03 junio 2016

Cansade

Una vida de médiques y hospitales, desde antes de que me tocara nacer seguramente hasta después de que me toque morir. Imposible llevar la cuenta del número de las visitas o de les supuestes especialistas vistes. Todavía menos de las pruebas, los litros y litros de sangre que me han arrancado, las mutilaciones que me han cubierto de cicatrices, las máquinas e instrumentos salvajes con los que han maltratado mi cuerpo. ¿Cuántos ingresos, cuántas torturas, cuánto dolor ajeno al propio producido por mi cuerpo? ¿Cuántos daños producidos por sus errores, por su ignorancia, por su soberbia, por mejorar sus propias carreras a costa de mis células? Como si no fuera suficiente con tener este cuerpo maldito que se niega a funcionar. 

Lo peor de todo jamás ha sido la enfermedad, ni el dolor, ni la falta de funcionalidad, ni siquiera el miedo a perder la vida. Y os aseguro que todos ellos en ocasiones son horribles. Lo peor cada jodida vez es tener que someterse a ese sistema inmundo en el que pierdes el escaso poder sobre tu vida y tu cuerpo con el que llegaste. Cada paso, cada prueba, cada minuto en ese agujero te arranca un pedacito más de tu autonomía, de tu fuerza, de tu esperanza, de tu energía, de tu vida. 

Toda una vida bajo sospecha. Cada nuevo síntoma aparentemente es potencialmente una mentira. Cada nuevo resultado el prefacio de una nueva batalla. Cada nuevo diagnóstico el inicio de una nueva guerra.

Toda una vida creyendo que con los diagnósticos llegaría la confianza, el ser tratade con un mínimo de humanidad. Me tragué la mentira del sistema durante décadas, creí que a les que les han encontrado la enfermedad que les afecta, se les trata de otra forma. Me creí que por lo que yo encontraba semejante barbarie era porque no habían encontrado lo que me afectaba a mí. 

Pero no, ingenue de mí. La barbarie es parte del sistema. Y un diagnóstico, o los numerosos que ya van, no cambian el sistema ni un gramo. Y el sistema sanitario replica todos los aspectos más vomitivos de la sociedad que lo ha creado. Jerarquía. Opresión. Discriminación. Desempoderamiento. Yo soy la mierda. Ele especialista está por encima de todes les dioses. Aunque no tenga ni la más remota idea de tu enfermedad. Aunque no haya ni siquiera oído el nombre antes de nombrarlo tú. Siempre tendrás que someterte como paso previo.

Estoy tan cansade de todo que a veces el peso de la impotencia es demasiado para mí.


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26 diciembre 2015

La mierda de este blog


La tropa de cristianes militantes, hiperespañoles fachas, machitos fobos y demás imbéciles que por algún motivo sienten una atracción fatal por este blog y otros blogs similares, últimamente no dejan de brincar de alegría en sus sillas delante de sus pantallas al leer que o bien estoy pensando en dejar este blog, o que me refiero a su contenido con palabras despectivas. Hay que tener un cerebro falto de fantasía para leer en lo que escribo mi conversión a su fe y su fascismo, para creer que por fin me he dado cuenta de su verdad, he visto la luz, tal vez incluso me he convertido y he dejado mis ideas extremas, mi sexualidad desviada, mis relatos pornográficos, mi...  
 
Cuando hablo de que en este blog hay mierda y que me da ganas de vomitar, es por la cantidad de cosas que he escrito a lo largo del tiempo que reflejan ideas normativas y no deconstruidas. Por la cantidad de convenciones y opresión que produzco y reproduzco. Por lo escalofriantemente conservador que mi pensamiento ha sido en tantos puntos y con seguridad lo es en tantos otros todavía. Por el asco que me da reconocer en mí a le facha y a le discípule que a todes nos han metido dentro.

Mierda hay a montones en este blog, pero no aplaudáis tanto, fachoses insistentes, que si leyerais lo que hubiera escrito ahora en lugar de aquello que publiqué con lo que os hacéis las pajas a escondidas, creo que ni se os levantaría del miedo.




