No sé si os habéis dado cuenta del horrible poder que tiene una recepcionista o telefonista que controla la agenda para dar citas. Es la leche ver cómo algo que para ti es cuestión de suma importancia, para esa persona no significa nada, y te puede poner a esperar días o meses o lo que sea simplemente porque no te conoce, porque tiene ni idea de tu historia o porque tiene un mal día. Yo creo que a veces, sin saberlo, esas personas deciden los destinos de muchas vidas, abriéndoles o cerrándoles las puertas para lo que sea que están dando cita.
13 junio 2008
Escuchar homofobia o similares y no poder decir nada
A mí, en mi vida de cada día, me encanta poder romperle los esquemas a la gente que se cree muy lista en algo que no lo son. Es como cuando alguien te dice "tengo un radar para detectar si alguien es marica. A esa gente se le ve" y tú poder decir "¡Ah sí! ¿Y cómo son, cómo lo haces, cuéntame?" y escuchar una ristra de barbaridades, prejuicios y sencillas estupideces, mientras te ríes por dentro pero mantienes la compostura, para al final poder decir "¿Y te ha dicho tu radar que yo soy lesbiana?". Disfruto de esos cortes tajantes y duros y de poder dejar a los prejuiciosos en su sitio. En mi vida fuera del armario desde ya hace mucho tiempo, incluso ahora que no me haría falta porque en la práctica ahora vivo la parte fácil con un hombre, dar ese tipo de bofetadas verbales a la gente es un placer.
Sin embargo, en alguna que otra desgraciada ocasión este disfrute se transforma en un agrio meterse en el armario de vuelta a patadas. Se trata de las escasas, pero existentes ocasiones en las que la persona con la que estás y que está diciéndote toda clase de comentarios homófobos tiene por alguna razón la sartén por el mango. Por ejemplo si estás de turismo en un país en el que la homosexualidad no es legal y se castiga con pena de muerte, como he probado, no vas tú a contestar "Pues que sepas que yo lo soy". Está muy bien salir del armario, pero todo con cabeza. Una cosa es contestarle mal a un españolito o danesito de a pie, otra cosa es al que potencialmente te puede quitar la vida.
En ocasiones el riesgo y el peligro no son tan reales, pero la persona está haciendo algo que para ti es importante que se haga sin animosidad y mal rollo hacia ti o tiene un poder que hace que no puedas contestar como quieres. Sería el caso de un jefe homófobo pero un trabajo que necesitas o te gusta. O un profesor homófobo mientras estás haciendo un examen oral. O un cirujano que te va a operar y no quieres que te deje las tijeras dentro porque el otro día le caíste mal.Lo peor de todo es que toda esta gente sabe que de un modo u otro tú les estás en deuda o que estás bajo su poder, y por eso a menudo las mayores barbaridades que uno puede oír no vienen de la boca de alguien a quien se puede contestar y volver a poner en su sitio, sino de alguien que te deja a ti fuera del tuyo ensuciado con sus heces verbales.
Los especialistas engreídos
Lo más fascinante es que el mismo día que un especialista comprueba que algo va mal, después te puedes cambiar de consulta a otro especialista y ese se queda más ancho que largo diciéndote que todo está bien, incluso realizando las mismas pruebas que el anterior. Eso sí, la diferencia se encuentra básicamente en que mientras el uno realizó la prueba mirando a lo que tenía que mirar y concentrado, este otro engreído me estuvo contando todos sus viajes y aventuras en congresos médicos mientras hacia la prueba. Y es que, sepa usted, a él "lo acaban de hacer jefe de servicio en un hospital importante", te repite cada vez que lo ves. Y no es que te diga ni qué hospital ni nada más útil, pero sin embargo, eso sí, "que no hacen jefe de servicio a cualquiera está claro" y que las pruebas de los otros están mal porque él "no es por nada, pero sabe más que la mayoría sobre su campo". Y la retahíla de barbaridades se extiende a lo largo de 20 minutos en los que además tengo que escuchar algunos comentarios homófobos, machistas y racistas. ¡Da gusto encontrar médicos de calidad!Los especialistas y las pruebas irrefutables
Es curioso y cabreante ver como el mismo médico que te trata de histérica hipocondríaca y te hace sentir mal en una consulta al insistir en que es el estrés o tal o cual que no tiene importancia, después cuando él repite las pruebas que yo le cuento que otros especialistas han hecho, cambia completamente de actitud y entonces ya tenemos al médico serio y preocupado que te manda a un especialista más competente en tu enfermedad. Me pregunto yo si eso no le ha pasado con otras personas y si entonces no tendría que haber aprendido a escuchar al paciente con un poco más de atención y respeto en lugar de comportarse como un desconfiado arrogante.
