solían tener mucho interés. No lo conocían de nada y tampoco querían hacerlo. Ni siquiera sabían que existía. Ahora, poco a poco se va viendo el cambio y parece que en el último par de años los occidentales van teniendo conciencia de la existencia de esta otra gran industria del cine. Eso para mí es una maravilla, porque me va proporcionando más oportunidades para ver esas películas en el cine o en grandes pantallas y no por medio del DVD. Ahora, de un modo u otro, las grandes producciones empiezan a llegar y se pueden ver en festivales, cines especiales, etc. Y se pueden comprar libros de cine, novelas, libros de cocina, etc. en los que Bollywood es el tema.
Lo que más me gusta de todo es la posibilidad de ver las películas con grandes grupos en los que hay otros fans de Bollywood. Eso hace que la gente participe en la peli, se canta, se aplaude, se silba, se baila, etc. Todo ese ambiente festivo es maravilloso. Ayer viendo Dhoom 2 en Lavapiés por primera vez vi algo así en España. Y muchos de los españoles que no parecían haber visto nunca Bollywood soportaron ver la peli de pie durante horas. Eso es un buen paso en la dirección adecuada. Me encantó. Espero que el movimiento siga.
Sentirse genial en compañía
Ayer por la tarde estuvimos con dos amigas de España que no habíamos visto desde octubre y, aunque no hicimos nada muy especial ni diferente, fue maravilloso. La maravilla surge del hecho de poder estar juntos otra vez los cuatro y poder pasar la tarde en su compañía. Y es que con ellas siempre es así, no hace falta nada para poder sentirse a gusto y bien, feliz por la compañía y sin tener que estar estresada por ser de tal o cual forma o por poder hacer que las cosas vayan bien. Eso sucede por sí mismo. Además, con ellas es con quien siento que puedo ser de verdad como soy, relajarme, hablar de las cosas que me interesan, reírme, hacer el payaso, preocuparme y contar mis histerias, lo que sea, todo tal y como y lo siento sin tener que agobiarme con si ahora esto es adecuado o no, si ahora esto que digo es raro, si mi forma de hablar es aburrida o si lo que me gusta es diferente o qué. Y no sé si soy yo o qué pero creo que a ellas les pasa algo similar, porque parece que el ambiente de verdad es relajado. Y sé que K con ellas se siente muy bien y muy relajado.
Es el verdadero placer de sentirse en compañía y querido siendo como uno es y ver que todo va sobre ruedas sin hacer ningún esfuerzo. Siempre que vuelvo a mi casa después de estar los cuatro juntos vengo con una sonrisa en la cara y una sensación de felicidad y amorcito que hace que sean de los mejores momentos y de los más preciados de mi vida.
07 junio 2008
Marido o esposo... novio o pareja...
Hace un poco más de un año que nos casamos, y todavía nos resulta a los dos raro eso de decir "marido" o "mujer". La mayor parte del tiempo, seguimos llamándonos "novio", "novia" o "pareja".
Estábamos ayer hablando de eso, y llegamos a la conclusión de que en español sería mejor decir "esposo" y "esposa", como dicen los latinoamericanos. Es más neutral, menos machista. O al menos a mí me lo parece. Y es curioso que a los españoles esas dos palabras nos suenen antiguas y prefiramos ese "marido y mujer" que tiene un sabor tan desagradable a que la mujer es mujer por el hecho de ser esposa. ¿Y antes qué era entonces? Niña, imagino... ¡y propiedad de otro hombre, su padre! :-S
En danés, el idioma que solemos hablar entre nosotros, curiosamente el problema es al revés. Existe "mand" y "kone", que sería como decir "hombre" y "esposa", porque mujer sería "kvinde". ¿Es esto entonces falta de machismo? ¡Pues tampoco! En este caso, aunque se cambien las tornas, el asunto sigue siendo el mismo, el poderío del hombre que no está definido por su rol como esposo y, sin embargo, la mujer sí.