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11 diciembre 2015

Un retorno o un completo abandono

No sé por qué ahora resurge esto, pero llevo varias semanas acercándome otra vez a Blogger. Abro la página principal, veo la lista de mis blogs, y ahí me quedo paralizade. Horrorizándome al pensar en toda la mierda que he escrito y temiendo echar un vistazo y encontrarme con cosas todavía más vomitimas que ya no recuerdo. Agobiándome reconociendo que mientras escriba en estos blogs con este pseudónimo no seré libre para cambiar el discurso que contienen porque el pasado está igual de presente que cada nueva entrada, todo igual de cerca a un solo click. 

Tengo ganas de escribir. Tengo cosas que decir. Algunas similares y otras muy diferentes a las que abundan aquí. ¿Pero tal vez ya no debería ser en esta plataforma o bajo este nombre?

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05 julio 2015

Impotencia

Impotencia. Ese es el sentimiento que más se repite en mi día a día. En realidad es su equivalente en danés, afmagt, o en todo caso en inglés, powerlessness, lo que me consume, pero la traducción que encuentro al español es esa y aquí escribo en español. 

Casi que me parece que esa es la palabra que define la historia de mi vida más y más. Impotencia ante las circunstancias. Impotencia ante la sociedad. Impotencia ante todas las relaciones humanas y no humanas posibles. Impotencia ante las autoridades. Impotencia ante las casualidades. Impotencia ante les potentes. Impotencia ante un futuro aterrador, impotencia ante un pasado que no es, impotencia ante un presente que no puedo cambiar. Impotencia en la pobreza. Impotencia en mi cuerpo impotente. 

Impotencia y nada más. Impotencia en todo lo demás.

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21 diciembre 2014

Otro intercambio no gratuito

Esto de escribir un blog es un intercambio que, como todo lo demás en la vida, no es gratuito. Les que están al otro lado quieren alabanzas, sentirse apreciades, saber que reciben algo más que el texto que escribes. No es suficiente con que escribas, tienes que hacerlo con la intención de agradar a le que te va a leer después. 

¿La prueba? No había entrado aquí desde que escribí la entrada anterior. Los comentarios que siguen llegando los publico desde mi buzón de email sin tener que visitar la propia página de Blogger. Con lo que no había visto ni si se habían publicado más cosas viejas, ni las estadísticas, ni el número de suscripciones ni nada desde entonces. Ahora que entro y me doy una vuelta mis labios no pueden evitar esbozar una sonrisa ante lo previsible que es todo en esta vida. ¡Nada es gratis! El día que publiqué eso anterior no muy halagador ni para les lectores ni para el blog mismo, nada menos que 237 suscripciones fueron eliminadas. En los días siguientes unas 150 más. Aparentemente a la gente no le gusta que le mandes a la mierda. Y en realidad, a mí que escribo todo esto ya me da igual. Durante años me curré horas sin fin el crearme un espacio en la blogosfera. ¿Para qué? Este blog no lo merece. Está lleno de mierda. Las cosas interesantes nunca las publiqué. La mayoría ni las escribí. Y además, aunque mereciera ser leído, ¿qué cambiaría? Desde luego no mi vida, y mucho menos la de cualquier otra persona. 

Palabras hay muchas en la red. Aquí ya no hay más halagos.