Encontrarse con antiguos profesores
Esta semana en Madrid paseando me he encontrado en dos días diferentes con dos de mis profesores de instituto, además dos de los que más me gustaban y a los que más cariño tengo. Es curioso ver como las personas, aunque cambian, siguen siendo iguales en su forma de hablar, en su expresión corporal, en su actitud, etc.
Me resulta sobre todo agradable poder escuchar qué hacen después de tanto tiempo. Es como abrir una ventanilla que estaba cerrada y mirar a través para descubrir qué hay en el otro lado, un lado que antes conocías y que ahora te resulta nuevo.
¡Que viene el lobo!
Ayer quedamos con uno de mis amigos de toda la vida y me hace mucha gracia ver como no cambia nada. Sí, en el aspecto sí, pero en la personalidad desde luego que no. En especial hay una cosa que es difícil saber si es igual o diferente: le encanta inventarse historias y modificar un poco la realidad para que suene más interesante. Por eso, a todo lo que me cuenta, todo sin excepción, veo que con el tiempo he aprendido a ponerle un signo de interrogante. No es que piense que todo lo que dice sin excepción está modificado o no sea verdad, pero sé que a menudo no lo es y por eso me resulta difícil saber qué es cierto y qué es fantasía. Al final es como la historia del lobo y las ovejas: si el pastor dice 1000 veces que viene el lobo siendo mentira, cuando es verdad nadie lo cree. Aquí creo que ha pasado un poco igual. Como a lo largo de muchos años he oído muchas cosas que no eran ciertas, finalmente ya no me creo nada. Eso sí, como dice K, es de lo más entretenido estar en su cercanía, porque nunca sabes con qué nueva aventura te va a salir.
11 junio 2008
Volver a Madrid y llamar a mis amigos
Cuando vengo a Madrid, después de muchos meses en el extranjero, siempre se me hace raro tener que llamar a mis amigos. La verdad es que estoy deseando verlos y poder ponernos al corriente de las últimas novedades, pero aún así, siempre me resulta difícil dar el primer paso. Es como que da vergüenza ponerse a llamar y decir que estás aquí. Me parece que porque yo vengo tienen que sentirse obligados a dejar sus planes y quedar conmigo en algún momento y eso me da una sensación de inoportunidad, de estar imponiéndome a la gente... Y también de temor. Pienso que tal vez no les apetece quedar conmigo y si llamo se sienten obligados a hacerlo. O que aunque les apetezca en estos días no les viene bien. O que la distancia física se transforma en psicológica y que ya no sienten esa cercanía para querer pasar un rato conmigo... El caso es que normalmente cuando por fin reuno el valor (y ahora con los sms es más fácil, porque la gente decide si quiere verte y contestar o no), después cuando quedamos suele ser genial, muy relajado y parecer que no ha pasado el tiempo. Lo difícil es dar el primer paso, lo demás suele ser rodado...
Eso sí, con determinadas personas con las que mantengo el contacto también cuando estoy fuera, sobre todo si hablamos por teléfono o chateamos de vez en cuando, la cosa es diferente, porque ell@s ya saben que vengo y entonces no hay esa tensión ni ese miedo.