Ni en español de España ni en danés se usa un término adecuado que indique una igualdad entre los dos cónyuges. Sí, ya lo veo, en español existe "cónyuge", que no distingue sexo y es como "pareja". ¿Pero alguien utiliza esto con normalidad?
Pasemos entonces al asunto de la "pareja". Como persona bisexual que soy, a mí cuando alguien me habla de su "pareja" intuyo que me están hablando de su novio o novia del mismo sexo y que por eso usa una palabra que no especifica género. Al menos, eso es lo que yo hacía cuando tenía que hablar de mis ex cuando estaba con personas que no conocía bien en la época en la que estaba en el armario. Por eso, utilizar "pareja" para mí lleva asociado ese intento de ocultar la identidad de la persona. Por otra parte, también sé que muchos homos tienen problemas para decir "novio" o "novia" porque les suena raro. Pero yo creo que eso es una cuestión de autodiscriminación. Como se tiene una pareja del mismo sexo no se le puede llamar lo que llaman los heteros a sus parejas. Eso tampoco me gusta.
Entonces, yo creo que si para hablar de "maridos" y "mujeres" se utilizara el término más neutral "cónyuge", se estaría haciendo un poco lo mismo que con "pareja": ocultar, en mi opinión sin motivo, el género de la persona.
Por eso, y volviendo al inicio, "esposo" y "esposa" como dicen la mayor parte de los hispanohablantes sería la mejor opción y nosotros, los españoles, deberíamos volver a ella. No se oculta el género y no se hace distinción entre los dos miembros del matrimonio. Y esto beneficia tanto a la lucha por los derechos de las mujeres como a la lucha por los derechos de los homosexuales. Haciéndonos a todos iguales y a todos visibles.
Eso sí, lo que no cambia el uso de estas palabras es esa concepción errónea de que una pareja en matrimonio tiene otro estatus diferente y "mejor" que una pareja no casada. Y es por eso especialmente que a nosotros no nos gusta hablar de "marido y mujer" o "esposa y esposo", y seguimos la mayor parte del tiempo llamándonos "novios". De esa discriminación a los no casados tendré que hablar en otro momento...
Hablar y dormir
Hay una cosa que no deja de sorprenderme y de molestarme. A veces cuando estoy hablando de algo muy serio o importante para mí, algo que de verdad me afecta, si estamos acostados, mi marido se queda dormido. Yo siempre me lo tomo como un insulto y él siempre se sorprende al despertarse de mi mal humor. Me preguntaba yo si esto es algo que le sucede a otras personas o simplemente es a nosotros y ayer, curiosamente, viendo una peli india, ¡el marido hace lo mismo! Y no es porque no tenga interés en ella o en el tema, sino porque sucede así. Hummm...
06 junio 2008
En la consulta del especialista, hacer como que no tienes interés
A veces parece que para que los médicos te escuchen y se tomen tus síntomas en serio parece que tienes que hacer como que tú no crees en la medicina ni en los médicos ni en la ciencia ni en nada.
Si entras a la consulta del especialista diciendo: "Yo vengo aquí no sé por qué, ya que estoy perfectamente, pero mi pareja piensa que me pasa esto y esto" o "Mi médico al hacerme un control rutinario ha encontrado esto y esto pero yo creo que estoy perfectamente", entonces el especialista de turno te hace 40 pruebas para ver si te pasa algo aunque tú te niegues a aceptar y reconocer que es así. Y además te insiste en que debes hacer tal, dejar tal, preocuparte por tal, etc. Vamos, que se lo toma completamente en serio y piensa que es mejor investigar hasta el último cabo suelto no vaya a ser que tú seas uno de esos que tiene miedo a los médicos y no quiere ir nunca y por eso disminuyes o no cuentas tus síntomas.