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13 agosto 2014

Se me olvida que existes, blog

Se me olvida que existes, blog. Se me olvida que es aquí donde debo dejar mis pensamientos, donde debo escupir mi ira, donde debo confesar mis secretos, donde debo mantener el interés de les que me leen/leían y hacer que vuelvan. Te olvido y en un análisis barato estilo freudiano me dan ganas de gritar que es un acto de rebelión contra esa sensación de deber. No quiero escribir para nadie. Me cansé hace tiempo de preocuparme por el número de lectores y las estadísticas, de ver si complace lo que digo, de ver si agita o cambia las cosas, de ver que no hay comentarios cuando creo que algo que he publicado es interesante y de ver comentarios cuando creo que algo puesto en público es absolutamente insignificante e incluso patético. Me harté de pensar que esto es activismo. No lo es. Es mirarme el ombligo con espectadores. Y además, ¿hacer activismo para qué? Me cansé de mirar hacia atrás y ver con asco lo que escribía. Me cansé de sorprenderme y asustarme si de repente al entrar al blog como hoy veo que se ha publicado alguna basura vieja escrita hace años sin el menor sentido presente para mí, como la entrada anterior. Me cansé de construir a Lille Skvat. ¡A la mierda con Lille Skvat! A la mierda con el activismo, a la mierda con cambiar el mundo, a la mierda con las confesiones y los análisis de madrugada, el exhibicionismo de escritore de pacotilla y el voyeurismo de les que leen/leemos blogs. A LA MIERDA CON TODO.

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12 julio 2014

Otra saeta

Otra saeta clavada en el costado atravesando mi pulmón, dejándome sin aire. Pero claro, en realidad, ¿qué se podía esperar? El error es mío por dejarme engañar por mis propios sentimientos y deseos y tapar mis miedos y las huellas que veo del pasado con falsas esperanzas construidas solo de aire y tus palabras huecas. El error es mío por querer creer que cuando insistes tanto se debe a un sentimiento que amargamente reconozco que jamás has tenido y que nunca vas a tener por mí. Pero duele. Ahora ya te he mostrado mi interés. Otra vez, con ello me aparcas en la cuneta. Ya no despierta tu interés ni tus ganas de seguir buscándome, ya me he vuelto fácil. Si no hubiera contestado, seguirías comentando cada paso que doy, cada cosa que digo en público, cada posibilidad de hacerte notar. Aunque eso temía, contesté. Y ello ha resultado, cómo no, en la manera más eficaz de hacerte parar. Tú no me quieres a mí. Nunca me has querido. Solo necesitas sentirte amada porque estás sola. Y eso duele.  

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10 mayo 2014

Otro despertar

La inquietante sorpresa de despertarme sudando y con la respiración agitada, el corazón galopando y lágrimas en los ojos al revivir en un sueño aquel acoso en grupo que terminó tan mal y al que se puso fin hace casi dos años. No pensar nunca en ello y al mismo tiempo tenerlo enterrado tan solo a unos milímetros de mi consciencia. No querer darle importancia y sin embargo dejar que afecte a tantos pequeños detalles de mí día a día. Cada breve mención o referencia que se cruza en mi camino acarrea el mismo resultado: en el momento no me afecta, después creo que ni lo pienso y aún así un par de noches después el pavor se apodera de mi fase REM y me arranca por medio de gritos del mundo de las pesadillas a un mar de lágrimas, sudor, saliva, temblores y falta de oxígeno. 



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27 febrero 2014

Psicoanalízame, por favor

Fascinante esto de tener un blog. La red está llena de psicólogues y psicoanalistas wannabes con complejo de mesías que no tienen el menor reparo en mandarte sus análisis de pacotilla para con ello intentar salvarte de tu trágica situación y tu terrible error

Parece una constante que si escribes sobre algo que no es la norma o desde una posición minoritaria/minorizada, esto será analizado por la mayoría de aquelles que lo leen como que tienes algún problema psicológico, y por tanto siempre habrá alguien liste para, en lugar de comentar sobre lo que has escrito, saltar en tu auxilio con un análisis completo de lo que cree que es tu personalidad, acompañado de una soga. Claro que la soga no es para sacarte de esa agua en la que creen que te estás hundiendo, sino para apretarte el cuello y tirar de ti con todas sus fuerzas e intentar volver a meterte en su norma. 

Gracias, misioneres internautas, sin vosotres habría perdido completamente el rumbo.