Una monja santiguándose
Le acabo de contar a K sobre la entrada anterior y la foto de Chueca y me dice que si él tuviera un blog escribiría sobre que una monja la semana pasada se santiguó al cruzarse con él y que, aunque no cree que tuviera nada que ver con él, le produjo muy mal rollo, porque parecía que era al verle a él que lo hizo. A mí cuando me lo contó también me cabreó pensando que, si de verdad era por él, la monja no tenía vergüenza. Y que tenía que haber estado yo a su lado para preguntarle a la mujer qué problema tenía exactamente.
Así que ya veis, a veces que alguien se santigüe delante de ti puede darte muy mala impresión y te puedes sentir incluso agredido o insultado.
Una foto en Chueca
Ayer íbamos K y yo andando por la calle Fuencarral y de repente se nos acercan dos chicas con una cámara bastante grande y nos preguntan si nos pueden hacer una foto, que están haciendo un trabajo para la universidad sobre Chueca y que quieren incluir nuestra foto. Nos quedamos tan sorprendidos que yo creo que en la foto tendremos cara de imbéciles :-D
Cuando se fueron los dos estábamos a cuadros pensando cómo, con toda la gente interesante que se pasea por esas calles, las dos muchachas habían decidido hacer una foto nuestra. K se dice a sí mismo que mejor nos lo tomemos como un cumplido. Yo no sé muy bien qué pensar. Luego íbamos los dos un poco desconcertados mirándonos de arriba abajo para ver qué teníamos tan especial.
Este era nuestro aspecto: mi pelo está cortado muy corto, pero no tengo esa cara tan femenina y guapa como la mayoría de las chicas que llevan el pelo así. Mi ropa era muy informal, con un jersey de hombre grande, una camiseta todavía más larga saliendo por debajo, unos pantalones anchos negros llenos de bolsillos y unas deportivas. K iba vestido normalito, con una camiseta, unos vaqueros claros y unas zapatillas. Tiene barbita, que hace un par de años era difícil de ver, pero ahora hay más gente con barba... ¡Ah! Y llevaba un paraguas bastante grande... Así que no sé... Además éramos un chico y una chica, con lo que no se puede deducir que hayan salido a fotografiar homos...
Entonces estas son nuestras conclusiones: ni él ni yo nos vestimos ni parecemos muy españoles. Para empezar porque él no lo es y se ve, y yo me visto bastante diferente a las chicas españolas. Suponemos que aunque no teníamos nada especial, el hecho de ser un poco diferentes fue bastante. Tal vez también mi pelo corto que me hace parecer una lesbiana, pero iba de la mano de un chico... No sabemos. No estaría mal que las chicas vieran este blog y nos lo explicaran, porque nos hemos quedado un poco flipados...
Contar sobre este blog a mis amigos
Ayer le conté por fin a alguien que no fuera K que estoy escribiendo este blog...
Me ha costado decidirme unos días porque no sé muy bien si contárselo a la gente o no. Pienso que en cierto modo al contarlo y saber que mis amigos lo leen, eso me influirá a la hora de escribir. Pero también el hecho de no saber a quién se lo voy a decir me influye ahora, porque hace que escriba pensando que todos los que conozco pueden leerlo... o que ninguno lo leerá. El caso es que si no se lo digo a nadie, ¿para qué lo escribo? A mí me hace mucha ilusión leer las nuevas entradas del blog de una de mis amigas que vive en NY ahora, y pienso que tal vez a alguna gente le gustaría leer lo que escribo...
Pero no me decido. Creo que finalmente le mandaré un link al final del email a todos mis conocidos y que ellos decidan si quieren leerlo o no. Intentaré olvidarme de que lo leen y escribir de todos modos lo que pienso. A ver que me dicen luego en los comentarios...
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