02 mayo 2010

Muy pocos pero mucho

Aparentemente la gente cree que lo normal es tener muchos amigos y que hay que ser abierto y conocer a más y más gente. Eso significa que ellos siempre están en cierto modo en una posición de búsqueda deseando encontrar a esa nueva persona maravillosa que les deslumbre y se convierta en su amigo. Por ello, al menos visto desde mi óptica, también siempre están menos dispuestos a perder oportunidades para conocer a esa nueva gente aunque sea a costa de sus viejos amigos. Parece que para sentirse bien tienen que tener muchos amigos.

Cuando llegan esas nuevas personas en seguida llaman a lo que tienen con ellas amistad. "Te tengo que presentar a mi amiga X que he conocido en el curso que estoy haciendo este mes y que es majísima". Y por ello, muchos de ellos creen tener 50 ó 100 amigos. Los amigos del trabajo nuevo, los de curso de X, los del viaje Y, los de la empresa anterior, los de hace 4 veranos... La lista es interminable.

Sin embargo, también me parece que toda esta gente a su modo también es mucho menos amiga de esos amigos a los que yo consideraría amigos de verdad. Parece que quedar demasiado con sus viejos amigos de toda la vida es quitar oportunidades para conocer a nuevos amigos en cada nueva esquina. Y además, parece que los viejos amigos en cierto modo son menos interesantes, porque a esos ya los conocen, ya no se sienten deslumbrados por ellos, ya no hay esas novedades y ese afán por conocer cosas nuevas de esas personas que aparentemente siempre han estado allí. Por tanto, están menos dispuestos a amoldarse para acomodar a los viejos amigos en sus vidas que lo están para hacer actividades con esos nuevos.

Yo, que aparentemente nací en Marte, soy completamente diferente en esto. Amigos tengo muy pocos, pero los que tengo para mí son muy amigos míos. Los quiero intensamente y no hay nada mejor en mi vida que poder dedicarles mi tiempo, aprender cosas nuevas de ellos y disfrutar de esas facetas que ya conozco pero que adoro. Por eso, yo siempre estoy dispuesta a intentar modificar mis planes para poder acomodar a mis amigos. Y sin embargo no lo estoy tanto para modificarlos cuando se trata de conocer gente nueva. 

Eso no significa que no pueda conocer a personas nuevas y que acabe considerando que son mis amigos. Significa sin embargo que no lo voy buscando y que desde luego nunca lo pondría por delante de los amigos que ya tengo. Como me decía ayer MJ, para mí no se trata de la cantidad, se trata de la calidad.  

El asunto es que, en lo que todos interpretan como mi rareza, ellos me ven como cerrada y se ven a sí mismos como abiertos. Afirman que están abiertos a toda esa nueva gente maravillosa que hay por el mundo. Y creen que yo estoy cerrada al mundo porque por lo general la gente a la que no conozco no me interesa. No soy muy dada a pasar tiempo con alguien desconocido solo por el hecho de pasar tiempo con alguien. No me hace falta la compañía solo por estar acompañada. A mí lo que me hace falta es la gente a la que quiero. Aquellos a los que echo de menos. 

Lo curioso y lo que me hace sentir marciana es que en mi planeta yo los veo a ellos como cerrados y a mí como muy abierta. Porque creo que ellos en realidad no están abiertos a los amigos ni tienen amistades profundas, sino lo que yo califico como una serie de conocidos más o menos cercanos con los que pasan ratos agradables pero por los que en realidad sienten muy poco. No se permiten sentir mucho por alguien. No se abren del todo con nadie. Yo conocidos de ese estilo tengo pocos. No me emociono especialmente y tampoco me esfuerzo enormemente por estar cerca de esas personas. Al menos no me lo parece si lo comparo tanto con lo que parece que le pasa al resto de la gente como con lo que me pasa a mí con mis verdaderos amigos. 

El reto está cuando los que tú crees tus amigos de verdad son de ese modo que visto desde mi lado es  más superficial...

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2 comentarios:

  1. Bueno, señoras. Hace años leí ese libro de Dale Carnegie y debo decir, en mi descargo, que en aquella época, por motivos que no vienen al caso, mi autoestima estaba a la altura del barro.

    Sobre lo que acabas de escribir, pues yo creo que soy más rara todavía. Por cuestiones de intensa movilidad geográfica y, más tarde, por esos citados motivos que no venían al caso, nunca he podido conservar amistades profundas y duraderas. De hecho, envidio profundamente a todas esas personas que aún conservan esas amistades "de toda la vida". Por otra parte, no niego el conocimiento ni la entrada de nuevas personas a mi vida pero no les pongo la etiqueta de "amigos/as" a la primera de cambio.

    Si me pongo a repasar mi vida, veo una larga lista de personas a las que las circunstancias vitales les hicieron cruzarse conmigo y que, mientras duró esa coincidencia, fueron grandes amigas.

    Quizás por eso, nunca me he negado a conocer a personas nuevas, porque sé que, entre ellas, puede haber grandes amigas en potencia.

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  2. Anónimo3/5/10 11:49

    Este ha sido un gran tema de discusion desde que llegue a Dk, por una parte es valorado entre los latinos, que tengas mucho "publico" alrededor, es decir conozcas mucha gente, sin importar calidad de las personas, o el interes real de crear un vinculo o compromiso personal.Lamentablemente a raiz de esta superficialidad he generado cierta latinofobia, dado el bajo nivel honestidad y franqueza con el que se maneja cierta gente.
    Incluso he llegado a estereotipar ciertas nacionalidades y ya no gasto mucho tiempo en ellas XD....si alguien me sale con aseveraciones machistas, sexistas, homofobicas o religiosas fanaticas o insiste en darme lecciones del lugar de la mujer en la sociedad...seguro no me vera la cara otra vez.
    Tengo el plus de conocer la verdadera amistad esa de anos muy comprometidad y no me funcionan los placebos XD.
    Creo como tu en el minimalismo!;)

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