02 noviembre 2008

¿Para qué mentir?

Soy una fiera defensora de la sinceridad y de decir las cosas a la cara. Y desde luego si algo hago es intentar llevarlo a la práctica. Tanto que a menudo eso me ha creado problemas con gente que prefiere mantener las formas que decir las cosas como son.

El caso es que yo me pregunto para qué quiere uno mentir. Al final, tarde o temprano, una mentira siempre se vuelve un problema. Especialmente si no se está dispuesto a reconocer que lo dicho era mentira. De ese modo una mentira lleva a otra y esa a otra y así se construye un castillo sobre aire que es fácil de derrumbar. Por defender la primera mentira se llegan a las más grotescas afirmaciones. Y el que escucha no puede más que o bien reírse o bien molestarse por sentir que le están intentando tomar por imbécil y tratar como si fuera retrasado mental para tragarse tales esperpentos.

Considerando que entre la gente que conozco existen unos cuantos, desde mi madre y una de mis ex a ese amigo del que hablo en la entrada anterior, que insisten en exagerar y deformar la realidad, debe de existir en su cabeza una razón para mentir constantemente. ¿Pero cuál?

Teorías hay muchas, y yo también tengo unas cuantas. Tal vez es la inseguridad lo que les hace sentir que tienen que hacer sus historias más interesantes de lo que son, o sus vidas más espectaculares para atraer más a sus amigos, parejas y conocidos. Tal vez es que viven en un mundo irreal en el que la realidad se puede deformar según les dé la gana. Tal vez es que temen perder cara si no tienen como poco los mismos conocimientos, títulos, experiencias, amigos, etc. que los que tiene su oyente. Tal vez es que tienen una enfermedad que les obliga a mentir constantemente (el famoso mentiroso compulsivo que aunque quiere dejar de mentir y exagerar no puede parar). Tal vez es que creen que mintiendo pueden ganar más que diciendo la verdad: ser más ricos, atraer a más amigos, tener más amantes, etc. Tal vez el orgullo les impide decir la verdad si no se sienten orgullosos de ella. Tal vez simplemente no saben cómo parar una vez que comenzaron con la mentira hace años...

El caso es que aunque a veces puede ser muy entretenido, acaba cansando. La confianza que se tiene en esa persona se transforma en justo lo contrario e incluso cuando te cuenta la verdad dudas de lo escuchado. Acabas poniendo un signo de interrogación a todo lo oído. Y cuando digo todo es TODO, hasta lo más esencial: ¿Trabajará en tal cosa? ¿Tendrá tal pareja? ¿Habrá estudiado eso? ¿Estará el domingo de visita en casa de sus padres? ¿Sentirá eso que dice? ¿Será verdad eso otro que cuenta?... Y al final, sin remedio, uno se va alejando, lo que sinceramente es una pena porque a menudo se tiene interés de verdad en esa persona.

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1 comentario:

  1. A (de Alucinada)24/11/08 15:01

    Estoy de acuerdo en que al final,depues de tanta mentira dudas de lo escuchado,y puede ser verdad lo que te esten contando! pero es que llega un momento en que ya no crees nada y escuchas todo sin creertelo,con ese signo de interrogacion encima de todo.Yo tengo un amigo así.Miente tanto que incluso cuando vamos a quedar imaginamos qué mentira sobre algo contará,y lo mas sorprendente es que acertamos!!!
    Creo que es caracterial,parte de uno mismo rozando la enfermedad me atrevo a decir,porque no es normal ser tan mentiroso.
    Ahí queda eso!

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