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15 febrero 2014

Rugidos de macho

Aquí están otra vez. Esos rugidos de macho. Ni mudándome de casa me puedo librar de ellos. Parece que es una imposición que acompaña al vivir en un edificio en el que se alojan también parejas cisheterosexuales. Sábado por la noche, un par de cervezas de más, y ya están otra vez los gritos, los insultos sexistas, la música que de repente sube de volumen, los golpes, los llantos infantiles, las súplicas de voces adultas temerosas. Más golpes, cosas que se rompen, objetos que golpean la pared, pasos a carreras, portazos seguidos de puñetazos y patadas contra las puertas y rugidos todavía más violentos exigiendo que las puertas sea abiertan, y ya no se escuchan ni la música ni los llantos dele bebé ni los de la madre. Solo insultos y más insultos sexistas. Rugidos de orgullo herido del macho.

La violencia de esta noche es tal que hace un rato un par de vecines se han presentado en la puerta para quejarse del ruído. Parece que han entrado a la casa, pues el gorila sigue gritando, pero ya no del mismo modo. Ahora tiene a otro macho intentando hacer que razone mientras una voz femenina diferente habla con un tono apaciguador. Puertas que se abren, seguidas de un rato de calma interrumpido solo por algún que otro rugido de macho ebrio y risas nerviosas de sus compañeras de cama.

En el pasado, hace años, llamaba a la policía. Pero ya hace mucho que no creo que esa sea una solución. Invitar a más gorilas ebrios, en vez de de alcohol, de poder y sed de sangre no mejora las cosas. Cuando lo he hecho, las voces que lloran y suplican siguen sonando temerosas durante y después de la presencia de los maderos. Porque esas voces pertenecen a personas que continúan viviendo con el animal de turno cuando los machos uniformados se van. Lo único que cambia tras la visita es que la música aumenta el volumen y los llantos son mucho más inaudibles, aunque los golpes no lo sean tanto.

En la casa de la que me acabo de mudar hace unos meses, en la primera ocasión que escuchamos semejante espectáculo de amor cisheterosexual, nos presentamos varies en la puerta y exigimos ver a la persona que lloraba para que nos explicara ella misma su historia. Por supuesto, nos contaron una mentira, estamos segures. Ella confirmó la historia de él. Y después cuando el escándalo que montaban era demasiado evidente, después de los golpes, subía el furioso gigante como un corderito a explicarnos que su mujer estaba enferma y que no pasaba nada extraño. Así pues, de nada sirvió. La violencia continúa hasta este día, no me cabe duda.

Y ahora aquí. Al poco de mudarnos empezamos a notar los mismos signos de violencia provenientes de una de las casas con las que compartimos pared pero no portal. Poco a poco nos hemos ido convenciendo de que algo de lo mismo sucede ahí. Y esta noche, ya no queda duda. Pero hoy no tengo compañía para plantarme en la puerta y realizar algo más contundente. Y a la policía no la voy a invitar. ¿Qué hacer entonces? Opiniones por favor. 

Mientras dudo de qué hacer, no dudo sobre lo que va a suceder a continuación. Los golpes volverán en breve, ya que los rugidos aumentan y la tensión crece.


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24 enero 2014

Hijes sí o sí

Acompaño a un amigo a ver a un cardiólogo. En la consulta, el especialista da por supuesto por sentado que somos una pareja heterosexual y, por tanto, deseosa de reproducirnos. No hay ninguna pregunta sobre quién soy o por qué estoy allí. Sencillamente se entiende que si un cuerpo leído como hombre y otro cuerpo leído como mujer, ambes entendidos como de mediana edad, van juntes a un sitio con ese, no puede haber otra explicación que el ser una pareja monógama heterosexual y reproductiva