Sin embargo, si entras a la consulta del especialista diciendo: "Siento esto y esto otro, y el médico me ha hecho estas pruebas que dan estos resultados y por eso estoy aquí" o "Estoy preocupado porque siento tal y cual y todos me dicen que es una razón para ir al médico", entonces el especialista en cuestión sin apenas mirarte llegará a la conclusión de que eres un histérico o un hipocondríaco y que tus síntomas en realidad no tienen la mayor importancia, y utilizará la mayor parte de su tiempo en intentar o bien calmarte o bien buscar síntomas psicológicos o problemas familiares o vaya usted a saber qué, lo que sea menos la causa médica de los síntomas para los que tú has ido allí. Y eso sí, no te mandará hacerte ni la mitad de las pruebas que en el caso anterior.
El caso extremo es ya cuando tú estudias medicina y llegas al especialista y te empieza a contar milongas para que no te preocupes porque piensa que no es que sepas de lo que hablas por tus estudios, sino porque eres un histérico hipocondríaco que se ha leído dos articulitos en una revista de divulgación y ya crees que te sucede eso mismo a ti.
Haced la prueba y veréis. El simple hecho de conocer las palabras técnicas del tema que estás consultando ya despierta sospechas.
Entonces, yo me pregunto, ¿de verdad es necesario parecer un completo ignorante además de totalmente despreocupado para que tu salud sea tomada con la seriedad que se merece?
El sistema de reclamaciones en algunas empresas
Estoy fascinada esta semana con el sistema de reclamaciones que tienen algunas empresas en España. Después de mi aventurita en esa caquita de restaurante que es el Fosters Hollywood, resulta que dos días después me surge un problema con Movistar. Con toda su cara han liberado mi número de teléfono en el que había saldo y diversos bonos pagados para hacer llamadas más baratas (como Mi favorito). Bueno, pues lo que más me sorprende es que las reclamaciones aparentemente sirven para perder el tiempo y que ellos se rían en tu cara.
Después de quejarme a la chica de atención al cliente y que me contestara primero con información errónea y después un poco mal le pido que me pase con reclamaciones. ¿Y eso se supone que tiene que solucionar algo? Porque digo yo que sí pero va a ser que no. En reclamaciones escuchan mi rollo, me dicen que lo sienten pero que no pueden hacer nada y que no puedo poner una reclamación porque el sistema no les funciona. Me quejo diciendo que es el recolmo y casualmente entonces el sistema sí que funcionaba, y me da un número de reclamación. Le pregunto yo inocentemente que para qué sirve y que si me contactarán después con el resultado y me dice, con toda la cara dura que se puede tener, que no, que la resolución de la reclamación la acaba de tomar ella y que es que no puedo hacer nada y que el número es sencillamente para que lo sepa porque no sirve para nada más. ¡Aha! Muy interesante. Me quejo y le digo que eso no es un sistema de reclamaciones y me dice que es así siempre. ¡Todavía mejor! Entonces digo que quiero poner también otra reclamación, ahora sobre el sistema de reclamaciones, ¡y me cuelga! ¡Muy bonito, si señor!
Bien, entonces alguien me puede explicar para qué sirve poner una reclamación ¡si la resolución la toma la misma persona que te está diciendo tonterías por teléfono! Y para qué sirve perder del tiempo entonces en ponerla. Y cómo es posible que ese sea el sistema que tienen de atender los problemas, es decir, que se evalúen en medio segundo por una persona sin educación ni corrección (claramente, pues me colgó el teléfono) y que la resolución se tome al mismo tiempo que se está poniendo la reclamación.
De verdad, si eso es normal, yo soy de otro planeta.
Fosters Hollywood y demás restaurantes cutres
Este fin de semana se nos ocurrió la brillante idea de ir a comer a un restaurante parte de una cadena que se llama Forsters Hollywood. Se trata de un sitio de estilo americano en el que se supone que uno se puede comer una hamburguesa mejor que la de un McDonald's or Burger King. Pero... ¡pues va a ser que no!