La primera pregunta: "¿Tenéis hijes?" Reacción inmediata y cara de desagrado: "No". Pero no se acaba nunca ahí. Segunda pregunta ignorando la cara de desagrado: "¿Pensáis tener hijes?". Reacción simultánea: "¡¡¡No, por supuesto!!!", y cara de pero tú de qué vas más tono agresivo. Pues bien, ¿qué sucede a continuación? Que obviamente solo hay UNA respuesta a esa pregunta, y es SÍ. El médico sin inmutarse a continuación nos suelta un discurso de 10 minutos sobre las implicaciones que el motivo de la consulta puede tener cuando decidamos (no si decidimos) tener hijes, y por tanto, que nos ofrece un "servicio especial", una charla en la que aclarar todas nuestras dudas con un equipo especialista, y además varios servicios extraordinarios, gratuitos todos, para asegurarnos de que nuestres hijes no van a tener ese diagnóstico, y que por tanto deseemos tenerles. Volvemos a decir que no estamos interesades, ¿y tiene algún efecto? Pues no. El médico sigue como si no hubiera oído nada, nos entrega toda la información y la dicta también al historial.

Reproducción sí o sí. Hijes sí o sí. Por mucho que tú GRITES repitiendo que NO.

Me pregunto qué cara se le hubiera quedado si le respondo: "Pero oíga, qué dice, soy su hermana" o "Pues es que soy un hombre así que hijes por ese método dudo mucho que vayamos a tener". La próxima vez lo pruebo.


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02 enero 2014

¡Hipócritas!

El mundo está lleno de hipócrites. No hay forma de mantener el buen humor. Ni encerrándome en mi burbuja, porque sin contacto social la vida tiene menos interés. Ni teniendo ese contacto social, porque cuando escucho, leo, veo fotos, quedo, etc., me acabo retorciendo de incomodidad, sino directamente de furia y de ganas de vomitar.

Hipocresía por todas partes. Autonombrades queers que ahora resulta que se casan. No monógames que parece que tienen una secta new age. LGBTs que se creen con el derecho de definir la forma de tener tal o cual identidad de forma verdadera. Feministas que niegan su propio sexismo. Antifascitas que solo buscan sentirse cool perteneciendo a ese grupo. Anticapitalistas que se hinchan a comprar regalos navideños. Activistas cuya única política es la autopromoción. Atees que promueven la islamofobia y olvidan criticar su propia religión cristiana. Gente que dice partir de una política crítica con las normas, pero en realidad critica para ascender en la escala social. Académiques queers que son clasistas y se burlan de les que no tienen títulos universitarios. Fiestas y grupos antirracistas en les que solo hay blanques. ETCÉTERA. La lista es eterna. Y mi buen humor no. ¡Asco da!


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01 octubre 2013

Volviendo a las andadas

Definitivamente eso de intentar hacer mi aspecto más normativo no funcionaba porque, como explicaba aquí, ni puedo ni quiero cambiar todo lo que hace que la gente a mi alrededor reaccione de forma agresiva. Así que estoy volviendo a las andadas y, ahora que me está creciendo el pelo, ya empieza a verse un corte que muches definirían como anarcopunk y no sencillamente como un pelo muy corto. Con ello por supuesto el nivel de violencia dirigido hacia mí aumenta, pero sinceramente, considerando que no había desaparecido y seguía siendo tan constante, ¿para qué me voy a conformar con hacer algo que no deseo?

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13 septiembre 2013

Incoherencia bloguera

Como ya he escrito otras veces, durante estos años he ido creando cientos de entradas que no he publicado y que están almacenadas en el servidor de Blogger. La mayoría existen como borradores, pero algunas en su momento las programé para que se publicaran en una fecha futura muy lejana, varios años después.

Cuando decidí dividir este blog en varios subblogs temáticos, creí haber movido o desprogramado todo, pero entre los miles de entradas que hay acumuladas, por supuesto que alguna se me tenía que pasar.

Y así al entrar en mi blog ahora me llevo la sorpresa de encontrar publicado algo que he escrito hace varios años, como la entrada anterior a esta, algo que ya no me representa. Algo que al ver que está publicado me hace sudar por el agobio y que durante días ni siquiera me he atrevido a leer. Algo que incluso estaba escrito con algunas terminaciones en femenino (las mías) y algunas en neutro (las genéricas), y que he tenido que corregir.

Este blog muestra no solo la incoherencia que existe entre los distintos puntos de vista de una persona a lo largo de su vida, sino que también muestra la incoherencia que las nuevas tecnologías crean al desordenar una narrativa personal y presentarla como un proceso lineal que en realidad tenía otra linealidad bien diferente.

Ahora me entran 2 dudas

  • ¿Creáis les lectores vuestra propia coherencia lineal extraída de esa coherencia inicial y diferente que ha sido alterada por el orden en el que se van publicando las entradas?
  • Si lo intento en el futuro, ¿seré yo capaz de reconstruir una narrativa más cercana a la original o cobrarán las entradas de este blog nuevos sentidos más coherentes con sus lugares de publicación que con sus momentos de escritura?


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26 julio 2013

Una relación sin juegos de poder

Creo firmemente en que no hay que dejarse involucrar en esos juegos de poder en los que una persona de la relación muestra interés y la otra muestra indiferencia. Estoy convencide de que esos roles son dañinos para ambas partes, además de ser falsos. Y también insisto en que dos no juegan a ello si une no quiere jugar, y por eso yo en mis relaciones dejo muy claro que el drama de ver quién está por encima o por debajo de quién no me va. Sin embargo, esto a menudo tiene dos consecuencias:

  • La persona con la que estoy desconfía todavía de mi sinceridad y si digo no tener interés, no se lo quiere creer, y si digo tener mucho interés, esa persona todavía cree que tengo más.
  • La persona que se piensa adorada, porque me niego a mostrar indiferencia que no siento o a no mostrar el amor que siento, aparentemente entiende que me he vuelto fácil de conseguir, y con ello se cree que está por encima y en consecuencia pierde parte de su interés y establece una nueva relación de poder, cosa que tampoco me agrada, con lo que entonces sí que pierdo el interés de verdad y me enfrío.

Entonces en esos casos el resultado es que si bien yo no he jugado a ese juego de poder en ningún momento, la persona con la que estoy no lo ha entendido. Sí, me ha escuchado decirlo, pero eso es muy diferente a creérselo o a ser capaz de comprenderlo. Esa persona, acostumbrada a que todo el mundo juega, ha entendido las muestras de amor como desesperación y un "no puedo vivir sin ti" y las muestras de indiferencia reales como más desesperación y un "me has herido porque no puedo vivir sin ti".

No obstante, incluso viendo esto una y otra vez, sigo pensando que mi decisión es la adecuada. El juego nunca lleva a relaciones intensas, sinceras, profundas, y sin embargo, las escasas veces que no jugar funciona porque la otra persona o bien entiende lo que le dices o bien tiene estos principios ella misma, entonces es mucho más fácil, más agradable y más auténtico todo lo que se crea entre nosotres. Y por ello creo que al final solo esas relaciones valen la pena y el esfuerzo. Y les demás, que se vayan con su ansia de estar por encima y por debajo a otro sitio. En realidad para tener esa otra cosa a la que llaman "relación" estoy mejor sin elles.


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23 junio 2013

El cambio de look no cambia la reacción

Esta semana tenía algo muy importante que hacer en lo que tenía que tratar con personas desconocidas y  con poder sobre mí. Para evitar reacciones tan agresivas como las que vivo tan a menudo, y después de unas cuantas vivencias en el último par de meses en las que he sufrido además de violencia verbal también inicios de violencia física simplemente por andar por la calle, tomé la decisión de cortarme el pelo y eliminar mi aspecto punk para ver si era eso lo que producía ese incremento del odio que circula a mi alrededor. Y sobre todo para protegerme en ese encuentro de esta semana e intentar evitar tratamientos que pudieran conllevar riesgos incontrolables y muchos más problemas que los que ya tengo.