Resulta que al pedir la comida te preguntan si quieres la carne poco hecha, muy hecha o en su punto. Los que estábamos pedimos la carne en su punto. Cuando llegaron nuestras hamburguesas, la mía por dentro era roja, rojísima, sangrante vamos, y las otras no. Así que después de dos (y digo 2, sí) bocados y de descubrir que era solo la mía, pedí que me la cambiaran. Bueno, pues cuál es mi sorpresa cuando lo que me llega de vuelta a la mesa es la misma hamburguesa negra por fuera (aparentemente había cometido el grave error de echar ketchup sin comprobar primero que la carne era comestible) y todavía roja por dentro. Es decir, que lo que habían hecho era quemar el ketchup y dejar la hamburguesa todavía sin hacer. Y claro, en el primer bocado ya me sabía a rayos, así que me viene el camarero y al quejarme y pedirle que me traiga otra diferente, se va enfadado con mi hamburguesa. El recolmo es que al volver me trae la hamburguesa de tamaño pequeño y me dice que es porque ya había comido una parte de la anterior. Además me mete un discurso sobre que la carne en su punto es roja y al enseñarle las otras hamburguesas dicen que esas son un error.
Bien, ¿qué hace una en esta situación? Pues me como la hamburguesa pequeña y cuando me llega la cuenta me cobran una grande, claro. Así que pido que me cambien el ticket a la camarera (diferente) que me lo había traído y le explico por qué tengo que pagar una hamburguesa pequeña. ¿Y qué creéis que sucedió entonces? Nada más y nada menos que me llega el camarero retrasado este y se me pone a pedir explicaciones. Le digo que ya he dado las explicaciones y que ahora me traiga también una hoja de reclamaciones porque ya estoy cansada. Dejo un billete de 50 euros en la bandeja con el ticket en el que se supone que tengo que pagar 19,50 euros, precio que incluye una hamburguesa pequeña. ¿Imagináis ya la vuelta que me llegó? Pues sí, la vuelta de una hamburguesa grande, ¡me habían cobrado 24 euros! Y sin hoja de reclamaciones, ¡faltaría más! Me levanto ya con bastante mala leche y busco al camarerito este que me dice que vaya a hablar con su encargado. Y claro, el encargado, igual de retrasado el pobre, me dice que si he comido una parte de la hamburguesa anterior que tengo que pagar por una hamburguesa grande. Le exijo que me devuelva mis vueltas porque no voy a pagar por una hamburguesa que sabía mal y que encima no me he comido, y tiene que levantarse mi marido para que el tipo me dé los 4,50 euros y la hoja de reclamaciones. ¿Y sabéis qué es lo mejor? Que el hombrecito de turno escribe en su zona de alegaciones de la hoja de reclamaciones que nos han tratado con respeto y devuelto el dinero ¡y nosotros a ellos no!
Conclusión, ¿qué puede uno aprender de esta experiencia? Pues que a los restaurantes cutres de estilo Fosters Hollywood en los que te dan comida de mierda y luego hacen que pagues más de lo que debes no hay que volver. Sencillamente.
02 junio 2008
Hablar sin escuchar
De vez en cuando quedas con alguien y ves como esa persona no deja de hablar y no tiene ningún interés en lo que tú dices. A veces puedes pasarte las dos o tres horas que estás con esa persona escuchando todo lo que cuenta sin que en ningún momento se le ocurra preguntarte cómo te va o qué piensas tú de tal o cual. ¡Incluso puedes estar sin hablar y no se da ni cuenta! Lo peor de todo es que, además, si intentas participar en su monólogo, en realidad lo que dices no es escuchado. La función principal del otro es contarte su historia y no oír lo que le estás diciendo. No te cuentan su historia para que opines, no. ¡Eso no interesa! Además, curiosamente esas personas suelen siempre hacer lo mismo. No es un día en el que tienen un problema y quieren hablarlo. No, es siempre y sobre cualquier tema. Puedes estar tres horas oyendo hablar de su nuevo trabajo o de su nuevo traje. ¡Lo importante es hablar y dejar claras sus ideas e historias!
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