Sin embargo, mi nuevo corte de pelo sigue sin poder esconder muchos de esos elementos que despiertan animosidad hacia mí. Sigo pareciendo queer, no performo mi género de la forma que se quiere. Sigo yendo acompañade de personas cuyas performatividades de género tampoco son leídas como adecuadas. Y mi deseo sigue siendo intuido como dirigido a personas no apropiadas. Por tanto creo que en la sociedad se me lee como "homosexual" y como "hipermasculina", cuando no se me lee como un -"hombre joven" con una perfomatividad de masculinidad insuficiente. Al mismo tiempo sigo sin poder esconder mi etnicidad minoritaria que sigue siendo igual de racializada, o incluso con este aspecto más convencional, todavía más porque a la gente le resulta más fácil poder leer mi supuesta biología. Mi acento tampoco esconde el hecho de no haber crecido hablando danés con lo que además de racismo y etnismo, la xenofobia florece en cuanto abro la boca. Mi estatus económico tampoco ha cambiado por un simple corte de pelo, con lo que mi pertenencia a la clase obrera pobre, que se entiende como carente de estudios y con un nivel intelectual inferior, sigue intacta. Ni mi edad ni mi cuerpo han cambiado al perder mi look punk con lo que mi tamaño poco convencional sigue recibiendo un tratamiento diferente. Y un largo etcétera.


Llevo casi una semana con este nuevo estilo, y si bien es cierto que no recibo tantas miradas hostiles por la calle, sigo recibiéndolas sin duda. También palabras. Y en cuanto a lo que tenía que hacer que provocó el corte, no fue bien. Al contrario. Fue un desastre y el tratamiento que recibí fue claramente discriminatorio a un nivel que incluso puso mi vida en riesgo. Así que aunque es verdad que no puedo saber cómo se hubieran comportado conmigo si hubiera llegado con mi estilo punk en lugar de con este estilo más fácil de leer, sé que su aversión tampoco hubiera cambiado mucho. El tratamiento que recibí fue tan terrible que arruinó e invalidó eso que tenía que hacer. Con lo que al fin y al cabo casi creo que hubiera dado igual que hubiera otro punto más por el que odiarme que los que aparentemente ya estaban presentes. El cambio de look tal vez mejoró mínimamente la reacción, pero como en general fue tan claramente negativa, agresiva y peligrosa, tampoco sé valorar si tuvo algún efecto real. Lo que sí que sé valorar es que en momentos como ese la opresión que vivo es muy peligrosa y que a veces está tan cerca de costarme seguir viviendo. Y tener conciencia de ello y ver que no es posible evitarlo es algo muy duro para la cabeza de cualquiera. Me ha llevado horas de llanto amargo sobreponerme a la violencia de esta semana.


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12 junio 2013

Soy horrible

Las 5.30 de la mañana. Metro de camino a mi trabajo. Cuando me voy a sentar, la persona que ocupa el otro asiento se agranda para evitar que me siente a su lado. Ignoro el lenguaje corporal, me siento y leo un periódico gratuito que he cogido por el camino. En danés. Dato relevante porque la persona que tengo al lado resulta ir acompañada de la persona que tengo delante y ambes hablan español. Pasa un rato en el que están hablando de sus cosas y yo leyendo mi periódico. De repente ella le dice a él "¿Has visto ESTO que tengo lado?". El hombre parece no entender. La mujer lo repite con más euforia. "¡Esto, esto aquí!". El hombre mira en todas direcciones visiblemente confuso. Y ella empieza a explicarse "Esto, horrible, no me gusta nada, una monstruosidad, horrible. ¿No has visto que lleva la cabeza rapada, monstruosa, horrible?". Claro, con esto por fin tanto el hombre que tengo delante como yo entendemos a lo que se refiere. Aparentemente a la individua no le gusta mi pelo y no sabe identificar mi género. Y aparentemente cree que se puede permitir el lujo de ponerme a parir delante de mi cara porque cree que hablo danés. Solamente.

Con toda la calma del mundo, levanto la vista del periódico, la miro a los ojos y le digo en mi español de España "¿Ah, sí? ¿Te parece?". La cara de sorpresa, los ojos como platos, la mandíbula colgando y el rubor en la piel por supuesto dignos de un cómic. "Sí", balbucea... "lo siento". Y el silencio absoluto se apodera de ella y no vuelve a abrir la boca en lo que queda de viaje. Ni él tampoco, que solo mira al suelo.

Esta vivencia un poco cómica en realidad es solo la muestra clara de la actitud que siento que despierto de forma constante cuando me muevo por la ciudad. En este caso, la reacción era la misma lo que pasa es que fue expresada con palabras, porque la persona de turno se sintió protegida, erróneamente, en su idioma no mayoritario. En otras ocasiones me sucede al revés. Si alguien me escucha hablando español o inglés a veces cree que no hablo danés y comenta sobre mí de forma abierta en mi cara. Por supuesto, siempre de forma tan desagradable.

Lo más interesante es que mi forma de romperle los esquemas a la gente no es tan brutal como cabría esperar del tipo de reacciones que recibo de forma constante. Tan solo tengo un aspecto un poco menos normativo que la mayoría, pero todavía muy lejos de lo que deseo llegar a alcanzar. Mi perfomatividad de género no es tan confusa como quisiera. Mi cuerpo es leído por lo general de forma bastante unívoca. Los pocos detalles que lo diferencian no son tan visibles de lejos. Mi ropa, por motivos económicos, todavía sigue siendo bastante estándar. Y mi pelo es un poco punk, pero vamos, nada comparado con lo que podría ser. Pero, curiosamente, esos pocos elementos unidos a la lectura de mi raza y/o etnicidad como extraños, crean una hostilidad que no es casi nunca invisible y que en ocasiones es violenta. Como cuando me empujan por la espalda o me gritan.

Horrible. Soy horrible. Porque la sociedad no puede aceptar nada que se aleje mínimamente de la norma.


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28 mayo 2013

Mejor follar sin hablar demasiado antes


Con lo atractiva que me parecías, lo poco atractiva que me resultas después de las últimas conversaciones contigo. 

Cada vez veo más claro que mi atracción sexual por alguien o algo se ve enormemente afectada por mis ideas, y que si pretendo solamente centrarme en el atractivo físico y tener sexo sin más, es mejor que cruce las mínimas palabras con la persona de turno, porque por lo general el atractivo se esfuma por completo con la cantidad de mierda que sale de la boca de cualquiera en cuanto se lanza a contar un poco sobre sus ideas o de sí misme. Para follar con alguien con ele que solo quieres follar, lo mejor es hablar lo mínimo por adelantado. O mejor dicho, lo mínimo que no sea relacionado con el sexo que se piensa llevar a la práctica. Todo lo demás en mi caso lo que veo es que por lo general lo único que hace es quitarme las ganas. Follar con alguien que "esté muy buene" físicamente para mí, pero que tenga ideas de derechas, comportamientos -istas (racistas, sexistas, clasistas, cisexistas, etc.), pretensiones monógamas o cualquier otra de las estupideces que hay que escuchar no me pone. De hecho, es que hasta la persona deja de ser atractiva incluso físicamente. 

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18 mayo 2013

Te pincho más tarde

La historia se repite. Contacto a une de eses que se deben considerar mis viejes amigues por chat, sms, teléfono o lo que sea. Una respuesta rápida con un "me estaba yendo" o "te pincho más tarde". Y luego nunca sucede. Y yo me pregunto, si no quieren hablar conmigo, ¿para qué contestan? ¿Para qué dicen que sí cuando en realidad es no? ¿Por qué no me dicen que deje de molestar? O sobre todo, ¿por qué quieren seguir utilizando esa etiqueta, "ser mis amigues", si en realidad no tienen interés en mantener el contacto? 

Esa gente que conocía cuando vivía en el país en el que crecí, ¿qué tiene en común conmigo hoy? ¿De qué podemos hablar? ¿No será por eso que no hay forma de mantener un contacto significativo y que tenga sentido?

Me canso de convenciones sociales que no tienen sentido. Si no me pinchas más tarde, no lo anuncies. Si no quieres hablar, dímelo. Si no te apetece hablar, no contestes. Si mantener el contacto ya no tiene sentido, no lo hagas. Pero tranquiles, que yo ya me aprendo la lección y me dejo de idioteces. 

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